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Buenos Aires » Infobae
Fecha: 27/03/2026 11:09
En el universo de la numismática argentina, pocas historias despiertan tanta atención como la de una moneda de oro de 2,5 pesos acuñada en 1881, que por un error normativo se transformó en el objeto más codiciado por coleccionistas, con precios que alcanzan los USD 70.000. Según el especialista Ariel Dabbah, existen solamente nueve ejemplares de esta pieza: tres en colecciones privadas, cinco en museos o instituciones públicas y una con paradero desconocido. El interés por las monedas nacionales aumentó entre los argentinos durante los últimos años, impulsado por publicaciones en plataformas de comercio electrónico que ofrecían monedas de 1 peso argentino acuñadas en Inglaterra en 1995. Estas piezas, que presentan un error en el reverso, se ofertan a valores de hasta $50.000, únicamente por su singularidad. En este contexto, la mirada de los aficionados se dirigió a otras monedas históricas, no solo por sus errores de fabricación, sino también por el valor patrimonial que representan, lo que las convierte en inversiones atractivas para quienes conocen el mundo del coleccionismo. Los numismáticos, como se denomina a los expertos y aficionados en monedas antiguas, conocen el valor de estas piezas y su rol como reserva de valor a lo largo de las décadas. Entre las piezas más codiciadas figuran los llamados Argentinos de Oro, monedas de 5 pesos fabricadas entre 1881 y 1896, que igualaban en peso y tamaño a las libras esterlinas conocidas como Soberanos de Oro. Estas monedas circularon en casas de cambio y joyerías como instrumentos para transacciones en oro y son, dentro de todo, bastante comunes. Sin embargo, el hermano menor de ese grupo, la moneda de oro de 2,5 pesos, alcanzó una notoriedad mucho mayor debido a su rareza. La historia de este tesoro tiene su origen en 1875, cuando el Congreso Nacional definió un nuevo sistema monetario para Argentina, adoptando el patrón mixto de oro y plata como respaldo del Peso Fuerte Argentino. En 1881, una nueva ley sancionada acompañó la inauguración de la Casa Nacional de Moneda en Buenos Aires, que comenzó a producir monedas de oro, plata y cobre, bajo el diseño del artista francés Eugene Oudiné de la Monnaie de Paris. La normativa exigía la fabricación de monedas de plata de 10, 20 y 50 centavos y de 1 peso, además de monedas de 2,5 y 5 pesos en oro. La producción de los Argentinos de Oro se realizó de inmediato y en grandes cantidades: más de un millón de piezas en los primeros tres años y, en total, más de seis millones durante la década en que estuvieron vigentes. Estas monedas llevaban el sello y las armas nacionales en el anverso y un rostro femenino con gorro frigio coronado por la palabra Libertad en el reverso. Muchas de esas piezas circularon entre la población y funcionaron como reserva de valor durante un siglo, pero la mayoría permaneció guardada en bóvedas de la Caja de Conversión, antecedente del Banco Central de la República Argentina. Durante la década de 1990, ante la baja en los precios internacionales del oro, el BCRA decidió liquidar una parte significativa de esas reservas, incluso vendió colecciones completas en cajas de pana roja, que incluían los diez años de acuñación diferentes. En ese momento, estas colecciones podían adquirirse en ventanilla a un precio de 800 pesos/dólares. Hoy alcanzan un valor cercano a los USD 6.000 en el mercado de coleccionistas, superando en un 30% el valor del oro que contienen. Este reducido número convirtió a estas piezas en objetos sumamente escasos y valiosos. Según Dabbah, hay tres ejemplares en manos privadas, cinco en museos o instituciones públicas y una novena moneda cuyo paradero es desconocido. La dificultad para dar con alguna de ellas, incluso disponiendo del dinero necesario, es extrema. En 1884, el director de la Casa de Moneda intentó por primera vez acuñar masivamente piezas de 2,5 pesos, pero la misma dificultad normativa hizo que el esfuerzo se abandonara tras fabricar solo 421 unidades. Así, la producción total de monedas de esta denominación llegó a apenas 430 ejemplares en los dos años en los que se intentó su fabricación. Para quienes acceden a una de estas exclusivas monedas, las piezas fechadas en 1884 pueden conseguirse en el mercado, aunque requieren de paciencia y recursos. El valor de estas monedas oscila entre USD 5.000 y USD 12.000, dependiendo de su estado de conservación y de la negociación lograda. En cambio, poseer alguna de las nueve piezas de 1881 implica un desembolso estimado de USD 70.000, de acuerdo con la valoración subjetiva del especialista. A pesar de los precios, la posibilidad de adquirir una moneda de 1881 es remota. Como describió Dabbah, es probable que aun teniendo el dinero a mano no le alcance la vida para esperar, porque tan solo hay tres piezas en manos privadas, otras cinco en museos o instituciones públicas y una novena que aún se desconoce su paradero. El mercado de las monedas históricas argentinas vive momentos de renovado interés, tanto por la revalorización de piezas antiguas como por el efecto de las nuevas tecnologías y la búsqueda de refugios de valor en contextos de incertidumbre económica. Las monedas con errores de fabricación, como las de 1 peso argentino acuñadas en Inglaterra en 1995, también generan atención, aunque no llegan a la magnitud de las piezas de oro del siglo XIX. Las diferencias de precio entre monedas de características similares, pero con historias distintas, reflejan el peso de la rareza, el contexto histórico y las peculiaridades legales en el coleccionismo. Las colecciones vendidas por el Banco Central en los años noventa y el surgimiento de piezas con errores recientes contribuyen a mantener viva la fascinación por la numismática nacional.
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