» Clarin
Fecha: 28/03/2026 22:17
Buscaba un tesoro y con los años rechazó más de una fortuna. Cuando Brendon Grimshaw compró una isla de Seychelles por un precio módico, era un editor periodístico y no tenía afanes de inversión ni de lujo alguno. Sin embargo, después de más de cuatro décadas fue él quien dio forma a un paraíso protegido. Durante ese tiempo, también rechazó más de una oferta millonaria para desprenderse de ella, pero la isla lo sobrevivió como un parque nacional, luego de haber pasado más de medio siglo abandonada. Hay paraísos naturales y paraísos creados por el hombre. Es el caso de la isla Moyenne, el hogar de Grimshaw, quien durante 40 años se dedicó a cuidar, restaurar y repoblar una isla abandonada. Pero la forma en la que el británico llegó a su nuevo hogar desprendiéndose de todo, al mejor estilo Robinson Crusoe, es un tanto particular. Era editor de un grupo periodístico en Tanzania, África. Un hombre importante e influyente, con contactos en las altas esferas de aquella sociedad. Fue durante unas vacaciones en el archipiélago de Seychelles que se enamoró de Moyenne, dado que ofrecía un mundo distinto al que estaba acostumbrado: un paisaje salvaje, playas blancas y agua azul turquesa. Si el paraíso fuese real, sin dudas sería este lugar. Pagó por ella 17.000 dólares en febrero de 1962: una cifra módica, teniendo en cuenta la información que lo motivaba. Moyenne, que desde 1917 estaba deshabitada, era escenario de historias de piratería que pasaban de boca en boca en esa región del mundo, la del océano Índico: una tradición de leyendas y cuentos que mantenían en vilo a cualquiera que los escuchara. Pero había una en particular. Supuestamente, esta isla tenía un tesoro: un botín de joyas y oro valuado en 50 millones de dólares. Según esa leyenda, ese botín había sido escondido por piratas en este sitio, ya que hasta el siglo XIX las Seychelles estaban deshabitadas, y servían de refugio a los corsarios que asaltaban los navíos que recorrían la ruta desde India a África. Pero el tesoro iría asomando como aquello que él haría en la isla. Grimshaw llegó vía marítima desde Kenia, dado que aún no había aeropuerto en Seychelles. Llegó con hachas, sierras, cemento, fósforos, comida enlatada, agua, libros y todo tipo de herramientas. Los arbustos eran tan frondosos que los cocos no alcanzaban el suelo. Junto a René Antoine Lafortune, un nativo que lo ayudó a trabajar en la isla, transformaron la isla. Plantaron más de 16 mil árboles (de caoba, palma, mango y papaya) y construyeron casi cinco kilómetros de senderos naturales. En el territorio no se instalaron vallas ni se impusieron controles. La fauna regresó de manera gradual, a medida que el entorno se volvía habitable. Las tortugas gigantes de Seychelles, una especie que estaba en peligro de extinción, fueron uno de los símbolos más visibles de esa recuperación Entre ambos, Grimshaw y Lafortune transformaron la isla antes deshabitada y olvidada durante medio siglo en un paradisíaco lugar. Conforme avanzaron los años, varios grupos inversores acercaron ofertas a los dos: desde los 50 millones de dólares hasta la friolera suma de 1.000 millones. Todas fueron rechazadas por Grimshaw, para quien no primaba convertir la isla Moyenne en un paraíso turístico por sobre el equilibrio en el ecosistema alcanzado. "No quiero que la isla se convierta en el lugar de vacaciones favorito de los ricos. Mejor que sea un parque nacional que todos puedan disfrutar", señaló ante la prensa cuando rechazó una oferta de un príncipe saudí, por 50 millones de dólares. En cuanto al tesoro pirata, Brendon y Rene buscaron durante 27 años el famoso botín. Excavaron, removieron tierra, incluso hasta dinamitaron rocas, pero nunca pudieron dar con él. Era el año 2002 y después de tanto tiempo de trabajo desistieron de su búsqueda. Para entonces Grimshaw tenía 77 años, y su amigo luchaba contra el cáncer. Encontrar un tesoro ya era imposible para ambos. No había precio para ello. Luego de que muriera Lafortune, en 2007, Grimshaw continuó con la guarda de la isla hasta julio de 2012, cuando falleció. Poco después de su muerte, la Moyenne fue incorporada oficialmente al Parque Nacional Marino de Seychelles, lo que garantizó el estatus de territorio protegido legalmente. Desde entonces, además de tortugas y otras especies, en ese paraíso pocas personas visitan la isla. En 2013 se construyó una cabaña y se asignó un guardián a la isla para que controle el ingreso de turistas que disfrutan de las playas, de la diversidad marítima, del restaurante local y de un pequeño museo dedicado a Grimshaw. Newsletter Clarín
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