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» La Nacion
Fecha: 01/04/2026 13:14
La selección y el Mundial: ¿cuánto pesará la corona? Ya me pesa la corona, dice Tom Shelby, capo en crisis de los Peaky Blinders. Otra vez en primer plano por la nueva película de Netflix (The Inmortal Man), Peaky Blinders fue una serie boom de 2013 a 2022. Familia obrera y gitana que hace más de un siglo salió de la pobreza construyendo un imperio criminal. Fueron moda las gorras del clan mafioso que usó hasta el alcalde de la hoy orgullosa Birmingham. También bares temáticos, festivales, ropa vintage, peinados, videojuegos, tragos, teatro. Hasta la selección argentina se sumó a la nueva promoción. Enzo Fernández, Julián Alvarez, Nicolás Otamendi y Nicolás Tagliafico vistieron como Peaky Blinders, entre risas de producción y pose luego de mafia inglesa. Elegante y asesina. Ellos son parte de un campeón mundial que, a solo setenta días de la Copa, también deberá ver cuánto le pesa su corona. Al hermano mayor, Arthur Shelby, el más despiadado del clan y gran ausente en la nueva película, ese peso, por ejemplo, lo agobió rápido. El actor Paul Anderson (Arthur), que en su propia vida fue abandonado a los once años por su padre alcohólico, sufrió en 2023 escándalo en un bar, dio positivo de opiáceos y cocaína y fue condenado por la justicia. Para complacer a sus fans, lo defendió su abogado, a menudo se mete en el personaje. Arthur asesinaba de puro placer. Cortaba dedos de árbitros de fútbol que rechazaban tongos para las apuestas. Pisaba el nuevo dominio y exclamaba ¡Por orden de los Peaky Blinders!. El Mundial, a pesar de la FIFA, no es una serie mafiosa de la TV. Tampoco es Downton Abbey, claro. Pero nadie gana la Copa por orden de los Peaky Blinders. Se gana siendo mejor que los demás, como hizo la selección campeona en Qatar. Con buen juego y algo de suerte también. Y, ante todo, con un deseo enorme, y colectivo, de levantar el trofeo. Ninguna selección ganó dos mundiales seguidos en los últimos sesenta años. Francia, derrotada por penales por Argentina en el último Mundial, estuvo a un paso de hacerlo en Qatar. Kylian Mbappé y Ousmane Dembelé, entre otros, la sitúan otra vez como gran candidata, junto con la España de Lamine Yamal. Argentina parece ubicarse hoy un escalón abajo. No basta recordar que somos los campeones (lo fuimos hace cuatro años). Ni que tenemos al mejor del mundo (Leo Messi, el rey más prolongado del fútbol mundial, ya no lo es). Ni siquiera anunció oficialmente si jugará o no en Estados Unidos, en cuya liga menor vive sus últimos años de jugador. Se suman un recambio de baja intensidad, un presidente de la AFA que abusó del éxito y hoy vive acosado por la justicia y el gobierno (no se sabe en qué orden) y un rendimiento deportivo incierto, porque el último gran rival de fuste (goleada a Brasil en el Monumental) fue hace ya más de un año. Este jueves se cumplirán cuarenta años de Malvinas, la Guerra que convivió con el Mundial 82, primer fiasco de defensa del título, pese a que la selección que fue a España se reforzó con Diego Maradona y Ramón Díaz. Con mucho menos, Carlos Bilardo casi repite título en Italia 90, un subcampeón obrero y emotivo, pero de fútbol olvidable, y con el bidón tramposo en el medio, onda Peaky Blinders. ¿La tercera será la vencida? ¿La dificultad es más factor humano que futbolístico? ¿Ganar después de haber ganado? Hay que tener un poco más de corazón, salió de la política interna del bajo perfil Dibu Martínez, tras la pobre victoria del viernes 2-1 ante Mauritania. Anoche, con Messi mucho más protagonista, fue 5-0 a Zambia, partidos, igualmente, que no ofrecen medida. ¿Logrará Scaloni volver a dominar con su mediocampo de buen pie, que se junta y se defiende con la pelota, pero que puede resultar intrascendente si pierde intensidad y, ya conocido por sus rivales, puede sufrir entonces superado por la mayor dinámica colectiva del adversario? Toda una paradoja, el fútbol decidirá a su rey en el país que el sábado último celebró su tercera protesta masiva de No Kings. Millones y millones en las calles de los cincuenta estados de Estados Unidos, contra el autoritarismo de Donald Trump. Su Mundial de la guerra, de aeropuertos ahora desbordados y de los precios abusivos (en Boston, el tren que llevará del centro al estadio Foxboro costará cuatro veces más, unos 75 dólares; en los mundiales anteriores era gratis). Será un Mundial de tres países y 104 partidos que hoy, ya con sus 48 selecciones clasificadas, sigue siendo pura incertidumbre. Como la que siente Tom Shelby (canonizado ahora en la película, porque lucha contra Hitler), cuando en un momento de la nueva película suena en tono lúgubre una canción tradicional irlandesa del Día de San Esteban. Vienen de todas partes, canta Lankum, para cazar al reyezuelo en el terreno abierto. Agobiado, Shelby confiesa que le pesa la corona mientras escucha a una hermosa dama gitana que lee su mano. Solo me has dicho mi pasado, ahora, le pide el rey, dime mi futuro.
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