Contacto

×
  • +54 343 4178845

  • bcuadra@examedia.com.ar

  • Entre Ríos, Argentina

  • Libros prohibidos por la dictadura (Última parte)

    Concordia » Diario Junio

    Fecha: 29/03/2026 10:57

    Yo lo viví una vez cuando, volviendo a Concordia de unas vacaciones en Rosario, donde estudiaba, vi emerger de la tierra del amplio fondo de mi casa, como si fueran topos escondidos durante décadas, obras de Marx, Freud, Lenin, novelas de Jorge Amado, de Dostoievski, biografías de Aníbal Ponce y otras joyas. Sería el año 89/90, creo, y ese hecho resignificó aún más profundamente, en mi juventud ignorante por el silenciamiento, mi mirada sobre nuestra historia, sobre esa Verdad que fueron revelando con coraje Madres y Abuelas. Yo me propuse, en el mes de la Memoria, dedicar cada domingo, en este diario, una reflexión sobre una obra literaria prohibida por la dictadura cívico-militar. La selección es bien difícil porque fueron miles los libros que no se podían leer e incluso que fueron quemados por los personeros del terrorismo de Estado. Pensé terminar con Manuel Puig, el múltiple exiliado: después de Boquitas pintadas fue exiliado de su pueblo, General Villegas, porque describió en esa novela fabulosa las pasiones ocultas del lugar. Incluso cuando fue llevada al cine, no pudo proyectarse en esa localidad, con amenazas de bomba, y sus vecinos iban a las ciudades cercanas para verla. Fue exiliado de su inscripción en el boom latinoamericano porque, si bien estaba a la altura de Cortázar, Vargas Llosa o García Márquez, muchos creen que, por su homosexualidad, no cuadraba en la imagen que requería el mercado, por lo cual no fue incluido ni tuvo los mismos reconocimientos que los otros escritores. Sus magníficas obras son de avanzada respecto a una lúcida crítica al machismo y la discriminación. En el 75, la Triple A censura The Buenos Aires Affair. Manuel Puig está en México y se queda allí exiliado cuando la dictadura prohíbe ya todas sus obras. No regresa al país. Pensé también en Cortázar, cuya obra fue considerada subversiva por la dictadura, en relatos que reflejaban la siniestra realidad de las desapariciones que superaban la ficción, como los cuentos Grafiti o Segunda vez. Sin embargo, creo que hay una obra aún más representativa porque ha sido desgraciada, además de por los genocidas, por todos los autoritarios que han intentado silenciar y ocultar la sangrienta historia argentina, incluso durante las democracias. Me refiero a La Patagonia rebelde, de Osvaldo Bayer, que describe los fusilamientos de los obreros patagónicos por el Ejército Argentino durante el gobierno de Yrigoyen, en 1921/22, como expresión de la brutal represión de la huelga de peones afiliados al anarquismo por pretender exiguas reivindicaciones. Es un libro monumental que saca a la luz, a través de una investigación rigurosísima, la más cruel matanza que el poder económico y el Estado argentino realizaron sobre los trabajadores. Bayer escribe el libro por partes, la última ya exiliado en Alemania, en 1978. A su vez, se traduce en una película dirigida por Héctor Olivera y protagonizada por notables actores, como Héctor Alterio, Luis Brandoni y Federico Luppi. Ambas expresiones tienen un destino de persecución y censura. El filme es prohibido por Perón en 1974 en una primera instancia, para luego retractarse y autorizar su proyección. Finalmente, la Triple A, a la muerte de Perón, censura libro y película. La dictadura le agrega la quema de los ejemplares en Córdoba, bajo las órdenes del represor Luciano Benjamín Menéndez, ejecutada por Jorge Gorleri, quien fuera ascendido durante el gobierno de Raúl Alfonsín, pese a la queja explícita que el autor de La Patagonia rebelde manifestara al primer presidente de la flamante democracia. El año pasado, como parte de los actos de desagravio a la destrucción del monumento a Bayer en Santa Cruz, proyectamos, junto a los profesores de la institución, la película La Patagonia rebelde para los alumnos del profesorado de Ciencias Sociales de Concordia. Me sorprendió gratamente la atención, la curiosidad y el deseo de saber que suscitó en los jóvenes este episodio triste e injusto de la masacre contra la clase trabajadora en la Argentina, como un hito luctuoso en su larga lucha por la emancipación. En esa historia de rebeldía contra la opresión y las injusticias de los dueños de la tierra, ejecutada con la complicidad de muchos, las únicas heroínas que demostraron una dignidad extraordinaria fueron, según lo narra maravillosamente Bayer, las pupilas del prostíbulo La Catalana de San Julián, quienes se negaron a acostarse con los soldados que venían a sacarse las tensiones después de haber fusilado a 1500 obreros a sangre fría. Al grito de con asesinos no nos acostamos, los sacaron a escobazos, pagando con cárcel su gesto de resistencia. Fue, como dice Bayer, el único gesto de dignidad ante tanta degradación: Jamás creció una flor en la tumba masiva de los fusilados; solo piedra, mata negra y el eterno viento patagónico. Están tapados por el silencio de todos, por el miedo de todos. Solo encontramos esta flor, este gesto, esta reacción de las pupilas del prostíbulo La Catalana el 27 de febrero de 1922. El único homenaje a tantos obreros fusilados.

    Ver noticia original

    También te puede interesar

  • Examedia © 2024

    Desarrollado por