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Larroque » Surer
Fecha: 31/03/2026 13:53
Ana Paula es una de las 7 ganadoras en Italia en in concurso Nacional y representara a Argentina en La ceremonia de presentación del concurso. Gano Con Arrivederci a Genova el Premio Especial Torino Film Festival, que es el premio que se otorga al relato que mejor se adapta a una posible realización cinematográfica. Versión en español Por Ana Paula. Arrivederci a Genova Desde niña escuchaba a mi abuelo y a mi abuela repetir una frase en italiano que nadie, en mi familia, sabía traducir realmente. La decían siempre de la misma manera. A veces la murmuraban durante las reuniones familiares, otras cuando nos despedíamos después de un largo almuerzo, y otras más mientras miraban por la ventana, como si esa frase fuera una sombra que los acompañaba desde otro tiempo. Arrivederci a Genova, se non ti vedo più felice morte. Sonaba extraña y un poco inquietante para mis oídos jóvenes. Cada vez que la escuchaba me preguntaba: ¿Qué querrá decir realmente? Era un canto antiguo, un poco extraño, que repetía sin entender. Mis abuelos no intentaban explicarla; ni siquiera ellos conocían su significado preciso. Solo decían que era una frase que sus padres, mis bisabuelos, siempre habían dicho. En casa, esa frase ocupaba un lugar invisible pero constante. Estaba ahí mientras el mate pasaba de mano en mano, mientras se preparaban las tortas fritas, mientras mi abuela contaba historias de una Italia que nunca había visto pero que sentía cercana. Era una frase que nadie comprendía, pero que todos respetábamos, como una pequeña reliquia que no se toca. Crecí escuchando ese sonido heredado. Cuando decidí venir a Italia, pensaba que era solo un viaje práctico: documentos, oportunidades, una aventura. Pero apenas puse un pie en el país entendí que algo más profundo me había traído hasta aquí. Al llegar empecé a estudiar italiano, no sabía ni una palabra. Y luego, un día, de repente, las palabras se alinearon en mi mente y algo se abrió. Como una ventana que siempre había estado ahí, pero que nunca había encontrado la fuerza para abrirse. Detrás de esa ventana había toda una historia. Arrivederci a Genova Adiós en Génova De repente entendí. Y entendí también el resto: Se non ti vedo più felice morte. Si no te vuelvo a ver buena muerte, buena suerte en el camino. No era un deseo de muerte. Era una forma antigua y dolorosamente sincera de aceptar aquello que no se podía controlar: el mar, la distancia, la vida. Empecé a mirar hacia atrás. Descubrí que mis bisabuelos, al emigrar, habían partido desde Génova. Que habían dejado su país con los bolsillos vacíos y la mirada llena de dudas. Que sus nombres habían quedado en listas que ya nadie lee, y que habían atravesado el océano como quien atraviesa un destino sin saber si regresará. Esa frase era el saludo que mis bisabuelos habían intercambiado con sus amigos antes de subir al barco. Tal vez lo último que habían escuchado en su idioma antes de que el viento del océano borrara la certeza del regreso. Un dicho con un tono casi bromista para aliviar la angustia de la incertidumbre. La forma que habían encontrado para abrazarse sin saber si volverían a verse. Cuando comprendí su significado, me conmoví de solo pensarlo. Era como si esa emoción hubiera encontrado finalmente un lugar donde posarse, un espacio para volverse real. Ese día, mientras caminaba por una calle estrecha de Asti, me detuve. Imaginé a mi bisabuela con una valija en la mano, los ojos llenos de lágrimas, aferrada a la mano de mi bisabuelo. Imaginé a él acomodándose los tiradores, mirando el mar sin tener el valor de despedirse de verdad. Ambos con el pensamiento puesto en la incertidumbre del futuro. Imaginé el puerto de Génova lleno de voces, de pasos, de llantos que nadie ha registrado en ninguna parte. Y ese pensamiento me envolvió en un abrazo entre generaciones. Y entonces entendí algo que nunca había sentido con tanta claridad: yo no estaba traduciendo una frase. Estaba volviendo. Volviendo a una historia que había viajado en silencio durante generaciones. Volviendo a un lugar que, de algún modo, pertenece a mis raíces familiares. Volviendo a un sonido que había dormido en la voz de mis abuelos, que había sobrevivido en mi memoria y que ahora volvía a abrirse como una flor que rompe el asfalto. Desde entonces, cada vez que pienso en ese saludo, lo siento diferente. Ya no es una despedida. Es un puente. Un puente que mis bisabuelos atravesaron sin saber que un día una de sus bisnietas lo atravesaría de nuevo, pero en sentido contrario. Un puente hecho de mar, de palabras incompletas, de recuerdos que no me pertenecen y que sin embargo me habitan. Un puente que une dos tierras que, sin tocarse, han dialogado a través de mí. Hoy, cuando hablo italiano, cuando digo incluso solo arrivederci, siento que estoy honrando una herencia que no se conserva en los documentos: se conserva en la voz. Hoy, como mujer argentina que, con miedos e incertidumbres sobre el futuro, ha tenido el coraje de emigrar y perseguir sus sueños, quisiera decirles a mis abuelos: Estoy aquí. Estoy aprendiendo el idioma de sus padres. Estoy caminando por las calles que ellos recorrieron. Entro en la iglesia donde tal vez rezaron. Estoy volviendo, por ustedes, a la historia que dejaron suspendida sobre el mar. Es extraño pensar que una frase pueda viajar tanto tiempo sin romperse. Que pueda cruzar el océano, transformarse, esconderse, esperar. Que pueda sobrevivir a la historia, al silencio, a la distancia. Y sin embargo estaba allí: intacta. Dormida en un idioma que nunca había aprendido. Despierta ahora, finalmente, en mi propia voz. Tal vez por eso vine a Italia. Tal vez no vine solo por los documentos. Tal vez vine para escuchar esa frase pero esta vez desde su origen y sentir que, al comprenderla, yo también estaba volviendo a casa. Arrivederci a Genova. En mi caso presenté tanto un escrito como una foto. Publicaron que soy una de las 7 ganadoras. Con mi escrito titulado Arrivederci a Genova gané el Premio Especial Torino Film Festival, que es el premio que se otorga al relato que mejor se adapta a una posible realización cinematográfica. Ana Paula. Asimismo, en la sección fotográfica del concurso, mi foto fue seleccionada para formar parte de la muestra de arte oficial. La ceremonia de premiación tendrá lugar durante el día de clausura de la Feria Internacional del Libro de Turín, el 18 de mayo del corriente año. En dicha instancia, tengo que presentarme públicamente y hacer una breve descripción de lo que escribí, representando también a Argentina, ya que se hace mención al país de origen de cada ganadora. Felicitaciones Para Ana Paua. Que genio! muchas gracias!! Te mando un abrazo desde Italia!!
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