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» La Nacion
Fecha: 01/04/2026 17:52
En Alejandro Roca, Julio Flores, que tiene un taller metalúrgico, logró un ejemplar de 135,2 kilos - 5 minutos de lectura' En un terreno de apenas 600 metros cuadrados, frente a su metalúrgica en la localidad cordobesa de Alejandro Roca, Julio Flores no cultiva solo zapallos. Cultiva paciencia, constancia y una historia que empezó casi de casualidad y lo llevó a lograr algo poco común: cosechar un ejemplar de 135,2 kilos, el más grande de su carrera. Esto no es casualidad. Hay técnica, hay trabajo, dice Flores cuando habla de sus zapallos gigantes. Pero detrás de esa frase también hay algo más: una pasión que creció de a poco, casi sin darse cuenta, y que hoy lo llevó a lograr un hito inesperado en su vida. El hito se dio en el marco del 121° aniversario de Alejandro Roca, donde el zapallo fue presentado y pesado durante los festejos del pueblo. DÃas después, tras un inconveniente en el tallo, decidió cortarlo y donar parte de la producción a un hospital local. Flores, entrerriano de origen, pero radicado desde hace décadas en la localidad cordobesa de Alejandro Roca, no es productor de zapallos de profesión. Su actividad principal es la metalúrgica. Yo hago estructuras metálicas, galpones. Hace más de 25 años que estoy con eso, cuenta. La historia del zapallo gigante empezó durante la pandemia. Quedé medio sin hacer nada, sin ganas. Y ahà empecé con esto, como un hobby, con la huerta para tener algo propio, para producir lo que consumimos en casa, señala. Al año siguiente vio experiencias de cultivo de zapallos gigantes, consiguió semillas y comenzó a investigar. Hoy incluso mantiene contacto con cultivadores de otros paÃses, entre ellos uno de California, que lo guió en el proceso. Esto tiene técnica, hay que aprender. Yo me fui metiendo de a poco, explica. AsÃ, ese hobby, con el tiempo, se volvió algo mucho más serio. El resultado de ese recorrido se vio este año: no solo superó su récord anterior de 111,8 kilos sino que logró dos ejemplares destacados, uno de 135,2 kilos y otro de 122,6 kilos, en una jornada que coincidió con el 121° aniversario de Alejandro Roca. El proceso arranca todos los años con la primavera. Entre fines de septiembre y comienzos de octubre Flores pone en marcha lo que él mismo define como una especie de campeonato. El productor selecciona y guarda sus propias semillas, que va mejorando con cada cosecha. Las semillas las voy generando yo. Estudio de qué parte del zapallo sacarlas para mejorar la germinación, precisa. Primero hace crecer la planta en maceta y, cuando toma fuerza, la pasa al suelo. A partir de ahÃ, el trabajo es constante. Incluye polinización manual, poda y seguimiento diario de la planta. Todo el manejo es orgánico. Es un trabajo que se va aprendiendo con el tiempo, resume. Durante los meses más intensos, Flores dedica alrededor de 45 minutos por la mañana y otro tanto por la tarde, antes y después de abrir el taller. Después sigo con la metalúrgica, pero esto lo hago todos los dÃas y los fines de semana le dedico todo el dÃa, indica. Para Flores, la huerta no es solo producción. Es algo más profundo. Trabajar la tierra, ver crecer las plantas, sacar los yuyos genera una felicidad propia, dice. La cosecha, cuenta, suele llegar en marzo, cuando la planta ya está terminando su ciclo. En esta última campaña, con el zapallo más grande tuvo un problema. Esa noche, cuando lo movà y lo bajé, yo tengo un autoelevador, y lo apoyé en una tarima, estaba solo y se me cayó. Ahà se rompió el tallito, que es por donde se alimenta el zapallo, como si fuera el cordón umbilical, relata. Ante esa situación, decidió cortarlo al dÃa siguiente y registrar todo el proceso. Convocó a un medio local para filmar y mostrar el interior del zapallo, buscando que todo quedara documentado. Una vez cortado, la mitad del zapallo la llevó al hospital. Allà funciona un espacio donde viven adultos mayores, con un comedor y seguimiento de personal de salud. Es como una casa de abuelos, donde están con enfermerÃa y nutricionistas, lo decidimos llevar a ese lugar, precisa. La otra mitad se repartió entre gente del pueblo y una parte quedó en su casa para hacer mermelada y dulce. Me mandaron fotos de lo que hicieron. Siempre tratamos de aprovechar todo y compartirlo, comenta. Flores llegó a Alejandro Roca hace más de 30 años. VenÃa de Entre RÃos, de una infancia en el monte, donde su padre trabajaba como hachero. Con el tiempo se fue haciendo su lugar: consiguió trabajo, aprendió el oficio metalúrgico y después se independizó. Incluso terminó la secundaria de grande, en horario nocturno. Este pueblo me dio todo: trabajo, oportunidades, mi casa, dice. Hoy, mientras todavÃa sigue recibiendo mensajes y fotos de quienes probaron el zapallo, ya tiene la cabeza puesta en lo que viene. Cuando termina la cosecha ya estoy pensando en la próxima temporada, remarca. Últimas Noticias Ahora para comentar debés tener Acceso Digital. Iniciar sesión o suscribite
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