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  • Crecimiento y trabajo de calidad, el desafío estructural del mercado laboral

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    Fecha: 29/03/2026 05:26

    El desempleo cerró el 2025 en 7,5% de la población económicamente activa, afectando a aproximadamente 1,7 millones de personas. Es decir, 1,1 puntos porcentuales más respecto al cierre de 2024 (6,4%), en un año de crecimiento económico (el PBI se expandió 3,5% punta a punta). Este desacople entre crecimiento y dinámica del empleo se debe a que los sectores dinámicos (agro, minería, intermediación financiera) son los menos intensivos en empleo. No obstante, en perspectiva histórica, el dato del cuarto trimestre de 2025 no se aleja de los registros de igual período en 2016 (7,6%) y 2017 (7,2%), y se ubica por debajo de los niveles de los cuartos trimestres de 2018 y 2019, en 9,1% y 8,9% respectivamente. Con estos niveles, no estamos en una crisis de destrucción masiva de puestos de trabajo. Lo preocupante es el deterioro en la calidad del empleo, con caída del empleo privado formal e incremento del trabajo informal. En términos de stock El empleo total registró una caída de 118.000 puestos respecto al cuarto trimestre de 2023. Sin embargo, más que la magnitud de la pérdida neta, lo que destaca es que el empleo asalariado registrado del sector privado acumuló una reducción de 182.000 puestos, con caídas generalizadas, mientras que el empleo informal creció en 376.000 puestos. Esto amortiguó el impacto sobre las cifras de desocupación, pero evidencia un proceso de sustitución hacia formas de trabajo más precarias. Además, el crecimiento de la informalidad no se reduce a las nuevas modalidades de trabajo por plataformas sino que se extiende a sectores tradicionales: - El comercio sumó 210.000 puestos informales mientras los registrados privados en ese rubro apenas crecieron 4.000. - La industria manufacturera, a su vez, sumó 87.000 trabajadores no registrados al tiempo que perdió 63.000 puestos formales. - Un caso distinto es el de la construcción, que perdió simultáneamente puestos formales e informales 47.000 y 96.000, respectivamente, en una dinámica que refleja la contracción directa de la actividad. El plano financiero El conflicto en el Golfo Pérsico se extiende y pone en duda una rápida baja del petróleo, con riesgos para la inflación, actividad global y tasas a nivel internacional. Desde el inicio de la guerra, el precio del Brent acumula una suba superior al 50%. De todas formas, cabe señalar que, en perspectiva histórica, los niveles actuales aún se ubican por debajo de episodios extremos como el pico de 2008 (USD 200 por barril, boom de China) o los máximos registrados durante el 2022-2023 (USD 126 por barril, guerra Rusia-Ucrania). Si bien el shock es relevante, todavía no alcanzó niveles de disrupción máxima. Un punto clave es la ampliación de la brecha entre Brent y WTI, que volvió a niveles similares a los observados durante la pandemia (2020) en torno a 16%. Esta diferencia responde a factores logísticos. A esto se suman los ataques recientes sobre infraestructura clave -como el complejo de GNL en Ras Laffan (Qatar)- que refuerzan el riesgo de disrupciones en la oferta. En paralelo, las expectativas de política monetaria de Estados Unidos también se vieron afectadas. Antes del conflicto, el mercado descontaba dos recortes de tasas por parte de la FED en 2026; hoy, esos recortes fueron postergados y la baja se espera hacia septiembre 2027. En Argentina, el impacto fue acotado en el frente cambiario (se mantuvo estable, incluso con cierta apreciación en torno al 1%) y de acumulación de reservas (sumando USD 1.071 millones desde el inicio del conflicto), aunque el riesgo país superó los 600 puntos básicos. En este sentido, se priorizarán fuentes alternativas de financiamiento, más baratas en el corto plazo, a la espera de una compresión del riesgo país que habilite una nueva emisión externa. Leé también: El trilema que define el rumbo cambiario argentino en 2026 En resumen, para 2026, se proyecta crecimiento en los sectores intensivos en trabajo, pero de magnitud acotada: industria y comercio expandirían apenas un 1%, y construcción un 5%. Los sectores de mayor dinamismo seguirán siendo los menos intensivos en empleo: agro, petróleo y gas, minería, con crecimientos mayores a 5%. De cara al futuro, la clave estará en monitorear la evolución del conflicto y, especialmente, el grado de daño sobre la infraestructura energética. Si las disrupciones en la oferta se profundizan, es probable que el petróleo se mantenga en niveles elevados por más tiempo. Para Argentina, podría retrasar el proceso de desaceleración de la inflación y postergar el regreso a los mercados internacionales, reforzando la necesidad de contar con fuentes alternativas de financiamiento. (*) Federico Pablo Vacalebre es profesor de la Universidad del CEMA.

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