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  • Por qué el Artemis II es un hito en la carrera espacial y cómo la Luna se volvió el territorio más codiciado del siglo XXI

    » La Nacion

    Fecha: 01/04/2026 16:02

    Por qué el Artemis II es un hito en la carrera espacial y cómo la Luna se volvió el territorio más codiciado del siglo XXI La misión Artemis II, el avance de China y la pelea por el Polo Sur lunar muestran que el satélite ya no es solo un objetivo científico: se transformó en el centro de una disputa geopolítica, económica y tecnológica - 7 minutos de lectura' CABO CAÑAVERAL. La humanidad entra en un 2026 decisivo. El espacio dejó de ser solamente un lugar de exploración o de hazañas científicas. Se convirtió en el escenario de una competencia geopolítica y tecnológica sin precedente. A diferencia de la Guerra Fría, cuando la carrera espacial se reducía a un duelo entre Washington y Moscú, el tablero actual es mucho más complejo. Participan varias potencias, intervienen empresas privadas con presupuestos gigantescos y existe un nuevo objetivo concreto (aunque no es el único): llegar primero al Polo Sur de la Luna. Estamos ganando: en el espacio, en la Tierra y en todas partes, económica, militarmente y ahora, más allá de las estrellas, escribió Donald Trump en su red Truth Social este miércoles. ¡Nadie puede competir! Estados Unidos no solo compite, domina, y el mundo entero nos observa, agregó. Dos modelos enfrentados La disputa espacial actual se ordena alrededor de dos modelos muy diferentes entre sí. Por un lado aparece Estados Unidos, que impulsa el programa Artemis. Su estrategia apuesta por la cooperación internacional, la participación de empresas privadas y la construcción de un marco de reglas comunes. Washington busca avanzar a través de alianzas y se apoya en los Acuerdos de Artemis, un conjunto de principios que ya firmaron más de 40 países. El objetivo de ese acuerdo es fijar normas para la exploración civil, la transparencia de las misiones y el uso de los recursos espaciales. La idea de fondo es que la próxima etapa de la exploración lunar no quede en manos de una sola potencia, sino de una coalición liderada por Estados Unidos. En ese esquema, el sector privado ocupa un lugar central. Empresas como SpaceX, de Elon Musk, y Blue Origin, de Jeff Bezos, son socios estratégicos. Diseñan cohetes, cápsulas y sistemas de transporte fundamentales para las misiones futuras. Del otro lado se ubica China, consolidada como el principal rival. Pekín impulsa un modelo completamente distinto: centralizado, estatal y mucho más hermético. El programa espacial chino responde a una planificación rígida, con escasa información pública y una coordinación absoluta entre el gobierno, las fuerzas armadas y la industria. China, además, no actúa sola. Lidera junto con Rusia y varios países del Sur Global el proyecto de la Estación Internacional de Investigación Lunar, conocida como ILRS por sus siglas en inglés. El plan apunta a construir una base permanente en la superficie lunar. La estrategia china avanza paso a paso. Pekín ya logró posar sondas en la cara oculta de la Luna y traer muestras a la Tierra. Su siguiente gran meta consiste en concretar un alunizaje tripulado antes de 2030. El botín más valioso del sistema solar La obsesión de todos los actores tiene nombre y ubicación precisa: el Polo Sur lunar. Esa región es considerada hoy el terreno inmobiliario más codiciado del sistema solar. No es una exageración. En sus cráteres, que permanecen en sombra permanente, existen enormes reservas de hielo. Ese hielo podría convertirse en el recurso más valioso de la futura economía espacial. Permite obtener agua potable para los astronautas, pero también hidrógeno y oxígeno, dos elementos indispensables para fabricar combustible para cohetes. Quien logre controlar el acceso a esos depósitos tendrá una ventaja decisiva. No solo podrá sostener una presencia humana en la Luna, sino que además contará con una estación de abastecimiento para futuras misiones más lejanas. La región, además, ofrece otra ventaja extraordinaria. Allí existen zonas conocidas como picos de luz eterna, elevaciones donde la luz solar llega casi de manera constante. Eso permite instalar paneles solares capaces de producir energía sin interrupciones. Por eso el objetivo ya no consiste únicamente en visitar la Luna. La meta real es construir allí una presencia permanente, una especie de avanzada humana que funcione como plataforma para los viajes a Marte. Artemis II, la misión que puede cambiarlo todo El gran hito de 2026 será Artemis II. La misión marcará el regreso de astronautas a las inmediaciones de la Luna por primera vez en más de medio siglo. No habrá descenso sobre la superficie. Artemis II tendrá otra función: probar el funcionamiento de los nuevos sistemas diseñados por la NASA. La misión servirá para poner a prueba la cápsula Orion, el gigantesco cohete SLS y todos los mecanismos de soporte vital, navegación y reingreso atmosférico que necesitarán las futuras expediciones. El plan es extremadamente preciso. El primer paso será el lanzamiento desde el Centro Espacial Kennedy, en Florida. Desde allí despegará el SLS, un cohete de casi 100 metros de altura. Una vez en órbita terrestre, la etapa superior impulsará a la cápsula Orion hacia la Luna. El trayecto durará aproximadamente cuatro días. Luego llegará el momento más delicado. Los cuatro astronautas pasarán a unos 7400 kilómetros de la cara oculta lunar, una región que ningún ser humano observa de cerca y con sus propios ojos desde las misiones Apolo. Después comenzará el regreso. Orion utilizará la gravedad de la Tierra para volver a gran velocidad. La cápsula entrará en la atmósfera a casi 40.000 kilómetros por hora y deberá soportar temperaturas de hasta 2700 grados antes de caer en el océano Pacífico. Si todo sale bien, Artemis II abrirá el camino para Artemis IV, la misión prevista para 2028 que buscará alunizar. En 2027 tendrá lugar una misión intermedia, Artemis III, en la que se harán más pruebas. La pelea por las reglas La nueva carrera espacial también se disputa en el terreno legal. A medida que más países y empresas se acercan a la órbita lunar, aumenta la posibilidad de roces y conflictos. El principal problema es que las reglas actuales son ambiguas. El Tratado del Espacio Exterior de 1967, la base jurídica del derecho espacial moderno, fue redactado en una época en la que no existían empresas privadas capaces de explotar recursos fuera de la Tierra. Por eso deja zonas grises sobre qué puede hacerse en la Luna y quién tiene derecho a hacerlo. Frente a esa incertidumbre, los Acuerdos de Artemis introducen un concepto nuevo: las zonas de seguridad. Se trata de áreas temporales alrededor de una misión o una instalación, donde otros actores deben ser notificados para evitar interferencias. La medida busca prevenir accidentes y choques. Sin embargo, el mecanismo genera controversia. Estados Unidos sostiene que extraer y utilizar recursos lunares no equivale a apropiarse de un territorio. Otros países y especialistas, en cambio, ven en esas zonas una forma encubierta de trasladar al espacio las viejas disputas por la propiedad y el control. Turismo, negocios y una nueva economía La Luna representa solo una parte del fenómeno. La economía espacial también se expande en otras direcciones. China, por ejemplo, ya analiza abrir su estación espacial Tiangong al turismo durante esta década. El plan contempla vuelos de ciudadanos comunes a bordo de naves reutilizables capaces de transportar hasta siete personas. La lógica detrás de esa apuesta es sencilla: reducir costos y aumentar la frecuencia de los viajes. Al mismo tiempo, distintas compañías desarrollan aviones cohete para realizar vuelos suborbitales. La idea es crear un sistema de transporte capaz de conectar dos puntos de la Tierra en cuestión de horas. Por qué todo se aceleró ahora Detrás de esta carrera no existe solo una fascinación tecnológica. También aparece una preocupación cada vez más concreta por los límites de la Tierra. Diversos analistas sostienen que la humanidad consume recursos naturales a un ritmo 1,7 veces superior a la capacidad de regeneración del planeta. Ese dato alimenta la idea de que parte de las actividades más intensivas podrían trasladarse fuera de la superficie terrestre. La nueva carrera espacial, en definitiva, ya no se parece a la del siglo XX. No se trata únicamente de prestigio. Es una expansión industrial, política y económica. La potencia que logre establecer reglas, construir alianzas y demostrar que la vida fuera de la Tierra puede ser viable tendrá una ventaja estratégica gigantesca. 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