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  • Cómo aprender a gestionar los chats familiares antes de que ocasionen caos y pérdida de vínculos

    » TN

    Fecha: 29/03/2026 05:47

    Todos tenemos algunos grupos de WhatsApp que son como espacios virtuales en los que compartimos chats con familiares noticias, fotografías, memes, chistes y otras curiosidades que, a veces, solo hacen gracia si pertenecemos a ese clan. En teoría, se trata de espacios seguros, neutros y para todos los públicos, pero en la práctica estos chats pueden ser diferentes. Las relaciones familiares son importantes para la mayoría de la gente y ese es el problema: son una motivación a la hora de seguir protocolos sociales y responder cuando se requiere, lo cual crea una sensación de presión que podría no existir en una relación con un extraño, asegura el psicólogo estadounidense Mark Dombeck. El experto señala: Cuando la gente entra en nuestro territorio y es poco respetuosa, tenemos derecho a defendernos. La aserción es la piedra angular, el punto de equilibrio entre la agresión y la pasividad. Un espacio cotidiano Pese a que los chats familiares nacieron como un espacio de encuentro cotidiano, en muchos hogares se transformaron en un escenario de tensión permanente. La exposición continua a opiniones diferentes (de fútbol o política por ejemplo), la inmediatez de los mensajes y la ausencia de matices emocionales convierten estos grupos en un terreno fértil para el conflicto. Lo que hace especialmente delicada esta situación es que no se trata de un intercambio neutral. En los chats familiares, no solo se comunican ideas: se activan vínculos, roles antiguos y emociones profundas. Por eso, para muchas personas, abrir el chat genera ansiedad, enojo o un desgaste emocional difícil de explicar, pero profundamente real, advierte María Jesús Nieto Jiménez, psicoterapeuta familiar española. Cuando en el chat familiar irrumpen posturas políticas opuestas, el verdadero problema no suele estar en el contenido del mensaje, sino en algo mucho más profundo: la necesidad de pertenecer. Desde una mirada sistémica, lo que se activa no es solo una diferencia de opinión, sino el deseo de sentirse escuchado, respetado y validado dentro del propio clan y, si no nos gusta, no es fácil irse sin causar un drama. El error más frecuente es responder como si se tratara de un debate público. En la familia no se discuten solo ideas: se ponen en riesgo identidades, lealtades y posiciones relacionales construidas a lo largo del tiempo. Por eso, intentar convencer suele intensificar el conflicto. Una estrategia clave es redefinir el objetivo interno: pasar de defender mi postura a proteger el vínculo y mi equilibrio emocional, dice la experta, quien añade que, las estrategias para no salir heridos pasan por no responder, cambiar de tema o acordar que ciertos asuntos queden fuera del grupo. Desacuerdos y comentarios Donde hay confianza, a veces es fácil soltar barbaridades de las que no hay vuelta atrás. Cuando el desacuerdo se vuelve personal y aparecen comentarios despectivos u ofensivos, se activan emociones intensas como rabia, tristeza o vergüenza. Callar siempre puede parecer una solución para evitar problemas, pero suele generar un malestar silencioso que se acumula, indica Nieto. Además, asegura que la respuesta más saludable es breve, clara y sin ataque y que, nombrar el impacto emocional del comentario, permite marcar un límite sin alimentar la confrontación. Si ese límite no se respeta, insistir solo aumenta el desgaste emocional y relacional, añade. El no sabés cuánto daño me hacen tus palabras suele provocar un bueno, después de lo que me dijiste... o ahora no te hagas la víctima, cuando sos mucho peor. La estrategia que nos queda es la de irnos, pero en familia, marcharse para evitar el conflicto se interpreta como un abandono del clan, la renuncia al apellido y la deshonra familiar. Silenciar o abandonar un chat familiar suele vivirse con culpa. Sin embargo, desde la psicología relacional, alejarse de un entorno que genera malestar constante es una forma legítima de autocuidado, advierte la psicóloga. Por suerte, WhatsApp tiene un mecanismo que permite silenciar el chat. Silenciar permite seguir perteneciendo sin exponerse continuamente. Salir del grupo también puede ser saludable si se comunica con respeto y sin justificaciones excesivas. Cuidarse no es traicionar a la familia aunque, a veces, así se interprete, expresó Nieto. Las familias pueden pensar diferente Nieto subraya que las familias no se rompen por pensar diferente, sino por no saber gestionar el desacuerdo sin dañarse. Aprender a poner límites, tolerar el silencio y aceptar que no todas las conversaciones tienen que darse es una forma de madurez emocional, explica. Lee también: Cenar en familia genera una menor probabilidad de que los adolescentes sufran depresión, ansiedad o estrés En ocasiones, cuidar el vínculo no significa participar más, sino saber cuándo retirarse. No todo espacio compartido es un espacio seguro. Quererse, en familia, también implica aprender a cuidarse. Entender estas dinámicas y aprender a regularlas no solo reduce el conflicto: protégé la salud emocional y preserva los vínculos que importan, culminó.

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