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Parana » Adn21
Fecha: 25/03/2026 14:38
A medio siglo del inicio de la dictadura más sangrienta de la historia argentina, cientos de miles de personas colmaron el centro porteño en una movilización histórica. Atravesada por el dolor intergeneracional y fuertes críticas a la gestión libertaria, la jornada ratificó que la exigencia de respuestas por los desaparecidos sigue intacta en las calles, mientras la política midió fuerzas en cada columna. Medio siglo después, las mismas preguntas El almanaque marcó el 50° aniversario del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 y la calle respondió con una contundencia estremecedora. Desde las primeras horas de la mañana, la Plaza de Mayo y sus arterias aledañas se transformaron en un hormiguero humano donde confluyeron el duelo, la memoria y el reclamo político vivo. No fue una marcha más. La masividad de la convocatoria no solo reflejó el peso histórico del medio siglo transcurrido desde el inicio del terrorismo de Estado, sino que funcionó como una caja de resonancia para el descontento social actual, con fuertes consignas contra el gobierno nacional. Entre niños que pintaban pañuelos blancos y adultos mayores cargando en sus cuellos las fotos en blanco y negro de familiares que nunca volvieron, la manifestación volvió a exigirle al Estado la apertura de archivos y respuestas definitivas sobre el plan sistemático de exterminio. A las 16:30, el acto central coronó una jornada donde quedó claro que, a 50 años, el grito de Nunca Más no es una pieza de museo, sino una exigencia en tiempo presente. Puntos Clave: La anatomía de un 24 de marzo histórico - Masividad intergeneracional: La postal del día fue el cruce de generaciones. Madres y Abuelas marcharon junto a jóvenes y niños que, sin haber vivido la época, levantaron carteles exigiendo Memoria, Verdad y Justicia. - El silencio y el canto: El paso de la histórica bandera azul, que lleva impresos los rostros de los miles de desaparecidos (en su mayoría jóvenes de entre 21 y 30 años al momento de su secuestro), generó silencios estremecedores que rápidamente daban paso al cántico: Como a los nazis les va a pasar. - Exigencia al Estado: A medio siglo del golpe, la marcha dejó en claro que la herida sigue abierta. Las consignas principales apuntaron a la apertura total de los archivos para saber, finalmente, dónde están los desaparecidos. - El componente político: La movilización estuvo fuertemente atravesada por la coyuntura. Hubo críticas abiertas al Gobierno nacional, y las distintas fuerzas políticas y sindicales (La Cámpora, CGT, las CTA y la Izquierda) organizaron sus propias columnas para medir su poder de convocatoria en las calles porteñas. - La parada en San José 1111: En un hecho que mezcló el reclamo histórico con la interna política actual, la extensa caravana de La Cámpora desde la ex-ESMA hizo una parada simbólica frente al departamento donde la ex presidenta Cristina Kirchner cumple su condena, antes de ingresar a la Plaza. Crónica Narrativa ADN21: La calle que no olvida Hay un peso distinto en el aire cuando se cumplen 50 años. A las 11 de la mañana, la Avenida de Mayo ya había dejado de ser una calle para convertirse en un río de gente. Cualquier intento de fotografiar la magnitud de la marcha quedaba corto; el movimiento era constante, un flujo inagotable de memoria viva. Pedro, con apenas 12 años, sostiene una pancarta que le queda grande, pero le calza justo a la historia. Pintó un pañuelo blanco y la palabra Memoria. Le pide a su mamá que le saque una foto, buscando atesorar su pequeña obra en el medio de una multitud contundente. A pocas cuadras, Valentina, de 7 años, lleva en su remera el rostro de su tío abuelo Sergio. Cuando otra foto pasa cerca, pregunta con la naturalidad de quien hereda un duelo inconcluso: Este era mi tío abuelo, ¿ese quién es?. Es en ese cruce intergeneracional donde radica la fuerza del 24 de marzo. El 60% de los desaparecidos tenían entre 21 y 30 años. Hoy, sus rostros en blanco y negro cuelgan del cuello de familiares que peinan canas o de sobrinos que nunca los conocieron, pero que llevan la ausencia enredada en el árbol genealógico. Hacia las 15 horas, el centro porteño era un hormiguero intransitable. No había lugar en las veredas, ni en los cafés. Solo espacio para caminar al ritmo lentísimo que impone la masividad. Cuando la enorme bandera azul con los rostros de los desaparecidos asomó por la Avenida de Mayo, el efecto fue doble y automático: primero, un silencio que helaba la sangre; segundos después, el grito atronador prometiendo que a donde vayan los iremos a buscar. El acto central a las 16:30 coronó una jornada donde la memoria histórica se cruzó de frente con el presente político. La marcha peronista, los cánticos de la izquierda y las columnas sindicales convergieron en una Plaza de Mayo que le dejó un mensaje claro al Gobierno: a 50 años del inicio de la dictadura más sangrienta, el Nunca Más sigue siendo la línea roja que la sociedad argentina no está dispuesta a negociar.
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