Contacto

×
  • +54 343 4178845

  • bcuadra@examedia.com.ar

  • Entre Ríos, Argentina

  • Venden un departamento en una joya parisina de Recoleta que llegó en barco desde Europa: cuánto cuesta

    » TN

    Fecha: 29/03/2026 05:37

    En pleno eje de Avenida Santa Fe, a la altura de Montevideo, se levanta uno de esos edificios que explican por qué la Ciudad de Buenos Aires ganó el apodo de París de Sudamérica. No se trata solo de una fachada afrancesada ni de molduras ornamentales: buena parte de sus componentes llegó directamente desde Europa en barco, en una época en la que construir implicaba importar desde herrajes hasta pisos completos. Ese dato no es menor. Define tanto el valor patrimonial como la experiencia de habitar un inmueble que no replica un estilo, sino que lo contiene en su materialidad original. El edificio forma parte de lo que históricamente se conoció como la Gran Vía del Norte (hoy Avenida Santa Fe), un corredor que marcó el desplazamiento de la elite porteña hacia Recoleta y Barrio Norte tras la epidemia de fiebre amarilla. Allí se consolidó un modelo urbano con fuerte influencia francesa, donde la arquitectura buscó reflejar poder económico y conexión cultural con Europa. Iuri Izrastzoff, de la inmobiliaria Izrastzoff, planteó que estos edificios no son simples reproducciones. Señaló que muchos incorporaron piezas traídas directamente desde Francia: pisos de roble de Eslavonia, mármoles, herrajes y elementos decorativos que hoy resultan difíciles de replicar. Esa diferencia eleva el estándar frente a otras propiedades de estilo2. Los techos de gran altura, que superan ampliamente los tres metros, la escala de los ambientes y la presencia de detalles originales configuran un tipo de producto escaso. Incluso en comparación con París, donde muchos edificios similares no cuentan con ascensor, este caso incorpora esa comodidad pese a su antigüedad. Una logística impensada hoy Detrás de estas construcciones existe una lógica que hoy resulta difícil de dimensionar. El arquitecto Fernando Lorenzi, del estudio INFILL, describió un contexto en el que la Argentina era un país importador de bienes, sin desarrollo industrial suficiente en materiales clave. Antes de la consolidación de la industria del cemento o la metalurgia local, los componentes constructivos viajaban en barco desde Europa. Desde estructuras hasta terminaciones, todo podía formar parte de esa logística. Luego, los materiales se trasladaban en carretas hasta la obra, añadió Lorenzi. Esa dinámica explica por qué muchos edificios de la época tienen una calidad y un nivel de detalle que hoy resultan excepcionales. También ayuda a entender la homogeneidad estética que logró Buenos Aires en determinados sectores, con fuerte impronta del academicismo francés, el Art Nouveau y, más tarde, el Art Déco. La influencia no se limitó a lo arquitectónico. También definió la traza urbana, con avenidas amplias y una planificación inspirada en las transformaciones de París durante el siglo XIX. Quienes lo construyeron El edificio fue proyectado por los arquitectos Eugene Gantner y Albert Guilbert, dos referentes clave en la consolidación del estilo francés en Buenos Aires a comienzos del siglo XX. Asociados desde antes de 1900, participaron en el desarrollo de obras tanto institucionales como residenciales, entre las que se destaca la de Santa Fe 1661, un exponente claro del academicismo francés, con materiales, proporciones y detalles propios de la arquitectura parisina. Gantner desarrolló una extensa trayectoria en la ciudad y mostró una notable versatilidad estilística. Obras como el Pasaje Roverano, el Palacio Ortiz Basualdo, el Templo Libertad y la Casa Matriz del Banco Francés del Río de la Plata reflejan su capacidad para moverse entre el academicismo, el eclecticismo y las primeras corrientes modernas. A lo largo de su carrera trabajó junto a figuras como Paul Pater, Jorge Bunge, Henri Nenot y Alejandro Enquin, lo que consolidó su rol dentro del desarrollo arquitectónico porteño. Por su parte, Guilbert contó con una destacada obra en Europa, con una evolución que partió del Beaux Arts y el eclecticismo de fines del siglo XIX, avanzó hacia un segundo Art Nouveau en fusión con el regionalismo y derivó luego en formas más depuradas del Art Déco. Esa formación se trasladó a Buenos Aires, donde dejó su impronta en proyectos de gran escala, entre ellos el Edificio Compañía de Seguros Sud América y el Pasaje Europa de Barracas. Lorenzi señaló que este tipo de obras reflejan no solo una influencia estética europea, sino también una forma de construir ciudad en un contexto donde el diseño, la logística y la ejecución requerían un nivel de planificación y dedicación difícil de replicar en la actualidad. Añadió Lorenzi que ese conjunto de factores explica el valor patrimonial que hoy conservan estos edificios dentro del mercado porteño. Intervenciones modernas en estructuras clásicas El departamento actualmente en venta dentro de este edificio refleja una segunda capa de valor: la intervención contemporánea sobre una base histórica. Se trata de una unidad reciclada por un propietario extranjero, con una mirada más cercana a tendencias internacionales que al clasicismo porteño tradicional. La intervención introduce cambios en la distribución, incorpora iluminación moderna y redefine algunos usos, como la inclusión de una segunda cocina vinculada al área de recepción. Izrastzoff marcó que este tipo de reformas genera lecturas divididas. Dijo: Para algunos, implica una pérdida de pureza estilística; para otros, suma funcionalidad y actualiza el producto para un mercado global. El resultado final se aleja de la restauración conservadora. Aparece un equilibrio entre lo original y lo contemporáneo, con decisiones más audaces que las habituales en el segmento. Cómo es la propiedad La unidad se ubica al frente, con orientación sur, y presenta una superficie total de 317,66 m2, que incluye 264 m2 cubiertos y 53,16 m2 adicionales en una azotea en el cuarto piso. El acceso se realiza a través de un foyer oval (hall de entrada ovalado), un elemento distintivo que marca el carácter del inmueble. La recepción se organiza en tres ambientes amplios con salida a balcones sobre Avenida Santa Fe. El sector privado incluye tres dormitorios al contrafrente abierto, dos de ellos en semisuite, más un baño completo adicional y un toilette con ducha. La planta suma un living íntimo de grandes dimensiones y una cocina principal, además de la secundaria incorporada en el área de escritorio. En la terraza se encuentra una construcción a reciclar, lo que abre una posibilidad adicional de desarrollo o personalización. La propiedad cuenta con aire acondicionado frío-calor y admite uso profesional, un factor que amplía el universo de potenciales compradores. El valor de vivir sobre una avenidaLa ubicación sobre Santa Fe introduce un punto de debate. Para el perfil tradicional porteño, el tránsito constante puede jugar en contra. Sin embargo, para compradores internacionales o usuarios ocasionales, ese factor pierde relevancia. Izrastzoff identificó allí una oportunidad. Es clave plantearse que el flujo constante y la centralidad resultan atractivos para quienes no residen de forma permanente. También destaca el potencial para uso profesional, con estudios jurídicos y oficinas que buscan visibilidad. Ese cambio de perfil de demanda se vincula con un fenómeno más amplio: el interés de compradores extranjeros por propiedades icónicas, con identidad y valor histórico. Cuánto vale vivir en este ícono El precio de venta se ubica en US$610.000, con expensas de $750.000 mensuales. Si se toma la superficie total, el valor por m2 se posiciona por debajo de otros productos premium en zonas como Recoleta o Palermo Chico, lo que refuerza la lógica de oportunidad dentro de un segmento muy específico. Con 8 ambientes, 3 dormitorios, 3 Baños, un toilette, y aires acondicionados frío/calor. Una pieza urbana vigente La Avenida Santa Fe, conocida en su origen como la Gran Vía del Norte, mantiene parte de su impronta histórica, con un mix entre edificios de época, locales comerciales y una dinámica urbana intensa. Aunque perdió protagonismo frente a otros polos, conserva un valor simbólico y arquitectónico difícil de replicar dentro del tejido porteño. La arquitecta Mariana Lucangeli trazó ese recorrido y ubica el auge de la zona en el siglo XIX, cuando se consolidó como eje de desarrollo de las clases altas tras el desplazamiento desde el sur de la ciudad. La aparición de edificios en propiedad horizontal de estilo francés respondió a la necesidad de densificar sin resignar estatus, en línea con los modelos europeos. También Izrastzoff destacó el carácter apto profesional de la unidad en venta, lo que amplía las posibilidades de uso. Mencionó que en el mismo edificio funcionan estudios y oficinas, una tipología frecuente en este corredor, que combina residencias con espacios de trabajo. Leé también: El riesgo país cae por debajo de los 600 puntos: qué pasa con las acciones argentinas en Wall Street Lorenzi concluyó que la influencia parisina resultó decisiva en la identidad de Buenos Aires, tanto en términos estilísticos como urbanísticos. Esa impronta se expresó en la incorporación del academicismo francés como lenguaje dominante. En ese contexto, destacó que avenidas como Avenida Alvear sintetizan esa aspiración, con una arquitectura que buscó replicar el modelo parisino en escala y nivel de detalle, en una ciudad que, más que europeizante, se concebía a sí misma como parte de esa tradición, resumió.

    Ver noticia original

    También te puede interesar

  • Examedia © 2024

    Desarrollado por