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  • Irak, un país apasionado por el fútbol que hizo del sufrimiento una manera de vivir y, a veces, también de ganar

    » La Nacion

    Fecha: 01/04/2026 09:59

    Irak, un país apasionado por el fútbol que hizo del sufrimiento una manera de vivir y, a veces, también de ganar Sufrir, sufrir y seguir sufriendo. No hay otro verbo que defina con mayor precisión la travesía de las sucesivas selecciones de Irak en los últimos 40 años. También, por supuesto, el sentimiento que deben padecer sus hinchas, tal vez los más apasionados por el fútbol en todo el Asia Central, con permiso de los vecinos iraníes. La clasificación para la cita norteamericana, conseguida tras la victoria frente a Bolivia es, por sobre todas las cosas, el premio a la resiliencia y la fe de un grupo de jugadores que entendieron que llegar al Mundial era una necesidad desesperante, como la definió Hassanane Balal, iraquí residente en Londres y director de un podcast sobre el fútbol de su tierra natal. Algunos datos sirven para enmarcar el recorrido por las eliminatorias de los Leones de la Mesopotamia (cabe recordar que los ríos Tigris y Éufrates que se aprenden en las clases de Historia Antigua de la escuela secundaria cruzan el país de norte a sur). Fue el equipo que más partidos disputó para alcanzar un puesto entre los 48 privilegiados: comenzó su participación en noviembre de 2023 y el encuentro final ante el conjunto del Altiplano fue el número 21. Había logrado el pase a esta instancia luego de dos repechajes en Asia. En el primero igualó 0-0 con Arabia Saudita y venció 1-0 a Indonesia con un gol marcado en el minuto 99. En el segundo, dejó fuera de carrera a Emiratos Árabes tras empatar 1-1 en Abu Dhabi y ganar 2-1 en Basor, con un penal ejecutado por Amir Al-Ammari, delantero nacido en Suecia que milita en el Cracovia polaco, cuando el reloj señalaba el minuto 17 de descuento. Este tipo de definiciones provocarían infartos masivos a los aficionados de cualquier otra nación, pero no es el caso de los iraquíes, habituados en las últimas décadas a sufrimientos mucho peores, que inevitablemente tuvieron repercusión directa en el desarrollo del fútbol local y en la trayectoria de las selecciones nacionales. Por ejemplo, la primera y hasta ahora única, participación de Irak en un Mundial, se produjo en 1986, mientras el país se encontraba en plena guerra contra Irán (perdió sus tres partidos, ante Paraguay, Bélgica y México). De hecho, los encuentros como local en las eliminatorias debieron jugarse en Kuwait, Arabia Saudita y hasta uno de ellos en Calcuta (India). Esta vez, el inicio del conflicto entre Estados Unidos y los iraníes estuvo a punto de echar por tierra el sueño de volver a la máxima competición. Los bombardeos cruzados hacia y desde Irán obligaron a cerrar el espacio aéreo de Irak y puso en duda el traslado a México de los Leones mesopotámicos. Graham Arnold, actual técnico de la selección, llegó a solicitar la postergación del repechaje mundial debido a los trastornos en la preparación del equipo, ya que el 60 por ciento del plantel juega en clubes locales, y salir del país se había convertido en un desafío mayúsculo. Arnold, a quien el inicio de la guerra sorprendió en Dubai, donde quedó atrapado durante varios días, es un entrenador experimentado. En Qatar 2022 fue el responsable de dirigir a Australia, su país, hasta los octavos de final, donde solo las atajadas finales del Dibu Martínez impidieron que llevara a Argentina a un alargue de imprevisibles consecuencias. Se hizo cargo del conjunto iraquí en mayo de 2025, reemplazando al español Jesús Casas tras una derrota ante Palestina en la tercera fase eliminatoria y nunca había pasado por una situación semejante. Fue todo muy estresante. He pasado varias noches sin dormir pensando en que toda la planificación saliera bien, confesó una vez que pudo reunir a toda su tropa en Monterrey. El traslado desde Bagdad a México fue casi una epopeya. En principio, desde la FIFA se sugirió un viaje de 25 horas por carretera a Turquía para volar de ahí a tierras aztecas, que la federación iraquí no aceptó porque debía atravesar el Kurdistán, zona bombardeada por los iraníes. Finalmente, el micro, fuertemente custodiado, realizó una travesía de 10 horas hasta la frontera con Jordania, para partir el 22 de marzo desde Amman rumbo a América. El trastorno provocó el insomnio de Arnold, quien tenía programada una concentración previa en Houston que debió cancelar, pero no alteró el sueño de las autoridades iraquíes, ya expertas en estas lides. En 2004, la delegación de deportistas que debían participar en los Juegos Olímpicos de Atenas se encontró en una situación semejante. El país había sido invadido un año antes por el ejército estadounidense -apoyado por Gran Bretaña y España, entre otros muchos gobiernos- con el fin de derrocar al presidente Sadam Hussein, y se encontraba en plena guerra. Aquella vez, la Fuerza Aérea australiana se encargó de evacuar a los atletas y llevarlos a Amman para que luego pudieran llegar a Grecia. Entre ellos estaban los integrantes de la selección Sub 23 de fútbol, cuya actuación sorprendió a todos al alcanzar las semifinales, donde cayó ante Paraguay. Una nueva derrota frente a Italia la dejó sin la medalla de bronce, pero aquel equipo fue la semilla que germinaría en una sorpresa aún mayor en 2007 cuando, contra todos los pronósticos, Irak conquistó la Copa de Asia disputada en Indonesia, una hazaña considerada entre las más grandes de la historia del fútbol mundial. El país estaba en plena guerra civil, con combates cruzados entre sunníes, chiíes y kurdos; la federación de fútbol era un caos, con enfrentamientos constantes entre dirigentes, jugadores y el cuerpo técnico liderado por el brasileño Jorvan Vieira. Todo hacía presagiar un descomunal fracaso. Pero tal como había ocurrido en Atenas, el equipo salió adelante. Empató con Tailandia y Omán para vencer 3-1 a Australia en la fase de grupos y alcanzar los cuartos de final, donde le ganó 2-0 a Vietnam. La semifinal era contra Corea del Sur, uno de los favoritos, con el antecedente todavía fresco de un 3-0 contundente a favor de los coreanos en un amistoso previo. Sin embargo, Irak aguantó el 0 a 0 y venció 4-3 en los penales. El éxito desató un júbilo impensado en toda la nación. Por primera vez en muchos años, todo el pueblo inundó las calles sin distinguir etnias ni facciones religiosas. Hasta que dos atentados suicidas en Bagdad cortaron de raíz el festejo. Hubo medio centenar de muertos, entre ellos Haidar, un niño de 12 años. Los futbolistas que miraban por televisión los hechos escucharon los lamentos de su madre y se juramentaron ganar la final ante Arabia Saudita, que defendía la corona de campeón. Unos 60.000 espectadores en el estadio nacional de Jakarta apoyaron a los iraquíes y gritaron el gol de cabeza de Younis Mahmoud que puso el 1 a 0 para quedarse con el título. En el Mundial que comenzará en junio, Irak tendrá como rivales de grupo a Francia, Senegal y Noruega, en principio adversarios que suenan inalcanzables para un conjunto sin figuras de renombre y que integran equipos menores en Dinamarca, Polonia, Noruega y Países Bajos, o de segunda división en las ligas más poderosas. Sus estrellas son Ali Al-Hamadi, atacante del Luton que pelea el descenso en la Championship inglesa; Marko Farji, puntero izquierdo formado en la academia del Manchester United que juega en el Venezia, actual líder de la Serie B italiana; y los centrodelanteros Aymen Hussein y Ali Jassim, que se desempeñan en clubes de la liga local. Los antecedentes, sin embargo, invitan a no confiarse. Graham Arnold es un viejo zorro de los bancos de suplentes y un pueblo entero madrugará para empujar a través de los televisores. Pero sobre todo, hay muy pocos países en el mundo que sepan superar obstáculos como una y otra vez lo ha hecho Irak. Los Leones de la Mesopotamia saldrán a la cancha a sufrir con la convicción de que al final los espera la gloria. Franceses, noruegos y senegaleses ya están avisados.

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