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  • A 44 años de la guerra, dos veteranos gualeguaychuenses recordaron su experiencia en Malvinas

    Gualeguaychu » El Dia

    Fecha: 02/04/2026 01:13

    Cada 2 de abril se conmemora el Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas, un feriado nacional inamovible que rinde homenaje a quienes lucharon y murieron en la recuperación de las islas en 1982. La fecha, establecida por la Ley 25.370, busca mantener la memoria activa sobre el conflicto y reafirmar la soberanía argentina sobre el archipiélago. En ese marco, Ahora ElDía conversó con Osvaldo Lucca y Raúl Alberto Correa, dos gualeguaychuenses que vivieron la dura experiencia de la guerra, quienes relataron su vivencia personal y compartieron el mensaje con el que hoy sin duda llegan a cada compatriota que los escucha. Nacido y criado en Gualeguaychú, Osvaldo Lucca estudiaba ingeniería en La Plata en los años previos al conflicto. Allí, vivía junto a Carlos Mostto, el reconocido gualeguaychuense que dejó su vida en Malvinas. Cuando tenía 26 años, a Osvaldo se le terminó la prórroga que había recibido para irse a estudiar, y el distrito militar de Entre Ríos lo envió al regimiento de Infantería Mecanizado N 7 de La Plata. Con el inicio de la guerra, fue enviado a las Islas como operador de radar. Estuve en Monte Longdon durante casi toda la guerra. En el último mes, me trasladaron con el radar a la punta del monte, en el frente con los ingleses. Veíamos pasar a lo lejos sus helicópteros con los cañones colgando, que poco después nos empezaban a bombardear. Bombardeaban día y noche, contó. Luego, describió cómo vivió uno de los días decisivos del conflicto, en el que casi pierde la vida. El 11 de junio, cuando los ingleses atacaron el Monte Longdon, con el comienzo del ataque sobre Puerto Argentino, fui herido en la pierna izquierda con cuatro impactos de bala, en una ráfaga de disparos. Me tomó por la retaguardia porque habían subido al monte por el lado detrás mío. Escuché voces en inglés, quise replegarme y no lo logré: cuando me levanté, un soldado disparó su ametralladora. A mí me dio en las piernas y a mi compañero a la altura de la cabeza. Por suerte no lo penetró, le pegó en el casco y le sacó cuero cabelludo. Ahí quedé tirado 30 o 45 minutos, relató. Y siguió: Nos encontró un par de paracaidistas ingleses. A mi compañero se lo llevaron, pero a mi no pudieron levantarme porque tenía el fémur roto. Me dieron una pastilla y llamaron a un enfermero inglés que me atendió. Quedé ahí toda la noche hasta el amanecer. Durante esa noche, los argentinos bombardearon la zona en la que estaba con morteros de 120mm. Uno de esos proyectiles cayó muy cerca de mí y me incrustó una esquirla en el talón, que tengo en el cuerpo al día de hoy. En su reflexión, a 44 años del conflicto, Lucca expresó: Tanto en 1982 como al día de hoy no estoy de acuerdo con la guerra, creo que no sirve para nada. Uno por tener la fuerza no tiene razón. El reclamo es más que justo, todos sabemos que las Islas son argentinas. Y agregó: Creo y soy un convencido de que más tarde o más temprano Inglaterra va a tener que dar una solución a Malvinas, porque no hay que olvidar que esto está inmerso en las reparticiones territoriales de las grandes potencias y tenemos que ver cómo vamos a quedar parados en cuanto a Estados Unidos, la OTAN y China. Por último, al igual que otros veteranos, resaltó el compromiso con las nuevas generaciones, dando charlas en escuelas y transmitiendo su experiencia y valores. Creemos que es la forma de seguir combatiendo. A todos los chicos les repito que pelear es malo, no sirve para nada, y hago hincapié en que estudien y se formen, porque es la única forma de que nuestra República Argentina salga adelante, concluyó. Raúl Alberto Correa: Un soldado muere cuando la Patria lo olvida Nacido en Gilbert, departamento de Gualeguaychú, Raúl Alberto Correa pertenece a la clase 62, la camada de conscriptos que fue reclutada para ir a Malvinas. Durante el conflicto, estuvo destinado en las inmediaciones de Puerto Argentino. Poco después de su llegada, comenzaron los bombardeos de la flota y artillería británica. Sin embargo, el punto de inflexión para él y otros miles de soldados tuvo lugar el primero de mayo. En los primeros días en las Islas todavía dormíamos en carpa, aunque ya habíamos cavado los pozos de zorro, en los que entraban 4 o 5 soldados. Las noches siempre eran heladas, hacía entre 10 y 15 grados bajo cero. El primero de mayo me tocó estar dos horas de guardia en la madrugada. Un sargento me avisó que se preveía un ataque aéreo entre las 3 y 5 de la mañana. Fui a comunicárselo a mis compañeros para que dejaran las carpas y se atrincherasen, pero me decían que no iba a pasar nada, recordó. Y continuó: A las 04:40 pasó un avión enorme por enfrente de mi cara, a una velocidad de 900 o 950 kilómetros por hora, arrojó una bomba en el aeropuerto. Esas bombas dejaban unos pozos de 8 metros de profundidad por 16 metros de diámetro. Me tiré de cabeza en la trinchera. En ese momento es tal es susto por el estruendo que no pensás en nada. Después de eso, los tiros salían por todos lados. Ráfagas de disparos y cohetes. La noche oscura quedó iluminada de amarillo y rojo. Los bombardeos siguieron toda la noche, y desde adentro de los pozos les disparábamos a los aviones. Además de aquel bautismo de fuego, Correa se refirió al tramo final del conflicto, uno de los momentos más duros para las tropas argentinas. Pasamos un hambre muy fea; fui con 70 kilos a la guerra y volví con 56 kilos. En los últimos días ya ni comíamos, ni siquiera tomábamos agua. Estábamos dentro de la trinchera y no podíamos asomarnos porque había alerta de bombardeos cada 10 minutos. No nos dejaban ni respirar. Estábamos enfrente a los ingleses, a unos 300 metros y nos tirábamos tiros toda la noche; terminaban de disparar ellos y les tirábamos nosotros, describió. La rendición fue una mezcla de sensaciones. El 14 de junio a las 8 y media de la mañana, un cabo primero nos avisó que nos tranquilicemos, que se había terminado la guerra. Nos miramos entre nosotros y había un silencio total. Cuando fuimos hasta la casa del Gobernador, donde había una bandera gigante de Argentina, vimos una bandera inglesa flameando y supimos que era verdad. Nos abrazamos y empezamos a llorar por la tristeza, la impotencia, la rabia. Ya habíamos perdido compañeros, como el soldado Ignacio María Indino, con el que hice la colimba. Él murió el 11 de junio en el bombardeo a Moody Brook, junto con Carlos Mostto, de Gualeguaychú, señaló. Por último, Correa resaltó lo trágica que fue la posguerra. Lamentablemente, más de 500 soldados se quitaron la vida después del conflicto. La desmalvinización fue un olvido y abandono. Recién a partir de 1991 o 1992 empezaron a reconocernos un poco. Todos esos soldaditos que se suicidaron lo hicieron porque volvieron muy mal, física y psicológicamente. Si los gobernantes de turno nos hubiesen prestado un poco de atención se hubieran salvado muchas vidas porque el abandono es lo peor que puede existir. Un soldado no muere en el campo de batalla, muere cuando la Patria lo olvida, finalizó.

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