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  • Abortos clandestinos, robos en hospitales y el caso Billiris: el lado oscuro del propofol en Argentina

    Buenos Aires » Infobae

    Fecha: 01/04/2026 15:06

    El propofol es uno de los anestésicos más empleados. Se administra por vía endovenosa para sedación total en cirugías. Básicamente, duerme al paciente. Usado con cuidado y responsabilidad, no debería generar problema alguno. Pero a su vez, es la droga que mató a Michael Jackson, por ejemplo: una crisis provocada por una mezcla de propofol y benzodiazepinas le quitó la vida en 2009 al rey del pop. También fue parte del protocolo de anestesia en torno a la muerte de Débora Pérez Volpin durante una endoscopía practicada en 2018. Le administraron 190 miligramos en el procedimiento, de acuerdo a la historia clínica. Los fundamentos de la condena al endoscopista Diego Bialolenkier -que recibió una pena de tres años en suspenso por la muerte de la periodista- mencionan a la sustancia más de una decena de veces. En el juicio, realizado en el Tribunal N°8, el perito Juan Ravioli declaró que la desaturación seguida de asistolia que sufrió Pérez Volpin pudo deberse a efecto adverso del propofol, a la aparición de arritmia vinculada a la miocardiopatía arritmogénica del ventrículo derecho (hallazgo de autopsia) o a ambos mecanismos, según los fundamentos de la condena. La anestesista que operó en el procedimiento fue finalmente absuelta. Hoy, el propofol toma el centro de la escena, con el escandaloso caso del anestesista Hernán Boveri y la residente Delfina Lanusse, ambos parte del Hospital Italiano e investigados en un expediente a cargo del fiscal Lucio Herrera. Boveri y Lanusse fueron indagados por el juez Javier Sánchez Sarmiento por la supuesta implementación de la sustancia de uso hospitalario para viajes controlados en fiestas que, macabramente, eran promocionadas con una serie de audios. En paralelo, el fiscal Eduardo Cubría investiga la misteriosa muerte del anestesista mendocino Alejandro Zalazar, hallado sin vida el 20 de febrero último en su departamento de la calle Juncal con una vía conectada a su pie derecho. Varios anestésicos fueron hallados en el lugar. Se sospecha que podrían haber sido robados de algún centro médico porteño. La situación se volvió viral. El término Propofol Gate ya es parte de la conversación de la jornada en redes como X. El propofol -al ser una sustancia de difícil uso recreativo- es muy infrecuente en el mercado de la droga. Sus apariciones en el sistema penal son una rareza, pero ocurren. Aquí, todo depende del uso y del modo. Las ampollas del Churruca El robo de anestésticos -o el desvío de lotes legales- para uso comercial clandestino o para usos recreativos suele ser la norma. Hoy, por ejemplo, la PROCUNAR investiga una extensa red de tráfico de fentanilo dentro del país, que termina en centros de estética. Hay, también, un expediente dentro de la Justicia federal, un presunto robo masivo de fentanilo y propofol dentro de un hospital más sensible: el Churruca, donde se atienden las fuerzas de seguridad federales. El caso, que comenzó en 2019, estuvo en manos de la fiscal Paloma Ochoa y el Juzgado Federal N°12. El caso fue iniciado a raíz del faltante de 31 unidades de fentanilo y 410 ampollas de propofol que figuraban vigentes en el stock informático de la institución mencionada, no así en el stock físico de la farmacia, asegura un documento del caso. No se hallaron las recetas que avalaran el expendio de los medicamentos respectivos, como así tampoco las actas de roturas correspondientes, continúa el documento. Una alta directiva del Churruca terminó indagada en la Justicia y presentó papeles. El Juzgado Federal N°12 la sobreseyó. La fiscal Ochoa apeló. El 30 de abril de 2020, la Sala II de la Cámara Federal revocó el sobreseimiento para la directiva del Churruca y ordenó a la fiscal Ochoa profundizar la investigación. El superlote narco y el aborto clandestino El 21 de octubre de 2021, un hombre cuyas iniciales eran W.W., dueño de un importante Mercedes Benz, fue allanado en su domicilio de la avenida Congreso en CABA, por orden de la UFI N°6 de Avellaneda. Le encontraron 14 pastillas de heroína, otra rareza total en el mercado argentino, junto a diez ampollas rubricadas como propofol, un kilo y cuarto de metilona -un sustituto barato del éxtasis-, frascos de popper, más de un kilo de anfetaminas, sustancias típicas de estiramiento, 57 goteros vacíos y cinco granadas de humo. Su abogado, insólitamente, dijo que todo este material era para consumo personal. La Sala I de la Cámara Federal confirmó el procesamiento con prisión preventiva y le embargó el Mercedes Benz. Hay otro capítulo al menos oscuro en la historia clandestina del propofol en el país. Apunta a la necesidad que resuelve la sustancia: anestesiar al paciente. Por ende, su uso en clínicas clandestinas, donde se practican, por ejemplo, abortos. En marzo de 2017, el Tribunal N°19 condenó a apenas seis meses de prisión a una mujer uruguaya de 70años por el delito de ejercicio ilegal de la medicina. El delito: operar una salita en Belgrano. Ya le habían secuestrado los talonarios de recetas de dos ginecólogas. Sin embargo, lo peor estaba en la salita misma, ubicada en la calle Céspedes. Una veedora del Ministerio de Salud se presentó allí. De acuerdo a su reporte, observó una mesa articulada con pierneras colocadas, instrumental quirúrgico que resulta compatible con la realización de legrados uterinos quirúrgicos. Esa mesa, que luego fue peritada, tenía rastros de sangre. Además, halló un pie de suero con suero colgado compatible con la realización de anestesias de corta duración, como el diazepam y propofol. El lugar, que contaba con una aspiradora para remover restos del embarazo, no tenía tubos de oxígeno o siquiera un oxímetro de pulso. El propofol y el caso Billiris La potente sustancia también fue parte de la más célebre trama delictiva en torno a un anestesista en la Argentina: el caso de Gerardo Billiris, condenado a 14 años de prision por intentar matar a una joven en Palermo, en medio de un brutal ataque. Billiris fue investigado por una segunda víctima en la historia, una joven que dio un fuerte testimonio en su contra, quien detalló el vínculo entre ambos que había comenzado en 2013. Por la denuncia de esta joven, Billiris enfrentó al Tribunal N°8 a fines de 2021. Fue condenado a tres años y seis meses de cárcel por suministrarle estupefacientes a título gratuito, una imputación agravada por su condición de médico. Billiris drogaba a esta mujer, en medio de una situación de tormentos de violencia de género, otra acusación por la que fue absuelto por prescripción. Los fundamentos de esta condena aseveran: Gerardo Billiris en reiteradas ocasiones me golpeó en mis manos y en el cuerpo con unas varillas del riel de una persiana, me propinó patadas en el cuerpo y golpes de puño cerrado en la cabeza. A su vez, su intimidación continuó habiéndome inyectado sustancia midazolam mediante vía intravenosa y suministrarme fentanilo y propofol, sustancia que retiraba el señor Billiris del Hospital Militar en el cual ejercía su profesión como médico, todo ello en el mes de agosto del año 2013.

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