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» Clarin
Fecha: 27/03/2026 08:25
No necesita demostrar nada, pero igual va por más. Guillermo Francella está en ese punto de la carrera donde el prestigio ya está ganado, pero el hambre sigue intacto. Esta vez, con un personaje que lo persigue hace años y que ahora, por fin, está a punto de llevarlo al escenario. Viene de una racha fuerte, de interpretaciones que encantaron al público, como El encargado -que ya va por su cuarta temporada- o el reciente Homo Argentum. Ahora, Guillermo Francella se sube de nuevo al escenario este sábado 28 de marzo para estrenar Desde el jardín en el Teatro Metropolitan, donde se pondrá en la piel de Chance Gardiner, un hombre de inteligencia limitada que pasa de vivir aislado cuidando un jardín y sólo ver televisión a convertirse, casi sin quererlo, en una figura interpretada como brillante por los círculos de poder. En la previa, Clarín habló con el actor en su camarín, minutos antes del ensayo, para meterse de lleno en este regreso tan esperado. El proceso de un sueño La historia lo acompaña desde hace décadas. Según cuenta, primero vio la película, después leyó la novela Being There de Jerzy Kosinski, de la cual se basa el próximo estreno. El trabajo de Peter Sellers fue algo que a mí me generó una atracción, no podía creer lo que había visto. Me había gustado tanto el disparador, el argumento, la composición me dejó esa sensación de quisiera hacer algo, recuerda. Y desde ahí aparece esa fascinación que nunca se le fue. Lo que me seduce es la cabeza de quien escribió esto, explica con los ojos casi brillosos. Ese deseo había quedado guardado durante años, incluso después de promesas anteriores que terminaban en nada, hasta que, en una charla con Adrián Suar y Pablo Kompel, sus socios en este proyecto, decidieron ir a fondo y comprar los derechos. Va a ser un estreno mundial, con todo lo que conlleva eso, dice con una sonrisa grande. Ahora que la obra finalmente se concretó, reconoce que desde afuera parecía más sencilla de lo que fue. En el medio, su agenda no paraba -series, películas, otros trabajos- y, como él mismo dice, lo iba dejando pasar. Hoy, con el estreno encima, asegura que está con la ilusión en marcha. En paralelo, el Teatro Metropolitan también se transforma para la vuelta del actor argentino a las tablas. Las butacas se renuevan -ahora de cuero negro-, el hall se llenó de valijas que llevan dentro parte de la escenografía y vestuario, y muchas plantas empiezan a invadir el espacio, en sintonía con el universo de la obra. El escenario espera armado, listo para cobrar vida. En ese ritmo, Francella se mueve a composé preciso, atento, metido en cada detalle. En cada detalle Ese nivel de cuidado responde a un proceso que, para él, roza lo obsesivo. Perdió la cuenta de cuántas veces vio la película y, en la previa del estreno, volvió a la novela como una especie de guía. La leí tres veces. A veces vuelvo para recordar alguna escena sin que me genere influencia. Porque la adaptación que hizo Marcos Carnevale (director de la obra) está muy bien. Pero en el ensayo por ahí cambiás algo y sentís que no y volvés al libro y estaba mejor. Ese respeto por el material también define el rumbo de esta versión. Acostumbrado a personajes atravesados por lo local -de Pepe Argento a Eliseo en El encargado-, acá decide correrse. No hay una argentinización. Es tanto el respeto a la obra que mantenemos los nombres, el lugar, Washington, el Capitolio todo a rajatabla. A esa exigencia actoral se suma su rol como productor de esta misma obra. Tan sencillo no es. Hay que saber delegar porque a veces no podés ver lo que pasa, estás arriba y la percepción es otra. Igual, admite, le cuesta soltar el control: Soy perfeccionista, exigente. Me gusta estar, mirar, vivirlo. Que tenga el ADN que yo soñé. Se toma unos minutos para chequear cada detalle. Aunque admite que desde sus tiempos en los que jugaba bolos ya era así de observador, su dedicación no se debe solo a eso. Está a punto de cumplir su sueño de ser Chance Gardiner y de rendir homenaje a Peter Sellers, y como cualquier buen anfitrión, le interesa que todo salga impecable, tal como lo imaginó durante muchos años. Video La perfección y el cuidado que pone en la obra se perciben incluso en los ensayos. Mientras los técnicos prueban sonido, ajustan luces, preparan los fondos, y sus compañeros de elenco -Martín Seefeld, Andrea Frigerio y Diego Jaraz- ultiman detalles de su elegante vestuario, Guillermo no se acomoda hasta comprobar que todo en escena esté exactamente como se pensó. "Siempre respetando las áreas, pero tratando de emitir una opinión si se puede", justifica. Se toma unos minutos para chequear cada finura. Está a punto de cumplir su sueño de ser Chance Gardiner y de rendir homenaje a Peter Sellers, y como cualquier buen anfitrión, le interesa que todo salga impecable, tal como lo imaginó durante muchos años. A pesar de que ya se sabe las escenas de memoria por el fanatismo que le genera la obra, desde que llegó el guión a su mesa su rutina gira completamente alrededor de ella. Por eso, lejos de relajarse, redobla la apuesta y estudia, subraya, prueba. Viajé con la novela y el guión. Estuve días leyendo, marcando, pensándolo, llamando al director nada de taquito. Estoy todo el tiempo en esto. Y cuando aparece la duda, vuelve al libro y al guión, ese mismo que descansaba sobre su escritorio del camarín junto a sus cremas faciales mientras hablaba con este medio. Desde el Jardín es una sátira brillante sobre cómo la sociedad y los medios premian la forma sobre el contenido, mostrando que el poder puede recaer en quien no sabe nada, pero está en el lugar correcto y dice lo que todos quieren oír. También con la presencia de Horacio Erman, Mayra Homar, Daniel Miglioranza, Carla Pandolfi y Edgardo Moreira en escena, el actor define toda esta experiencia como "un cóctel fantástico, que te va a invitar a la reflexión, te va a generar ternura, te va a emocionar. Y te vas a divertir en más de un tramo". Para él, además, Chance es uno de esos seres humanos como este son hermosos de transitar" y aunque interpretó a docenas de personajes, "este es el más alto, porque no me queda nada. Es bien antagónico para mí. Con otros proyectos ya en mente, que todavía no puede adelantar, atraviesa un momento de plenitud. Estoy haciendo películas, con varios proyectos en marcha, y me siento muy bien. El trabajo me hace sentir vivo, amo lo que hago así que estoy feliz, asegura con convicción. Mientras todo queda listo para recibir a los espectadores, se nota que no es una obra más, porque cada arreglo y cada planta respira con él como si el teatro entero compartiera la ilusión que lo mueve. Francella sube al escenario para cumplir un sueño que llevó años imaginando, con su sello en cada rincón, listo para mostrar por qué esta obra es única. Sobre la firma Newsletter Clarín
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