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  • Un estudio detectó que siete de cada diez personas perciben vínculos más frágiles y buscan espacios presencial

    » TN

    Fecha: 28/03/2026 07:02

    En una época atravesada por la hiperconectividad, el contacto permanente no necesariamente se traduce en cercanía. Un relevamiento reciente mostró que el 70% de las personas percibe que las relaciones humanas están más frágiles que nunca, en un contexto en el que lo digital convive con una creciente sensación de aislamiento. Ese diagnóstico convive con otra tendencia: la búsqueda activa de experiencias compartidas en el mundo real. Festivales, recitales y eventos culturales empiezan a ocupar un lugar central como espacios donde reconstruir vínculos, generar pertenencia y cortar con la lógica de la conexión permanente pero superficial. Leé también: La OMS advirtió sobre los riesgos para la salud de no desconectarse después del horario laboral El estudio, realizado por Natura junto con la consultora Gentedemente, refleja que la necesidad de reconectar no es solo una percepción, sino también un motor de cambio en los hábitos. En paralelo, el bienestar aparece como una aspiración extendida, aunque todavía difícil de sostener en la práctica cotidiana. La brecha entre lo que se desea y lo que efectivamente se hace es uno de los datos más consistentes del informe. Mientras el 77% aseguró que le gustaría realizar cambios para mejorar su calidad de vida, apenas el 40% reconoció llevar adelante acciones concretas en esa dirección. El regreso de lo colectivo como respuesta En ese escenario, los eventos masivos emergen como una respuesta concreta frente a la desconexión. El 51% de los jóvenes encuestados afirmó asistir a festivales o conciertos, y el principal atractivo ya no es únicamente la música, sino la experiencia compartida. El dato se completa con otro indicador: el 67% destacó la sensación de conexión con otros incluso con desconocidos como uno de los aspectos más valiosos de estas experiencias. La posibilidad de habitar una misma energía colectiva aparece como una forma de romper con el aislamiento cotidiano. Desde la productora Levadura, su directora, Esperanza García Acha, dijo a TN que esa búsqueda se percibe de manera constante en el público. Hay una necesidad real de volver a encontrarse con otros. Salir y compartir se volvió una forma de estar mejor, explicó. En relación con el diseño de este tipo de experiencias, señaló que la clave está en generar condiciones para el encuentro. La gastronomía es un gran motor porque une de forma natural. Si a eso se le suma música, clima y propuestas lúdicas, el resultado es una experiencia que se vive con el cuerpo y no desde una pantalla, planteó. De la intención al hábito: cuánto cuesta desconectarse El informe de Natura también puso el foco en una tensión extendida: el bienestar es un objetivo compartido, pero cuesta transformarlo en práctica sostenida. En ese punto, los eventos aparecen como una vía concreta para achicar esa distancia. Los eventos pueden volver concreto algo que muchas veces queda en el deseo. Son una excusa real para salir, cortar con la rutina, compartir y sentirse mejor, sostuvo García Acha. Esa lógica también redefine el concepto de entretenimiento. Según explicó, la diferencia entre un evento tradicional y uno pensado desde la comunidad radica en la intención. No busca solo que la gente la pase bien, sino que además genere vínculo, conversación y pertenencia, afirmó. En este contexto, desconectarse para conectarse con el bienestar tiene opciones para todos los bolsillos. En la Ciudad de Buenos Aires, una entrada de cine puede valer entre $11.000 y $18.000; ir al teatro cuesta desde $25.000 y puede incluso superar los $100.000; mientras que para ir a un recital, se pueden necesitar desde $15.000, con opciones por encima de los $200.000. El ritual previo: identidad y pertenencia La reconexión no empieza necesariamente en el evento, sino antes. El estudio de Natura detectó que siete de cada diez personas experimentan un cambio de ánimo al prepararse para asistir a un festival, lo que convierte a ese momento en parte del bienestar. Elegir el look, armar un estilo personal o dedicar tiempo a la preparación se transforma en un ritual que anticipa la experiencia. En ese proceso, la estética funciona como una forma de expresión y también como un código compartido que facilita la identificación con otros. El maquillaje, en particular, aparece como una herramienta de autoexpresión que acompaña ese proceso y refuerza el sentido de pertenencia. No se trata solo de una cuestión estética, sino de un lenguaje que conecta identidades dentro de un mismo espacio. Leé también: Las 3 plantas de interior que decoran, son fáciles de cuidar y crecen rápido Por eso, es frecuente ver a marcas de productos vinculados con el bienestar en festivales, integrándose a esos espacios y acentuando la lógica de comunidad. La tendencia, según coinciden los datos y los organizadores, atraviesa distintas edades, aunque se intensifica a partir de los 35 años. En todos los casos, responde a una misma búsqueda: recuperar el encuentro en un contexto donde estar conectados ya no alcanza para sentirse cerca.

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