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Parana » Uno
Fecha: 29/03/2026 10:32
En un mundo dominado por lo desechable, el silbido de una armónica anuncia por las calles de los barrios paranaenses que el oficio de afilador sigue más vivo que nunca. Ramón Godoy, de 57 años, es uno de los últimos tres exponentes de este rubro en la capital entrerriana, una labor que no solo considera un orgullo personal, sino que fue el pilar fundamental con el que crió a su familia durante tres décadas y media. Ramón Godoy, el guardián del filo en las calles de Paraná Con 35 años recorriendo los barrios, el vecino de La Floresta mantiene viva una tradición que aprendió tras ser despedido en los 90. Con orgullo, cuenta cómo su bicicleta adaptada permitió que sus tres hijos se convirtieran en profesionales Una vida forjada al calor de la necesidad Oriundo de Alcaraz, Ramón Godoy llegó a la capital provincial a los 14 años ante la falta de trabajo en el campo. Sin embargo, su destino se selló en San Nicolás en 1990 cuando, tras ser despedido de la fábrica Somisa, un amigo le entregó un legado que cambiaría su vida: "Yo te voy a enseñar un oficio del que nunca te vas a morir de hambre". Bajo la guía de su maestro, el recordado Raúl Soriano, perfeccionó a los 21 años la técnica que hoy despliega recorriendo las calles con su bicicleta adaptada. Su herramienta de trabajo cuenta con un ingenioso sistema donde las piedras se conectan por un hilo a una pequeña llanta interna que gira al ritmo del pedaleo. Este mecanismo le permite alternar entre una "piedra de medir" para acabados finos y una piedra más gruesa para el desgaste inicial, además de utilizar una lija especial para herramientas delicadas como tijeras de peluquería o costura. Ramón defiende la vigencia de su esmeril y sus piedras (las cuales manda a fabricar especialmente) convencido de que, al igual que la carpintería o la tapicería, este es un rubro vital. Radicado actualmente en el barrio La Floresta, Ramón lleva 35 años en el oficio, labor que le permitió sostener a su esposa Graciela y criar a sus tres hijos: Nicolás de 37 años, Leylen de 34 y Enzo de 27 . Con profunda satisfacción, destacó que gracias a su trabajo hoy ellos son profesionales, incluyendo una hija policía y un hijo que estudia Ingeniería Bioinformática. Con el "orgullo de oficio" como motor, Ramón mantiene viva una tradición artesanal que espera que nunca se pierda Un oficio de precisión y secretos A pesar de la crisis económica, Ramón aseguró que tiene mucho trabajo, incluso de clientes que vienen desde Buenos Aires para confiarle sus herramientas. "Un buen cuchillo es caro, y la gente prefiere mantenerlo", explicó durante su charla con UNO. Su técnica es minuciosa: utiliza piedras para el desbaste grueso y lijas especiales para dar un filo preciso a tijeras de peluquería o costura, que requieren un corte exacto para no dañar las telas. El experto también compartió secretos para el mantenimiento del hogar: *No lavar con agua caliente: El calor puede destemplar el acero del cuchillo. *Limpieza simple: Basta con una servilleta o un poco de agua fría. *Cuidado con la lechuga: Ramón advirtió que el ácido de la lechuga es más fuerte incluso que el de la cebolla y recomendó cortarla con la mano para no perjudicar el filo. El desafío de los zurdos La maestría de Ramón se pone a prueba con pedidos que requieren un conocimiento profundo de la física del corte. Uno de los diálogos más recurrentes con sus clientes surge ante la necesidad de herramientas adaptadas: "Hay gente que se acerca y me pregunta: '¿Me lo podés afilar para zurdo?', porque a la otra hoja se le da un filo distinto", explicó Ramón. "La tijera de zurdo es totalmente diferente a la tijera común; si vos agarrás una de esas para intentar cortar con la mano derecha, directamente no corta. Con los cuchillos pasa lo mismo, tienen otro tipo de corte según la mano que se use, y por eso hay que saber darles el ángulo exacto para que les rinda". Para lograr esta exactitud, Ramón utiliza una "piedra de medir" para acabados finos y una piedra más gruesa para el desbaste inicial, además de lijas especiales de madera para tijeras de costura, evitando así que el metal dañe las telas. El costo estándar para afilar un cuchillo es de 10,000 pesos. Sin embargo, Ramón suele ofrecer precios especiales o "combos" cuando los clientes le entregan varias piezas a la vez: por ejemplo, menciona que puede cobrar 15.000 pesos por dos cuchillos o 25.000 pesos por tres unidades. Ramón insistió en que, a pesar de los contextos de crisis, mantiene una alta demanda de trabajo porque "un buen cuchillo es caro" y los clientes prefieren invertir en su mantenimiento antes que descartarlo. Su oficio es tan valorado que incluso personas de Buenos Aires aprovechan sus vacaciones en Paraná para llevarle sus herramientas, y en jornadas de gran actividad, como los fines de semana largos, ha llegado a recaudar hasta 190.000 pesos en un solo día La resistencia de los "Tres Ramones" El panorama del oficio cambió drásticamente. Mientras que en el año 2000 había cerca de doce afiladores en la ciudad, hoy solo quedan tres que afilan a pedal, y curiosamente, todos se llaman Ramón. Ramón Godoy complementa su labor diaria con un empleo municipal en la feria de Salta y Nogoyá, pero reconoce que su oficio de afilador es su mayor fuente de ingresos, especialmente durante los fines de semana largos, cuando puede llegar a recaudar sumas significativas trabajando con médicos, jueces y asadores. Para Ramón, cada afilador tiene su propio lenguaje musical a través de la flauta o armónica: "Mis clientes ya conocen mi sonido; dicen 'ahí viene Ramón, Moncho, el Pelado' y es porque cada uno, para diferenciarse, hace el sonido más corto o más largo, por ejemplo". Para comunicarse con Ramón: (0343) 5440047. Aunque la tecnología avance, este "orgullo de oficio" parece tener futuro asegurado; su hijo menor ya muestra interés en aprender la técnica, garantizando que el característico sonido de la piedra rozando el metal no desaparezca de las calles de Paraná. .
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