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    Parana » Analisis Litoral

    Fecha: 29/03/2026 23:36

    No se trata de confundir desesperación con necesidad. Se trata, en todo caso, de dejar de disfrazar la necesidad de cambio con la desesperación de sostener lo que ya fracasó. El peronismo entrerriano atraviesa una de esas crisis que no se resuelven con comunicados, ni con expulsiones selectivas, ni con descargos jurídicos prolijos. Porque lo que está en discusión no es una conducta individual: es un sistema entero que empieza a hacer agua por todos lados. Y en ese contexto, el descargo de Carolina Gaillard y las declaraciones incendiarias de Daniel Rossi no son más que síntomas de algo más profundo: la implosión de una estructura que hace tiempo dejó de representar a quienes dice defender. Lo que no se quiere decir Durante años, una parte del peronismo utilizó el sello partidario no como herramienta de transformación social, sino como vehículo de ascenso personal. No todos. Pero sí los suficientes como para vaciar de contenido una identidad histórica. Gobernaron. Tuvieron poder. Tuvieron recursos. Y sin embargo, en ciudades como Concordia epicentro de la pobreza estructural en la provincia la realidad no cambió en lo esencial. Entonces, la pregunta incómoda es inevitable: ¿qué legitimidad tienen hoy para volver a ofrecerse como solución? Ficha limpia: el mínimo indispensable En ese marco, la discusión sobre la ficha limpia deja de ser una consigna importada o una bandera coyuntural. Pasa a ser una condición básica. Porque si un espacio político no puede garantizar que sus candidatos no arrastren causas judiciales o sospechas graves sin esclarecer, entonces no está en condiciones de pedir confianza. No es una exigencia exagerada. Es lo mínimo. Y sin embargo, dentro del PJ entrerriano, ese debate aparece diluido, relativizado o directamente esquivado. Mientras se aceleran sanciones contra algunos, se silencian antecedentes de otros. La famosa doble vara que hoy denuncian desde distintos sectores no hace más que profundizar la desconfianza. Internas o simulacro El planteo de Gaillard vuelve a poner el dedo en otra herida: la ausencia de internas reales. No como formalidad, sino como mecanismo genuino de competencia. Cuando las listas se arman entre pocos, cuando el dedo reemplaza al voto, cuando la participación se convierte en una ficción, lo que se genera no es unidad: es expulsión. Y eso ya está pasando. Concejales, dirigentes territoriales y sectores juveniles empiezan a marcar la cancha. La llamada rebelión desde abajo no es un gesto épico: es una reacción lógica frente a un esquema que dejó de contener. Porque cuando no hay lugar adentro, la política se organiza afuera. La hipocresía del disciplinamiento Uno de los puntos más delicados de esta crisis es el uso del aparato partidario para disciplinar disidencias. Se castiga con rapidez a quienes rompen el esquema, pero se toleraron durante años decisiones políticas mucho más graves sin consecuencias internas. El caso de Edgardo Kueider, mencionado en los debates recientes, aparece como ejemplo de esa selectividad. Lo mismo ocurre con votaciones clave durante la gestión de Gustavo Bordet, donde el silencio partidario fue la norma. Entonces, la pregunta vuelve a ser incómoda: ¿se sanciona por principios o por conveniencia? Concordia como espejo incómodo Mientras tanto, en Concordia la segunda ciudad más importante de la provincia el peronismo intenta reordenarse de cara a 2027. Nombres conocidos. Reuniones reservadas. Diagnósticos repetidos. Pero hay un dato que no entra en ninguna rosca: la gente ya no es la misma. Hay una generación sobre todo jóvenes que no vivió las viejas lealtades partidarias y que empieza a mirar con desconfianza a quienes administraron la pobreza durante años. Y hay otra, más golpeada, que directamente dejó de creer. A esos sectores no se los convence con unidad declamada ni con candidaturas de consenso entre los mismos de siempre. Se los interpela con hechos. Y con ética. Los que se apropiaron de los sueños Acá está el núcleo de la cuestión. El peronismo nació como una herramienta de los más humildes. Pero en muchos casos, terminó siendo utilizado por dirigentes que se apropiaron literalmente de esas esperanzas. Prometieron movilidad social y dejaron dependencia. Prometieron inclusión y consolidaron estructuras cerradas. Prometieron representación y construyeron privilegios. Y ahora, cuando la sociedad empieza a pasar factura, la respuesta no puede ser cerrar filas ni perseguir disidentes. Tiene que ser mucho más profunda. La encrucijada El PJ entrerriano está ante una disyuntiva que no admite maquillaje: - O abre el juego, transparenta sus reglas y se somete a una renovación real (con ficha limpia incluida), - o insiste en un esquema agotado que puede garantizar control interno, pero no competitividad electoral. Porque la unidad sin legitimidad no es fortaleza. Es una tregua frágil. Y porque el verdadero riesgo no es la interna. Es llegar a la sociedad sin credibilidad. La política puede tolerar errores. Lo que ya no tolera la sociedad es la impunidad disfrazada de conducción. Y en Entre Ríos como en muchos otros lugares esa paciencia se terminó. La pregunta no es quién va a ser candidato en 2027. La pregunta es si el peronismo va a animarse a cambiar de verdad o si va a seguir administrando su propia decadencia. Giano, Cresto y la dirigencia provincial confían en que pueden recuperar la ciudad. Creen que la tendencia negativa del Gobierno derramará sobre Azcué. Fuente : Redacción Análisis Litoral

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