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  • ¿Faltarán huevos? El dato que enciende la alarma en plena crisis por gripe aviar

    » TN

    Fecha: 30/03/2026 14:38

    La cadena avícola argentina atraviesa un momento de alta tensión sanitaria y económica. La reaparición de casos de Influenza Aviar Altamente Patógena (IAAP) volvió a encender las alarmas en un sector que, lejos de encontrar estabilidad, advierte por un escenario cada vez más frágil. Desde la Cámara Argentina de Productores Avícolas (CAPIA) aseguran que la situación ya no admite dilaciones y reclaman la implementación urgente de un esquema de vacunación que permita contener el avance del virus. El planteo no es nuevo, pero en las últimas semanas ganó fuerza tras la confirmación de brotes en establecimientos comerciales, lo que derivó en la pérdida del estatus sanitario internacional y en la reactivación de protocolos de emergencia. Las granjas de postura, en el centro del impacto sanitario y económico Para los actores del sector, el problema excede lo sanitario y se instala de lleno en el terreno económico: cada foco implica el sacrificio total de las aves y la paralización inmediata de la producción. En ese contexto, el presidente ejecutivo de CAPIA, Javier Prida, advirtió que los productores enfrentan un escenario de total vulnerabilidad. Señaló que, ante la aparición de la enfermedad, no existen mecanismos de compensación económica, lo que deja a los establecimientos expuestos a pérdidas absolutas. La eliminación de planteles completos no solo impacta en el capital de trabajo, sino que compromete la continuidad de la actividad. Leé también: Impulsan cultivos para biocombustible aeronáutico con fuerte potencial en Argentina El esquema sanitario vigente responde a lineamientos internacionales que priorizan el control estricto del virus para sostener los mercados externos. Sin embargo, desde la entidad remarcan una fuerte desproporción: más del 94% de la producción de huevos se destina al consumo interno, mientras que una porción menor se orienta a la exportación. Esta ecuación, sostienen, deja en evidencia que el sistema actual protege una fracción reducida del negocio en detrimento del grueso de la actividad. La aplicación de medidas dispuestas por el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) implica que, ante cada detección, se ordene el sacrificio total de las aves para evitar la propagación. Si bien la decisión busca contener el virus, su impacto es inmediato y profundo. A esto se suma la ausencia de herramientas financieras que amortigüen el golpe, lo que acelera el deterioro de muchas granjas. Leé también: El alza del gasoil tensiona al transporte de granos y pone en jaque al sistema de cargas El problema adquiere mayor dimensión en el segmento de producción de huevos. A diferencia de los pollos parrilleros, cuya rotación es más rápida, las gallinas ponedoras permanecen largos períodos dentro del sistema productivo. Esto implica que, ante un brote, no solo se pierde el stock, sino también el tiempo invertido en la formación del plantel, lo que dificulta cualquier recuperación en el corto plazo. Desde el sector advirtieron que esta dinámica genera un efecto dominó. La caída de establecimientos repercute en el empleo, en los proveedores y, eventualmente, en el abastecimiento del mercado interno. Aunque por el momento no se registran faltantes generalizados, el temor es que una sucesión de brotes pueda tensionar la oferta y trasladar el impacto a los precios. Leé también: Es momento de profundizar el alivio fiscal, el pedido que crece en el campo Frente a este escenario, CAPIA insiste en la necesidad de revisar la estrategia sanitaria. La propuesta apunta a avanzar hacia un modelo que incluya la vacunación en aves de ciclo largo, complementado con esquemas de regionalización y compartimentación. De esta manera, aseguran, sería posible reducir el riesgo en la mayor parte del sistema sin resignar los mercados internacionales. La discusión, sin embargo, no es sencilla. Las normas establecidas por la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA) condicionan las decisiones locales, especialmente en lo que respecta al comercio exterior. Aun así, varios países ya comenzaron a adaptar sus políticas para convivir con el virus sin detener la producción, un antecedente que el sector argentino mira con atención. Leé también:Inédito: multan a un buque extranjero por pesca ilegal en aguas argentinas, con nuevo método tecnológico Mientras tanto, en las granjas el clima es de incertidumbre. Productores y trabajadores siguen de cerca cada novedad sanitaria, conscientes de que un solo caso puede definir el futuro de años de inversión. En ese marco, el reclamo por un cambio de enfoque gana volumen y se instala como uno de los ejes centrales para la supervivencia de la actividad. La advertencia es clara: sin medidas que contemplen la realidad productiva local, el impacto de la enfermedad podría profundizarse. Y con él, también el riesgo de que una parte del entramado avícola argentino comience a desaparecer.

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