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    » La Nacion

    Fecha: 24/03/2026 07:17

    Jugó en Almagro, tuvo que exiliarse en Suecia en la dictadura y hoy es doctor en Filosofía: Nunca tuve la sensación de muerte La historia de Claudio Tamburrini resurge cada 24 de Marzo y este año llega acompañada de un documental con nuevos detalles de su detención ilegal en la Mansión Seré; Sentía que nunca iba a salir de ese lugar, rememoró - 6 minutos de lectura' En el marco del 50° aniversario del golpe militar del 24 de marzo de 1976, en un nuevo Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, la historia de vida de Claudio Tamburrini volvió al centro de la atención con la llegada de la película documental El arquero inocente, la cual revela los detalles más crudos de su detención ilegal en la Mansión Seré. Tras escaparse, quien era arquero del Club Almagro, se exilió a Suecia y tuvo que rehacer su vida a más de 12 mil kilómetros de su casa y con apenas 25 años. La historia de un secuestro Nacido en Ciudadela, Provincia de Buenos Aires, en el seno de una familia de clase media, Tamburrini guarda memorias de una infancia donde la cotidianeidad transcurría en un barrio tranquilo. Se podía jugar al fútbol en las calles y la cancha de Almagro estaba cerca de mi casa. Debuté en primera división en 1975 y también jugué en 1976 y 1977, recuerda el protagonista en El arquero inocente. Esta vocación deportiva era paralela a sus estudios de Filosofía y su compromiso militante, aunque el clima represivo que se instauró tras el golpe de 1976 lo obligó a correrse de su vida política para enfocarse en su carrera deportiva, lo que le sirvió para poder cumplir su sueño de debutar con El Tricolor. A pesar de sus esfuerzos, la persecución fue implacable y lo tomaron por sorpresa en su casa: En esa época, cuando era estudiante de filosofía, fui secuestrado por un grupo perteneciente a la Fuerza Aérea Argentina, como consecuencia de mi afiliación y actividad en la Fundación Juvenil Comunista. Nunca estuve involucrado en ningún acto de violencia, queríamos acceder al poder con una política de alianzas mediante la vía democrática. El cautiverio, que duró 120 días en la Mansión Seré, dejó una marca imborrable en su memoria. La casa fue un campo de concentración, sintetiza el exarquero con contundencia en la película. Dentro de esos muros, la violencia se manifestaba a través de la tortura y la incertidumbre absoluta sobre el destino de los detenidos. Sobre su estado psicológico durante el encierro, Tamburrini admite una dualidad compleja: Nunca tuve la sensación de muerte, sí tuve miedo de que me mataran. Pero lo peor es que sentía que nunca iba a salir de ese lugar. Por eso acepté irme con Guillermo [Fernández] cuando me lo planteó. Esa decisión de intentar la fuga marcó un punto de inflexión, y tras escapar, el exjugador vivió un largo periodo de clandestinidad absoluta. Después de la fuga, permanecí escondido en distintas casas de gente que, voluntariamente, cedía sus viviendas, sabiendo el riesgo que conllevaba en esa época, para que personas como yo tuviéramos la oportunidad de estar protegidos, detalla. Uno de los momentos más reveladores de su testimonio se produce al recordar el Mundial de 1978. Mientras la sociedad argentina se volcaba a las calles para celebrar la clasificación del equipo nacional a la final, Tamburrini vivía su particular redención: Hasta el partido con Perú había estado escondido en diversas casas. Por primera vez después de la fuga, me atreví a salir a la calle nuevamente tras el triunfo a Perú. La gente recuperó la calle y perdió el miedo al mismo tiempo que yo; puede trazarse un paralelo. Esta observación subraya la paradoja de un país dividido, donde el fervor deportivo funcionaba como un velo para ocultar el horror del terrorismo estatal. Finalmente, en junio de 1979, Tamburrini escapó a Brasil y su destino se fijó en Suecia, país que le otorgó el asilo necesario para recomenzar su vida desde cero. Suecia es mi casa, es mi hogar, el país en el que vivo, el país en el que crecí a partir de los 25 años cuando tuve que abandonar mi país en plena dictadura militar, el país en el que me formé profesionalmente, formé mi familia, sostiene con firmeza al valorar su presente en el país europeo. En la Universidad de Estocolmo, logró doctorarse en filosofía práctica, la forma que encontró para cerrar un círculo que comenzó en las aulas argentinas antes de ser interrumpido por la violencia de los grupos de tareas. La historia de Claudio Tamburrini ya había llegado a la gran pantalla en 2006, con la película Crónica de una fuga, donde fue interpretado por Rodrigo de la Serna en uno de sus primeros papeles protagónicos. Ese mismo año también se publicó el documental Seré memoria, en el que el exarquero realiza su primera aparición en cámara al dar su testimonio. Ahora, luego de muchos años, el director Iván Kasanzew lo contactó para conocer más detalles de sus memorias en El arquero inocente, una producción que vincula el dolor, la realidad de la época más oscura del país y lo que significó el Mundial 1978. Todos los detalles sobre El arquero inocente La película documental El arquero inocente que se estrenó el pasado 22 de marzo en el Cine Gaumont se convirtió en una pieza fundamental para comprender la memoria reciente de la Argentina. La obra no solo se detiene en el drama de Tamburrini, sino que articula tres ejes narrativos clave: la instrumentalización política del Mundial 1978 por parte de la Junta Militar, la historia de resistencia de su protagonista y el trasfondo sociopolítico de aquel partido contra Perú. A través de material de archivo y entrevistas, como la realizada al Gran Capitán Daniel Passarella, el filme busca diseccionar cómo el gobierno de facto utilizó el fútbol como un manto de normalidad mientras en centros clandestinos de detención se perpetraban crímenes de lesa humanidad. La película se propone como una herramienta de archivo testimonial que dialoga con las nuevas generaciones. Según plantea la propuesta cinematográfica, el fútbol funcionó como una fachada que permitió al gobierno de facto camuflar el terrorismo de Estado. Los festejos oficiales en los estadios contrastaban drásticamente con el silencio impuesto en los centros de detención. En este sentido, El arquero inocente se erige como un recordatorio necesario sobre el riesgo constante al que se enfrentaban los ciudadanos perseguidos y muestra cómo la fuga de Tamburrini se transformó en un acto de supervivencia y dignidad. La relevancia de este estreno radica, en última instancia, en su capacidad para conectar un hecho histórico de alto impacto masivo con los dramas invisibilizados de las víctimas. Al poner foco en la vida de Tamburrini, el relato se aleja de la abstracción estadística para devolverle rostro y nombre a quienes padecieron la represión. El exarquero de Almagro funciona hoy como un testigo clave, un sobreviviente que, tras haber vivido el horror de la Mansión Seré, logró reconstruir su identidad sin perder el vínculo con su historia y la lucha por la justicia en su país de origen. Otras noticias de Golpe de estado de 1976 Últimas Noticias Ahora para comentar debés tener Acceso Digital. Iniciar sesión o suscribite

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