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» La Nacion
Fecha: 30/03/2026 11:27
El clásico de Metallica que esconde un trauma de infancia, el dolor por la muerte de una madre y el dios que la abandonó Para febrero de 1980, cuando el cáncer termino con su vida, Cynthia Bassett Hetfield tenía 50 años. Y su hijo, James Hetfield, 16. Desde aquel día, el muchacho rumió entre dientes una canción que tomó forma recién a principios de los noventa, cuando quedó grabada en un álbum de Metallica, ese grupo que James encabezaba y aún lidera. El tema en cuestión, The God That Failed, que se publicó en 1991, en el quinto álbum de la banda, no se refería puntualmente a la enfermedad que terminó con la vida de su madre sino a aquello que no le permitió curarse con métodos convencionales de la medicina tradicional. James nació en California, el 3 de agosto de 1963. Apenas terminó el colegio se asoció para un proyecto musical con el danés Lars Ulrich, que había llegado con su familia a los Estados Unidos, desde Dinamarca. Fue un año después de la muerte de la madre de Hetfield que los muchachos decidieron juntarse a tocar. Y crearon esa que terminó convertida en una de las bandas más famosas del metal. El grupo, además de haberle generado algún tipo de contención tras aquella muerte, seguramente fue para Hetfield una especie de rebelión ante esos mandatos familiares que fueron marcados por sus padres dentro de la Ciencia Cristiana, corriente religiosa con una visión muy particular de esta fe. Para la década del noventa, Hetfield ya era la cara visible de una banda muy famosa y vivía alineado a los excesos de las estrellas del rock. De hecho, sus problemas con el alcohol lo llevaron a suspender giras como la que, en 1993, traería a la banda a la Argentina. En ese tiempo, uno de sus pilares fue la argentina Francesca Tomasi, a quien conoció como parte de las producciones de la banda al momento de salir de gira y con quien estuvo casado entre 1997 y 2022. Es la madre de sus tres hijos. Durante una entrevista, Hetfield aseguró: Ella se ha quedado conmigo a través de todos los infiernos. Supe que había llegado a mi vida para ayudarme. El miedo es un gran motivador: tengo traumas de abandono porque ya tuve una familia que se desintegró. No quería que me volviera a pasar. Aquella familia que se había desintegrado era la de la década del setenta, primero con el divorcio de sus padres y luego con la muerte de su madre, quien por sus creencias religiosas no quiso recibir la asistencia médica tradicional que, por aquel tiempo, se ofrecía a los enfermos de cáncer. Los padres de James eran acólitos de la Iglesia de Cristo Científico, que había sido fundada en Boston, en 1879, por Mary Baker Eddy, autora de libros como Ciencia y salud con claves de las Escrituras. Una de sus principales consignas era la de conmemorar la palabra y las obras de Jesús y restablecer el cristianismo primitivo y su elemento de sanación perdido. En realidad, la penúltima palabra de esa frase era la verdadera clave. La prehistoria de la Iglesia de Cristo Científico Eddy nació como Mary Morse Baker, el 16 de julio de 1821. Fue la menor de seis hermanos, de una familia de granjeros de New Hampshire. Ya desde muy niña se enfermaba repentinamente sin que los conocimientos médicos de la época pudieran dar con las causas de sus afecciones. La formación religiosa estuvo muy marcada por la fe y las convicciones de su padre, Mark Baker, calvinista que era miembro de la Iglesia Congregacionalista. Pero Eddy nunca se llevó bien con su padre; sus discusiones eran constantes. Por otro lado, las muertes por causas de salud fueron una marca imborrable en aquellas primeras décadas de vida. En 1841 murió su hermano mayor, Albert. Tres años después, su primer esposo, George Washington Glover, el mismo año en que nació el único hijo de Eddy. A finales de 1849 murió su madre y, semanas después, el abogado John Bartlett, con quien Eddy pensaba casarse. Para 1866, vivía en Massachussets. Una fría noche de invierno resbaló en el hielo que se había acumulado en la vereda y terminó en el suelo con varias fracturas. Su mejor terapia de recuperación fueron las Sagradas Escrituras. Leyendo palabras que remitían a Jesús sintió que ella misma estaba siendo curada. Rechazó la medicina que le daban y, aferrada a la Biblia, se curó completamente. En los siguientes años estuvo ligada al espiritismo -aunque no fue la corriente que finalmente abrazó para fundar una nueva iglesia- y a los conceptos del mentalista, curandero y mesmerista Phineas Parkhurst Quimby. La primera iglesia fue fundada en Boston, por Eddy, en 1879. Su piedra basal es la práctica de la oración como elemento de sanación en lugar del uso de la medicina tradicional. El trabajo de la Ciencia Cristiana se afincó en diferentes países (la mayor cantidad de fieles e iglesias se encuentra en los Estados Unidos), tuvo momentos de auge gracias al crecimiento de adeptos, gracias a la prédica en gráficos hasta los audiovisuales, a los que llegó durante la segunda mitad del siglo pasado. En 1936 tenía más de 270.000 miembros y era la religión de más rápido crecimiento en los Estados Unidos. Su fundadora insistió con la idea de un retorno al cristianismo primitivo y su elemento de sanación perdido. De ahí que sus seguidores adhieran a una forma radical de idealismo filosófico, creyendo que la realidad es puramente espiritual y el mundo, materia de una ilusión. De ahí que una enfermedad pueda ser considerada más como una cuestión mental que como un trastorno físico. Si bien profesar el culto no implica la renuncia efectiva a la atención médica, se sostiene la idea de que la oración de la Ciencia Cristiana es más efectiva cuando no está combinada con algún tipo de medicina. Sin embargo, y aunque su práctica no exigía el rechazo de la medicina tradicional, durante las últimas décadas del siglo pasado hubo grandes dilemas éticos planteados a partir de algunos casos concretos. Hubo padres y madres que, por seguir esta creencia, no le dieron a sus hijos, que finalmente murieron, una atención hospitalaria y eso generó una gran controversia, al punto de haber sido acusados de homicidio involuntario o asesinato. La voluntad de Cynthia, madre de James, no incidió sobre otra persona sino sobre su propia vida. Sin embargo, de algún modo generó un tipo de trauma que su hijo quizá intentó canalizar del modo que mejor sabía, en forma de canción. La mano sanadora detenida por el clavo más profundo. Sigue al Dios que falló. Encuentra tu paz, encuentra tu voz. Encuentra el camino fácil en tu camino.
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