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Parana » Analisis Litoral
Fecha: 31/03/2026 00:07
Mientras el Centro de Empleados de Comercio confirma que los despidos no se detienen, en Concordia se consolida un problema estructural: la ciudad no sabe cuánto produce, cuánto consume ni hacia dónde va. Sin datos, sin planificación y sin estrategia, el ajuste vuelve a caer sobre el empleo. La crisis que ya no se puede ocultar El dato es concreto y no admite maquillaje. Entre enero y febrero se registraron cerca de 300 despidos en el sector comercial de Concordia. Marzo, lejos de revertir la tendencia, confirma que la sangría continúa. El secretario general del Centro de Empleados de Comercio, Juan José Simonetti, fue claro: De ninguna manera esto se paró a cero no vemos que vaya a mejorar la actividad. La frase no solo describe un presente complicado. Expone algo más inquietante: la falta total de horizonte. Porque detrás del no hay ventas hay una verdad más incómoda que nadie parece querer discutir en profundidad. Lo que no se dice en Concordia En Concordia no solo falta consumo. Falta información. Y sin información, lo que hay es improvisación. El comerciante promedio no sabe cuánto se vende realmente en la ciudad, qué sectores crecen o caen, cuánto dinero circula, cuál es el peso real del empleo informal ni qué políticas podrían revertir la situación. Entonces aparece el síntoma más visible: el despido. Pero el problema no empieza ahí. Empieza mucho antes. Observación incómoda: prácticas que también empujan la caída Hay un punto que el propio sector comercial evita revisar y que empieza a generar rechazo en los consumidores. Muchos comercios siguen recargando las compras con tarjeta con porcentajes heredados de etapas inflacionarias mucho más agudas. A eso se le suman recargos en cuotas con valores que resultan, en muchos casos, excesivos. Incluso el pago con tarjeta de crédito en un solo pago suele tener sobreprecios cercanos al 20%, cuando en otras ciudades cercanas estas prácticas ya se corrigieron o directamente desaparecieron. El mensaje que recibe el cliente es claro: pagar financiado o incluso pagar con tarjeta sigue siendo penalizado. A esto se suma otro problema más silencioso pero igual de determinante: la falta de fidelización. En Concordia cuesta encontrar comercios que cuiden al cliente, que generen vínculo, que premien la continuidad o que tengan políticas de atención sostenidas. En un contexto de caída del consumo, no alcanza con esperar que el cliente entre. Hay que construir razones para que vuelva. Y hoy, en muchos casos, eso no está ocurriendo. Una ciudad grande pero estructuralmente pobre Concordia arrastra una contradicción que ninguna gestión logró resolver: es una de las ciudades más importantes de Entre Ríos, pero también una de las más pobres. Esa combinación genera un mercado interno débil, extremadamente dependiente de salarios públicos, asistencia estatal y economía informal. Cuando alguno de esos motores se desacelera, el impacto es inmediato. Y el comercio, como último eslabón, lo sufre primero. El gran vacío económico: nadie mide nada En economía moderna hay una regla básica: lo que no se mide, no se puede corregir. En Concordia no existe un cálculo serio del PBI local, no hay un observatorio económico activo ni indicadores públicos confiables. La ciudad funciona sin tablero de control. Como manejar un auto sin velocímetro, sin nivel de combustible y sin GPS. Ciudades que sí entendieron cómo anticiparse Algunas ciudades decidieron no improvisar más y construir herramientas para entender su propia economía. En Rafaela se desarrolló un sistema local de información económica que articula sector público, privado y académico, permitiendo anticipar crisis y sostener el empleo. En Bahía Blanca un observatorio económico genera informes constantes sobre actividad comercial e industrial, aportando previsibilidad. En Mendoza la estrategia fue diversificar la economía para no depender de un solo sector, combinando industria, turismo y conocimiento. A nivel internacional, los ejemplos son aún más claros. Medellín transformó su modelo a partir de la innovación y el uso de datos abiertos para la toma de decisiones. Bilbao logró reconvertirse tras una profunda crisis industrial mediante planificación estratégica y desarrollo urbano. Curitiba hizo de la planificación y la información un eje central de su crecimiento sostenido. El problema de fondo en Concordia Mientras tanto, en Concordia se sigue discutiendo si el problema es la inflación, el gobierno de turno o la caída del consumo. Pero se evita una discusión más profunda: no hay diagnóstico porque no hay datos. Entonces todo se vuelve reactivo. Cuando baja el consumo se despide. Cuando cae la actividad se ajusta. Cuando no alcanza se espera. Y así, el ciclo se repite. Una herramienta posible y urgente Un Observatorio Económico Local no es una utopía ni una inversión millonaria. Permitirá medir el consumo real por rubros, estimar el PBI local, analizar el empleo formal e informal, detectar sectores en crecimiento o caída y generar información pública para comerciantes e inversores. No resolvería todo, pero cambiaría algo fundamental: pasar de la intuición a la evidencia. El costo de seguir sin rumbo Hoy el comerciante siente que no vende. El trabajador teme perder su empleo. El empresario no invierte. Y el Estado administra la coyuntura. Pero sin información, sin planificación y sin una estrategia clara, el resultado es siempre el mismo: el ajuste recae sobre el eslabón más débil. Conclusión Concordia no está solo en crisis. Está desorientada. Mientras otras ciudades aprendieron a leer sus propios números para anticiparse a los problemas, acá se sigue reaccionando cuando el daño ya está hecho. Los despidos en el comercio no son el problema de fondo. Son la consecuencia. Pero también empieza a emerger otra pregunta incómoda hacia adentro del propio sector: ¿cuánto de esta caída responde solo al contexto y cuánto a prácticas que ya no se sostienen? La pregunta final queda abierta. ¿Cuánto más puede resistir una ciudad que no sabe cómo funciona su propia economía?
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