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Buenos Aires » Infobae
Fecha: 25/03/2026 12:56
Durante cientos de miles de años, los neandertales poblaron vastos territorios de Eurasia. Entre 400.000 y 45.000 años atrás, estos antiguos humanos lograron sobrevivir y adaptarse a ambientes desafiantes. Cazaban grandes animales, recolectaban plantas y fabricaban herramientas de piedra, además de confeccionar ropa con pieles de animales. Sin embargo, la vida neandertal fue siempre precaria. La evidencia reciente en un estudio científico publicado en la revista científica PNAS, sugiere que estas poblaciones no solo estaban dispersas en pequeños grupos, sino que también presentaban una elevada endogamia y enfrentaron eventos extremos que las pusieron al borde de la extinción hace unos 75.000 años. El avance en el análisis de ADN antiguo permitió a los científicos examinar fragmentos óseos diminutos, a veces de apenas unos centímetros. Estos avances tecnológicos han abierto una ventana sin precedentes hacia la vida y la historia evolutiva de los neandertales. La paleoantropóloga Hélène Rougier, de la Universidad Estatal de California, remarcó que estamos encontrando pequeños fragmentos en muchos lugares y, gracias a los nuevos métodos genéticos, realmente pueden hacer que hablen. De esta manera, los investigadores obtuvieron información genética de restos hallados en lugares remotos, como la cueva de Denisova, en Siberia, donde también vivieron los denisovanos. Al comparar el genoma secuenciado de un hueso neandertal de solo 2,5 centímetros hallado en Denisova con otros de la misma región y con un espécimen más reciente de Croacia, los científicos detectaron que los neandertales acumularon diferencias genéticas con notable velocidad. Esta rápida divergencia se relaciona con la endogamia en poblaciones pequeñas y dispersas, en particular en los límites orientales de su distribución, según explicó Diyendo Massilani, genetista de la Universidad de Yale. Los neandertales tenían más probabilidades de reproducirse entre parientes cercanos, afirmó. Como resultado, cada grupo acumuló mutaciones particulares, lo que favoreció la diferenciación genética. La evolución se produce más rápidamente en poblaciones pequeñas, señaló Joshua Akey, genetista de la Universidad de Princeton. Los datos, convalidados en un segundo estudio científico de PNAS, estiman que el tamaño efectivo de la población neandertal rara vez superó algunos miles de individuos reproductores. Las comunidades, separadas por grandes distancias, no solo limitaban su diversidad genética, sino que también hacían a la especie más vulnerable a los cambios ambientales. Aunque la endogamia trae riesgos, los neandertales resistieron durante casi 400.000 años, un lapso mayor al que los Homo sapiens llevan sobre la Tierra. Massilani especuló que la adaptación local permitió su supervivencia mientras el entorno permaneció estable. Si una población o familia está bien adaptada al entorno, y este permanece constante, tal vez no sea necesario que cambien tanto para sobrevivir, reflexionó. El impacto del clima y los cuellos de botella genéticos Los estudios genéticos sugieren que los neandertales experimentaron una extinción casi total hace unos 75.000 años, coincidiendo con una glaciación intensa. Según la paleoantropóloga Rougier, los registros arqueológicos muestran que, durante ese período, los neandertales se refugiaron en cuevas del suroeste europeo, especialmente en los valles del sur de Francia. En otras regiones, los grupos desaparecieron o migraron fuera de Europa. Cuando el clima mejoró, los supervivientes se dispersaron de nuevo, cazando grandes presas desde España hasta el Cáucaso. Sin embargo, la diversidad genética materna se redujo drásticamente: toda la variabilidad acumulada antes de 60.000 años desapareció y solo sobrevivió una única línea genética, según Cosimo Posth, paleogenetista de la Universidad de Tubinga. Este cuello de botella genético marcó el destino de la especie. Los datos muestran que el número de individuos reproductores se mantuvo bajo durante milenios. Posth argumentó que este fenómeno podría indicar que los recursos disponibles no eran suficientes para sostener poblaciones grandes, limitando la capacidad de recuperación tras eventos ambientales extremos. Los neandertales, aunque adaptados a su entorno, quedaron atrapados en una dinámica de grupos pequeños y vulnerables, incapaces de expandirse más allá de ciertos límites biológicos y geográficos. Hace unos 45.000 años, el panorama se volvió aún más desafiante. La llegada de los Homo sapiens a Europa coincidió con fuertes fluctuaciones climáticas. Esta combinación resultó fatal para los neandertales. Qiaomei Fu, genetista del Instituto de Paleontología de Vertebrados y Paleoantropología de la Academia China de Ciencias, advirtió que la baja diversidad genética dificultó que los neandertales pudieran adaptarse a cambios bruscos en su entorno. En un lapso de menos de 3.000 años, el tamaño efectivo de la población neandertal colapsó y, hacia 42.000 años atrás, los últimos grupos desaparecieron definitivamente. Bence Viola, paleoantropólogo de la Universidad de Toronto, destacó la rapidez del colapso y la influencia conjunta de los factores climáticos y la competencia con los Homo sapiens, cuya población era mucho mayor. Lo que la extinción de los neandertales revela sobre nuestra propia historia La historia de los neandertales no solo es fascinante por sus detalles genéticos y paleontológicos, sino porque constituye un experimento natural que ayuda a los científicos a comprender los factores que permitieron a los humanos modernos prevalecer en Eurasia mientras sus parientes cercanos se extinguían. Hugo Zeberg, genetista del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva, comentó: Una crítica a la teoría de la evolución es que no se puede repetir el experimento, pero con más información sobre cómo los neandertales y los denisovanos se expandieron por Europa y Asia, es casi como si pudiéramos repetir el experimento tres veces y comprender por qué los humanos modernos eran tan diferentes. Los hallazgos recientes, obtenidos gracias a la identificación de fósiles y al análisis avanzado del ADN antiguo, revelan que los neandertales vivieron en pequeños grupos, sufrieron episodios de endogamia significativa y sobrevivieron a varias crisis ambientales. La clave de su extinción parece haber sido una combinación de factores: baja diversidad genética, vulnerabilidad ante el cambio climático y competencia con humanos anatómicamente modernos. Estas conclusiones, respaldadas por estudios publicados en revistas científicas y el análisis de ADN mitocondrial, subrayan que el destino de los neandertales estuvo marcado por la fragilidad demográfica y la incapacidad para adaptarse a transformaciones rápidas del entorno. El caso neandertal demuestra cómo la genética puede explicar historias de supervivencia y desaparición. La comparación entre su destino y el de los Homo sapiens en las mismas regiones ofrece pistas sobre las ventajas evolutivas que permitieron la prevalencia de nuestra especie. Los científicos seguirán extrayendo información de pequeños fragmentos óseos, con la esperanza de que la historia genética de nuestros antiguos parientes arroje aún más luz sobre el pasado biológico humano y las condiciones que nos hicieron únicos como especie.
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