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  • San Cristóbal ya despide a Ian, el chico asesinado en la escuela: un pueblo en shock y la pregunta que todos se hacen

    Buenos Aires » Infobae

    Fecha: 31/03/2026 03:03

    (Enviada especial a San Cristóbal). Chicharras. Lo que más se escucha en una cuadra de este pueblo, que hoy se convirtió en el epicentro de la tragedia nacional, es el sonido agudo y acompasado de las chicharras. En Sarmiento al 1000, hay sólo contando las que están del lado de afuera de la sala velatoria más de cien personas. Pese a la gran cantidad de gente, el ruido protagonista es el de las chicharras, porque el silencio retumba cuando no hay palabras. Desde hace algunas horas, la Asociación Mutual de San Cristóbal es el lugar en el que se lleva a cabo el velatorio de Ian Cabrera, el nene de 13 años que este lunes por la mañana entró a la escuela y, apenas un ratito después, fue asesinado a escopetazos por otro chico dos años mayor que él. A las 10 de la mañana de hoy, su cuerpo será trasladado al Cementerio Municipal de esta localidad, cuyo nombre resonó a lo largo y a lo ancho del país. Ahora en la vereda de la mutual hay chicharras, silencio, algunas motos que aminoran la velocidad como muestra de respeto y para mirar a quienes están acompañando a la familia del nene asesinado, y algunas bicicletas apoyadas contra las ochavas. Sin candado, como todavía quedan las puertas de muchas casas en este pueblo en el que, según el último censo nacional, viven unas 15.000 personas. Todas ellas podrían llenar (y solo en una función) el Movistar Arena. Cada algunos minutos, el silencio atronador de esta cuadra en la que el verano decidió quedarse se interrumpe porque alguien se sorbe con fuerza uno de esos llantos que vienen con angustia. Alguien convida un pañuelito o una caricia en la espalda. El silencio también se interrumpe cuando, varias veces en apenas un rato, una mamá o un papá le dicen vamos, vamos a un hijo de la edad de Ian. Un hijo que sale de la casa velatoria caminando despacito y que, probablemente, acaba de ver el primer ataúd de su vida. El de un amiguito de su tamaño. La mamá o el papá apuran el paso hasta un auto o una moto para irse lo más rápido posible de esta cuadra, y en ese apuro entran la desesperación por contener a su hijo y el horror de que el ataúd tiene su mismo tamaño. Acá pasaron muchas cosas, como en todos lados. Hace algunos años, uno se puso cada vez más violento con la ex novia, que le había dicho que ya no quería estar con él. La hostigó, la hostigó, la hostigó, y finalmente, la mató. Hace más años todavía, una mujer supo que su marido la engañaba y mató a hachazos a la amante. Pero esto es otra cosa. Estos son dos chicos: uno de 15 matando a otro de 13, nada menos que en la escuela, le dice a Infobae un nacido y criado en San Cristóbal. Por eso hoy este pueblo está triste y conmocionado, y por eso están todos ustedes acá. En la esquina de la casa velatoria, tres motos de la Guardia Urbana Municipal (GUM) con las balizas prendidas y un ploteado con el nombre del intendente dan cuenta de que esta despedida no es como todas las demás. Tampoco es una noche como las demás sobre la ruta provincial 4, el acceso principal a este pueblo. Un móvil de la Policía de Santa Fe frena a los autos que llegan, pide documentos y pregunta para qué vienen a San Cristóbal. En la cuadra de Sarmiento al 1000, algunos chicos y chicas se sientan solos en algún pedacito de vereda que les deje ver lo que pasa a su alrededor. Otros se sientan en grupos chiquitos, de a dos o tres, y hacen un rato de silencio juntos. En una esquina, uno de los niños -que tal vez tenga 14 años, tal vez 12, anda por ahí- se les impone a las chicharras y dice lo mismo que dice el silencio que ocupa toda la cuadra: ¿Cómo pudo pasar esto?. Ninguna otra cosa importa tanto ahora mismo en San Cristóbal. Ninguna otra pregunta sobrevuela tanto en el aire. A unas diez cuadras largas de la sala velatoria, cuatro globos blancos a medio inflar cuelgan de la puerta de la Escuela Normal Superior Nº 40 Mariano Moreno, donde este lunes bien temprano un alumno de 15 años abrió fuego con una escopeta, mató a Ian e hirió a otros ocho estudiantes. Ahora hay velas encendidas, otras que ya se apagaron y varios carteles que dicen lo mismo que este pueblo va a repetir apenas pueda salir del shock y del silencio: Justicia por Ian.

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