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Concordia » El Heraldo
Fecha: 28/03/2026 06:39
La salud mental a 50 años del golpe Los actos multitudinarios en conmemoración de los 50 años del golpe en repudio a la Dictadura cívico militar reafirmaron el compromiso del pueblo argentino con la Memoria, la Verdad y la Justicia. Con el Nunca Más. En Concordia Estela Solaga expresó en el acto central una idea esencial: Si no te interesa lo que le ocurrió a un desaparecido, no tenemos diferencias políticas, tenemos diferencias humanas, morales y éticas dijo a una plaza repleta, esa mujer extraordinaria, referente de los derechos humanos, con su lucidez habitual. Es un concepto profundo. A esta altura el negacionismo y la reivindicación del genocidio son posturas tan siniestras como intolerables. Esa actitud perpetúa el dolor de las víctimas más directas del Terrorismo de Estado y de la sociedad toda, que también lo es. Respecto al genocidio Nazi, varios países de Europa, sobre todo Alemania, ha penado gravemente su negación o apología. Aquí impunemente la sostiene el Presidente y su vice, como si no hubiera habido juicios que probaron la Verdad de los hechos. Como si no hubiera habido condena a los responsables. Creo que es algo a revisar con seriedad. Del mismo modo que la ausencia del Intendente (sea quien sea) y de las autoridades gubernamentales al acto de conmemoración. No debiera ser una opción. Esa ausencia es un agravio para toda la sociedad cuando se trata de conmemorar el Terrorismo de Estado. No se trata de cuestiones políticas, bien lo dijo Estela, se trata de un sentimiento humano común contra la barbarie, del gesto básico que nos humaniza introduciéndonos en la cultura. El acto en la plaza fue conmovedor. Los nombres de los compañeros desaparecidos bordados, que rescatan sus nombres y sus historias, sus ideales y sus sueños, generaron un clima de emoción muy honda, un sentimiento profundo, difícil de traducir en palabras. La Memoria es el ejercicio imprescindible que requiere la sociedad para elaborar sus experiencias traumáticas, para no repetirlas, y para procesarlas de un modo superador, a través de las dimensiones de la Verdad y la práctica de la Justicia. Es un ejercicio que nutre la salud mental de la comunidad. Es el reconocimiento de una experiencia fallida, sumamente dolorosa que debe guiar un futuro reparador para aprender colectivamente, para prevenir reiteraciones del fracaso. La dictadura creo sujetos idiotizados porque pensar, imaginar, cuestionar, es decir el ejercicio de la inteligencia y la sensibilidad, era censurada a riesgo de la propia vida. Creó sujetos alienados, incultos (los libros eran censurados y quemados) y chatos, cuyo único horizonte era la obediencia irrestricta, el silencio y el individualismo absoluto. Creo que no dimensionamos las secuelas de esa subjetividad a 50 años. Esas condiciones supusieron el despliegue de lo que Ulloa denominó mecanismos socio-culturales de la crueldad en una cultura del Terror que propició la banalización del mal y la apatía frente al sufrimiento del otro. La renegación (negar que se niega, mecanismo productor de la perversión para el psicoanálisis) o el rechazo de la percepción (mecanismo de la psicosis), frente al terror que se exhibía con obscenidad. Es ese sujeto patológico el engendrado por la Dictadura, que además produjo el secuestro, la tortura y la desaparición de cientos de trabajadores de la salud mental, cuyo emblema es la Psicóloga Beatriz Perosio, por quien el 8 de agosto se recuerda el día del Psicólogo víctima del Terrorismo de Estado. Beatriz tenía un enorme compromiso con los derechos humanos y trabajaba por una salud que fuera un derecho para todos. La dictadura eliminó también todas las extraordinarias experiencias grupales y de salud mental comunitaria, de prevención y de trabajo social y las retrotrajo a un biologicismo reduccionista e individual centrado en las siniestras prácticas manicomiales. La salud mental de la población en todas estas múltiples dimensiones se vio gravemente afectada por la dictadura y por aquellos que la reivindican ya en democracia y que reproducen su modelo. Por eso fue para mí muy importante expresar este punto de vista en el acto del 24 de marzo en la plaza 25 de mayo, con una reflexión que pone esta temática fundamental como parte de un proceso de malestar general al expresar que :La política económica de planificación de la miseria que llevan adelante los actuales gobiernos, nacional, provincial y municipal, que profundizan el deterioro de la sociedad y la cultura, que remedan los de la dictadura y que generan pobreza, hambre, desocupación, perdida del trabajo, desesperación y falta de horizontes para los jóvenes a quienes les roba el futuro, es la que determina el desborde de la angustia social, la tristeza y el desdén por la vida que se traduce en la inusitada explosión de las adicciones, la búsqueda del adormecimiento con el consumo cada vez más rave de psicofármacos, las expresiones y el suicidio, los graves padecimientos en la salud mental de la población a la que asistimos y que los sufre sin red, frente al colapso del sistema y los servicio de salud producto del abandono de un estado ausente de sus obligaciones, ha precipitado sin duda una catástrofe de la salud mental que se agrega a las consecuencias del trauma colectivo de la dictadura, cuyas secuelas no han sido aún curadas y que se expresan en diversas formas de la repetición del malestar social. Sin embargo, la resistencia, la lucha y los sueños de una comunidad que aspira a un mundo mejor, crea la esperanza de cambios como construcción activa de su compromiso
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