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  • Malvinas: la defensa de los derechos y la búsqueda de acuerdos

    » Clarin

    Fecha: 01/04/2026 06:40

    Más de cuatro décadas después de la Guerra del Atlántico Sur, la presencia colonial británica se sigue organizando alrededor de la base aérea RAF Mount Pleasant, en las Islas Malvinas. Establecida a mediados de los ochenta, hoy alberga aproximadamente 2000 efectivos rotativos, incluye cazas Eurofighter Typhoon en alerta área permanente, Hawk T1/T2, helicópteros de ataque y transporte CH-47 Chinook, aviones de reabastecimiento y transporte Airbur A400M Atlas y Airbus Voyager además de contar con una infraestructura logística de particular dimensión. La rotación de buques de guerra en el puerto Mare Harbour puede incluir fragatas, destructores y unidades de patrullaje. El paso del tiempo obliga a preguntarse si la permanencia de una base militar de estas características, la segunda más importante de ultramar del Reino Unido detrás de las de Chipre (Akrotiri y Dhekelia), tiene alguna justificación real. Mientras que las instalaciones británicas en el Mediterráneo podrían tener alguna razón al estar ubicadas en una región amenazada por conflictos militares cíclicos, las Islas Malvinas se encuentra en una zona de paz y la Argentina en cuarenta años no ha dado lugar a motivo alguno para tal despliegue militar. La comparación con las bases en Chipre, además de tener un mismo carácter militar ofensivo, también revela una doble vara del comportamiento de Londres. En el caso de las Malvinas, el Foreign Office sostiene que los habitantes ciudadanos del Reino Unido y descendientes de una población británica implantada - tienen derecho a decidir su futuro, cuando en Akrotiri y Dheketia, en cambio, obligaron a que las islas chipriotas quedaran bajo soberanía británica sin permitir la consulta de la población local. Tampoco otras colonias británicas más pobladas, económicamente más activas o ubicadas en regiones estratégicamente más sensibles, cuentan con presencia militar de la magnitud de la de las Islas Malvinas. Estas discrepancias cuestionan tanto la rigidez diplomática británica frente a la cuestión Malvinas como la lógica del despliegue desproporcionado del destacamento Mount Pleasant que es casi igual en número a la población de las Islas. También la presencia militar británica como mecanismo de disuasión resulta cuestionable si se compara con otras islas argentinas del Atlántico Sur bajo ocupación británica y pendientes también del restablecimiento de negociaciones de soberanía, Georgias del Sur y Sándwich del Sur, donde no existe guarnición permanente ni fuerzas de avanzada. Esto evidencia que la disuasión es una falacia aplicada de manera selectiva, utilizada solo en el territorio más delicado desde el punto de vista de la disputa de soberanía. En este sentido, es hora de revertir este cuadro de situación eliminando las tensiones derivadas de la base Mount Pleasant y el embargo de armas vigente. Un proceso en ese sentido instauraría una atmósfera renovada permitiendo que las cuestiones de seguridad se fundamenten en la transparencia y el dialogo diplomático. El marco de no agresión aplicado respecto a las islas Akrotiri y Dhekelia dentro del Tratado de Establecimiento de 1960 con la participación de Reino Unido, Grecia, Turquía y Chipre, podría servir de inspiración. Este antecedente muestra que cuando hay voluntad política es posible convenir criterios de desmilitarización, no agresión, distensión, cooperación y movilidad bajo paraguas de soberanía. Consecuentemente, es momento de trascender las medidas de fomento de confianza de los Acuerdos de Madrid para inaugurar una etapa de diplomacia de alto nivel siguiendo los lineamientos del canciller Luis María Drago que la defensa de los derechos no excluye la búsqueda de acuerdos pacíficos. Sobre la firma Newsletter Clarín

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