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Parana » AIM Digital
Fecha: 23/03/2026 10:55
La salud mental emerge como uno de los efectos menos visibles pero más extendidos de la crisis económica en Argentina. El aumento de la incertidumbre laboral, la caída del poder adquisitivo y el deterioro de las condiciones de vida configuran un escenario de estrés sostenido que impacta de lleno en la vida cotidiana, constató AIM. En este contexto, profesionales de la salud advierten un crecimiento sostenido en las consultas por ansiedad, insomnio y cuadros de angustia. Según pudo saber AIM, la demanda en servicios de atención psicológica, tanto públicos como privados, muestra un incremento que se vincula directamente con la inestabilidad económica y la falta de previsibilidad. La incertidumbre laboral aparece como uno de los factores centrales. La amenaza de pérdida de empleo, la precarización de las condiciones de trabajo y la dificultad para proyectar a mediano plazo generan un estado de alerta permanente que afecta la salud emocional. Informaron a AIM especialistas que este tipo de estrés crónico puede derivar en trastornos más complejos si no se aborda a tiempo. A esto se suma el desgaste cotidiano. El esfuerzo constante por sostener el nivel de vida, reorganizar gastos y enfrentar aumentos de precios genera una sobrecarga emocional que atraviesa a distintos sectores sociales. Fuentes consultadas por este medio indicaron que la crisis no solo impacta en indicadores económicos, sino también en la calidad de vida y en el bienestar psicológico de la población. En paralelo, el sistema de salud mental enfrenta sus propios límites. La demanda creciente tensiona recursos que ya eran insuficientes, en un contexto donde las políticas públicas en la materia no logran dar respuesta a la magnitud del problema. Supo AIM que muchos dispositivos territoriales registran demoras en la atención y dificultades para sostener tratamientos. Así, la crisis económica no solo redefine el escenario productivo y social, sino que también deja huellas profundas en la subjetividad. El impacto invisible de la ansiedad y el estrés se consolida como una dimensión clave para comprender el alcance real del deterioro. En Argentina, los indicadores disponibles reflejan un deterioro sostenido del bienestar emocional en paralelo al agravamiento de la situación económica. Según datos del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA, una proporción creciente de la población urbana presenta síntomas de malestar psicológico, con niveles elevados de ansiedad y estrés asociados a la incertidumbre económica. A su vez, relevamientos del Indec muestran que el deterioro de los ingresos reales y el aumento de la pobreza se profundizaron en el último año, configurando un escenario que impacta directamente en la salud mental, especialmente en sectores medios y vulnerables, donde la preocupación por llegar a fin de mes se volvió estructural, constató AIM. En paralelo, informes de la Organización Mundial de la Salud (OMS) advierten que, en contextos de crisis económica, los trastornos de ansiedad y depresión pueden incrementarse de manera significativa, con efectos más marcados en países con sistemas de protección social debilitados. En el plano local, especialistas indicaron a AIM que las consultas en servicios de salud mental registran aumentos sostenidos, con mayor demanda en hospitales públicos y centros comunitarios, donde ya se observan demoras en la atención. Este escenario evidencia una brecha creciente entre la necesidad de asistencia y la capacidad de respuesta del sistema sanitario, en un contexto de ajuste y restricción de recursos.
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