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  • A 51 años del derrumbe del puente sobre el arroyo Doll: una tragedia marcada por la creciente y la memoria

    Crespo » Paralelo 32

    Fecha: 28/03/2026 16:38

    Este 28 de marzo se cumple un nuevo aniversario de uno de los episodios más impactantes en la historia hídrica de Entre Ríos: el derrumbe del puente sobre el arroyo Doll, ocurrido en 1975 en el kilómetro 71 de la ruta provincial Nº 11, a la altura de la zona conocida como Molino Doll. El hecho se produjo en el marco de intensas lluvias que afectaron a gran parte de la provincia, generando crecidas extraordinarias en arroyos y ríos. La fuerza del agua terminó por arrasar terraplenes y estructuras viales, entre ellas el mencionado puente, cuya caída quedó grabada en la memoria colectiva de la región. Según la crónica publicada días después por El Diario de Paraná, el derrumbe ocurrió cerca de las 13:45 del viernes 28 de marzo. Testigos relataron que la masa de agua, cargada de rastrojos y sedimentos, alcanzó niveles inusuales, superando incluso las barandas del puente. La presión acumulada provocó un estruendo repentino: una parte de la estructura se elevó antes de desplomarse violentamente, generando una ola imponente. Las más leídas El entonces oficial principal de la policía provincial, Julio Primo Maggioni, quien se encontraba en el lugar, describió el episodio como un desastre sin precedentes. La crecida no solo destruyó el puente, sino que también afectó gravemente a viviendas, comercios e instalaciones productivas cercanas. A pocos metros del arroyo, la planta enfriadora de leche de la empresa Nestlé quedó inundada, complicando la recepción diaria de miles de litros de leche provenientes de tambos de la zona. La interrupción del tránsito hacia Nogoyá agravó la situación, obligando a evaluar la pérdida de producción ante la imposibilidad de transporte. El impacto también fue devastador para los pobladores. Familias enteras debieron abandonar sus hogares ante el avance del agua. Algunos lograron ponerse a salvo tras escenas dramáticas, como niños que escaparon nadando de sus viviendas inundadas. Comercios y talleres fueron arrasados, vehículos arrastrados por la corriente y pertenencias dispersas en campos y árboles, evidenciando la magnitud del fenómeno. Durante la emergencia, un helicóptero provincial debió intervenir para trasladar personas de una orilla a otra, ya que el cruce del arroyo se volvió completamente imposible. Incluso un pequeño dique cercano, que funcionaba como atractivo turístico, colapsó ante la presión del agua. El episodio también dejó en evidencia la vulnerabilidad de la infraestructura ante eventos climáticos extremos, ya que no era la primera vez que un puente en ese lugar sucumbía ante una creciente: una estructura anterior había corrido la misma suerte en la década del 60. Con el paso del tiempo, el recuerdo de aquella inundación sigue presente en los relatos de vecinos y protagonistas. Historias como la que evocaba Humberto Brumatti quien recordaba las advertencias de los lugareños sobre el comportamiento del arroyo reflejan el conocimiento popular construido a partir de experiencias límite. A más de medio siglo, el derrumbe del puente sobre el arroyo Doll permanece como un símbolo de la fuerza de la naturaleza y de la necesidad de planificación, prevención y memoria colectiva frente a los riesgos hídricos que atraviesan la región.

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