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Buenos Aires » Infobae
Fecha: 31/03/2026 16:34
El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Qatar, Majed al Ansari, advirtió este martes que los ataques reiterados contra instalaciones energéticas en Medio Oriente establecen un precedente muy peligroso que podría extenderse a conflictos futuros. La declaración llegó un día después de que Irán atacara una central eléctrica y una planta desalinizadora en Kuwait, un bombardeo que causó la muerte de un trabajador indio y dañó infraestructura civil esencial para la población de la región. Al Ansari, asesor del primer ministro qatarí además de portavoz de Exteriores, hizo estas advertencias en su rueda de prensa semanal en Doha, donde abordó dos asuntos entrelazados: la escalada de ataques a infraestructura civil y el futuro de la navegación por el estrecho de Ormuz. En ambos casos subrayó que las consecuencias desbordan los límites del conflicto y afectan a la seguridad energética y alimentaria mundial. Las instalaciones energéticas junto a las plantas nucleares, las redes desalinizadoras y los sistemas eléctricos constituyen, en palabras del portavoz, la infraestructura civil más vulnerable en cualquier guerra. Al Ansari recordó que Qatar participó en esfuerzos de mediación para proteger el sector energético durante el conflicto en Ucrania, y señaló que lo que entonces se intentó evitar ocurre ahora en el Golfo de forma cotidiana. Ahora estamos viendo que esto sucede aquí, donde las instalaciones energéticas son atacadas casi a diario, afirmó, según EFE. El portavoz calificó estos ataques como una línea roja cuya violación reiterada normaliza conductas que podrían reproducirse en otros conflictos. Enumeró entre los riesgos el aumento de la contaminación, una posible catástrofe ambiental y la pérdida de acceso a electricidad y agua potable. Los pueblos de la región no son parte de esta guerra, no son sus objetivos ni sus instigadores. Deben ser protegidos protegiendo la infraestructura civil, insistió. El ataque a Kuwait no fue un hecho aislado. Desde el inicio de la guerra lanzada por Estados Unidos e Israel contra Irán el 28 de febrero, las represalias de Teherán alcanzaron instalaciones en Qatar, Arabia Saudí, los Emiratos Árabes Unidos, Bahréin y Kuwait. El complejo de Ras Laffan, corazón del sector gasístico qatarí, sufrió daños que destruyeron el 17% de la capacidad exportadora de GNL, con pérdidas estimadas en 20.000 millones de dólares anuales y reparaciones proyectadas entre tres y cinco años, según el consejero delegado de QatarEnergy, Saad al Kaabi. La empresa declaró fuerza mayor en contratos con clientes en Italia, Bélgica, Corea del Sur y China. Sobre el estrecho de Ormuz, Al Ansari fue igualmente categórico. El paso marítimo por el que transita aproximadamente una quinta parte del suministro mundial de petróleo y GNL es, a su juicio, una vía compartida cuyo futuro debe decidirse por consenso regional. Irán lo bloqueó de facto desde el inicio del conflicto, lo que disparó los precios de la energía e interrumpió cadenas de suministro globales. Las amenazas en el estrecho de Ormuz y su cierre representan una amenaza para la seguridad energética mundial, advirtió, e instó a todas las partes a respetar el derecho internacional. Qatar expresó su respaldo a la mediación liderada por Pakistán. Este martes, los cancilleres paquistaní, Ishaq Dar, y chino, Wang Yi, presentaron en Beijing una iniciativa de cinco puntos: alto el fuego inmediato, negociaciones de paz, protección de objetivos no militares, seguridad de las rutas marítimas y respeto a la Carta de Naciones Unidas. La propuesta llegó tras consultas en Islamabad con los cancilleres de Arabia Saudita, Turquía y Egipto. Al Ansari aclaró que Doha no participa en esa mediación, pero mantiene comunicación activa con todas las partes. Con el conflicto en su quinto mes, la advertencia qatarí apunta a un riesgo que trasciende la región: que lo que hoy se llama línea roja mañana se convierta en práctica habitual de guerra.
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