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  • El miedo en la decadencia de Occidente

    Parana » AIM Digital

    Fecha: 29/03/2026 10:06

    La mente de Nicolás Maquiavelo era excepcionalmente clara, capaz de separar el núcleo de los asuntos sociales y políticos de la hojarasca que habitualmente los envuelve. En "El Príncipe" subraya la función del miedo, uno de los "gigantes del alma": es un instrumento político que, bien usado, regula la conducta de los hombres de modo que obliga a ser virtuosos a los que no lo son y a mantenerse virtuosos a los que ya lo eran. Para Maquiavelo la virtud es el conjunto de atributos que permiten a un guerrero o un político lograr y mantener el poder; el hombre virtuoso no es el moralmente bueno sino el astuto, fuerte y hábil, capaz de adaptarse a la circunstancias y de combinar la astucia del zorro en la política con la ferocidad del león en la guerra. El historiador francés Jean Delumeau ratificó mucho después la función social del miedo en las sociedades escindidas, donde el grupo que detenta el poder necesita mantener pacíficos, sujetos y obedientes a los otros: "los miedos van cambiando, pero el miedo permanece". Es decir, se adapta a las veleidades de la fortuna de modo de sobrenadar los cambios. Hasta el siglo pasado las desgracias eran causadas principalmente por la naturaleza, el hambre, el frío, los terremotos, las inundaciones, los incendios, el hambre, y por epidemias como el cólera, la tuberculosis, la sífilis. En la primera mitad del siglo XX los hombres debieron soportar las grandes guerras, la muerte en gran escala, los éxodos y las destrucciones masivas, las persecuciones, los campos de exterminio. Desde Hiroshima hay preocupación por el apocalipsis nuclear, revivido por la explosión de Chernobil y por las amenazas explícitas en la guerra en curso en el golfo Pérsico. Desde hace algunas décadas los miedos son de origen económico y social (desempleo, precariedades, despidos masivos, desahucios, nuevas pobrezas, inmigración, desastres bursátiles, deflación), y sanitarios (virus, fiebres hemorrágicas, gripe aviar, chikungunya, zika) o y ecológicos (desajustes climáticos, transformaciones profundas del medio ambiente, mega-incendios incontrolados, contaminaciones, poluciones del aire). La crisis financiera, el desempleo masivo, el final de las soberanías nacionales como surgieron de la paz de Westfalia, la desaparición de las fronteras, el multiculturalismo y el desmantelamiento del estado de bienestar provocan pérdida de referencias y de identidad. La crisis adelanta el fin del poder de occidente en el mundo, que se inició con la colonización de América-Abya Yala. En Europa, transformada desde el Renacimiento en potencia a partir de un rincón pobre y aislado de un mundo centrado en la China y la India, crece la sensación de estar amenazados por fuerzas que los gobiernos ya no controlan. Nuevos hechos provocan miedos nuevos pero el miedo permanece. La podredumbre es aprovechada por la extrema derecha política, que obtiene triunfos electorales como en el Brasil, la Argentina y Chile acompañados del derrumbe de los partidos históricos. Los ciudadanos se sienten abandonados por sus gobernantes, en los que habían depositado una confianza irreflexiva avalada por la academia, que se sostuvo mientras la situación parecía aceptable. La incertidumbre es mal tolerada por casi todos los acostumbrados a una rutina empobrecedora pero confortable. Les parece que el mundo se volvió opaco, incomprensible, y que la historia escapa a cualquier control. Los gobernantes, tanto de derecha como de izquierda, aparecen en los medios de divulgación de ideologías como especuladores, tramposos, mentirosos, cínicos, ladrones y corruptos: la "casta". Otro observador excepcionalmente lúcido, Alexis de Toqueville, notó: " puesto que el pasado ha dejado de aclarar el futuro, la mente camina entre las tinieblas y es sabido que de las tinieblas la imaginación recalentada por el miedo suele ver salir los monstruos más horribles. Entonces del caldo de amenazas y resentimiento surgen los demagogos, como para los antiguos surgían los renacuajos de la inmundicia. Hay discursos políticos dramáticos que despiertan la preocupación y la angustia de los electores. Durante las campañas electorales los políticos recurren al instinto de conservación de los individuos. Manipulan a los votantes con nuevas formas de miedo, que cambia pero no desaparecen. En esta materia el populismo, forma nueva del engaño "democrático", es experto en blandir amenazas sobre la seguridad y el bienestar de los votantes, un ganado que cuidan para asegurarse los réditos. Los populistas amplifican y dramatizan los peligros proponiendo ilusiones para superarlos; aprovechan que una vez cultivado, las promesas captan las preferencias de los que el pánico atenaza. De la Redacción de AIM.

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