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  • Conflicto en Medio Oriente, un costo y una oportunidad para Argentina

    » Clarin

    Fecha: 23/03/2026 12:31

    El crudo es una commodity y como tal su precio está fijado internacionalmente con independencia del país que lo produzca. Como forma parte importante en la composición del precio de los combustibles, su variación incide proporcionalmente en estos. En nuestro país esa incidencia es aproximadamente un 40% en el surtidor. Los otros componentes son los impuestos, el precio regulado de los biocombustibles, el margen de distribución, logística, valor del dólar y márgenes de utilidad. Teniendo presente que en Argentina el precio del crudo y sus derivados es libre, es decir no está regulado por el Estado y que el valor que se toma como referencia en el proceso de elaboración de los combustibles en las refinerías es el del petróleo Brent, el precio del crudo es un dato de entrada. Resulta inevitable, en consecuencia, el traslado del incremento del valor del barril al precio de los combustibles. Pero se toma internamente la paridad de exportación, o export parity, es decir lo que recibiría una petrolera por el volumen que quisiera exportar y surge de descontar al precio internacional del barril, dado por la referencia Brent, el 8% en concepto de retenciones, y entre 4 y 5 dólares por calidad y logística. Así, si el precio internacional del barril fuera de U$ 100, el export parity sería aproximadamente de U$ 87/88. Ese sería el precio que inevitablemente deberían pagar las refinerías su principal materia prima. Mientras no se profundicen los ataques a la infraestructura de la actividad, la cotización internacional del barril se verá afectada por la alta volatilidad producida por la incertidumbre geopolítica, no por sus fundamentals oferta y demanda. Si esos precios anormales se extendiesen en el tiempo, el Gobierno podría intervenir en los impuestos, tasas y valores de los biocombustibles todavía regulados para mitigar la situación. Pero nunca en el precio del Brent, como lamentablemente ocurrió durante las administraciones kirchneristas produciendo desinversión y desabastecimiento. Para tener una idea de como afecta el valor del crudo en el precio del combustible en surtidor, puede utilizarse la siguiente relación en función de los múltiples factores que intervienen en su formación: un dólar de aumento del barril impactaría entre un 1,0 y 1,3% en el precio final del combustible. Como nuestro país es productor con saldos exportables, durante un período acotado de aumento las petroleras podrían maniobrar para amortiguar la volatilidad circunstancial de los mercados. Pero, si se mantuvieran por unos días esos precios, los combustibles aumentarían sin dudas en la relación antes mencionada incidiendo en forma directa en la inflación. Del mismo modo, una vez superado el factor disruptivo del conflicto bélico en la zona del Golfo Pérsico, los precios en los surtidores deberán retomar los valores previos, que son los que corresponden, como antes se dijo, al juego de la oferta y demanda internacional. Respetar estas variaciones impuestas por el mercado petrolero mundial, puede tener un efecto positivo para Argentina. En el corto plazo, por el mayor ingreso de divisas debido a la exportación actual de unos 300.000 barriles /día y por el aumento del cash flow de las petroleras exportadoras, la mayoría de ellas participantes en los actuales desarrollos de infraestructura e incremento de la producción destinado a la exportación, que acelerarán el proceso de inversión de esos proyectos orientados a una exportación no tradicional. Pero, en mi opinión, lo más importante para nuestro país en el mediano y largo plazo es que se nos amplían las oportunidades para incursionar y competir en los mercados internacionales de petróleo y fundamentalmente de gas natural licuado GNL. En efecto, los grandes importadores de petróleo y gas han escarmentado con grandes perjuicios por haber confiado en fuentes de abastecimiento de países o regiones que ofrecían abastecimiento en cantidades y precios atractivos, pero geopolíticamente poco seguros como demostró la realidad. A Europa le falló su principal proveedor, la Rusia de Putin y ahora, los países asiáticos, en particular India, China, Sur Corea y Japón, están sufriendo la inestabilidad de la región del Golfo Pérsico que los proveía del 80% de sus necesidades de importación. Por estas razones todos estos países importadores buscarán diversificar la provisión de sus necesidades de petróleo y gas en pos de mayor seguridad. Sería como un fly to safety de las potencias importadoras para reducir los riesgos actuales que implican los grandes productores de zonas geopolíticamente inestables. Productores como Estados Unidos, Canadá, Australia, Brasil, Guyana y ahora Argentina constituirán la componente de seguridad requerida a partir de la lamentable experiencia de los conflictos bélicos que vienen afectando al mundo. Argentina califica para casi todos los requisitos de seguridad de abastecimiento que impondrá el nuevo contexto del mercado petrolero global. Cuenta con un recurso abundante y de calidad, Vaca Muerta; la industria alcanzó la experiencia y el conocimiento para su explotación comparable con la de Estados Unidos en sus yacimientos de petróleo y gas no convencional; el año próximo comienza la exportación de gas natural licuado GNL y de petróleo a escala internacional. Por otra parte, es un país ajeno a conflictos bélicos, raciales, étnicos, religiosos y con un nivel cultural adecuado. Pero, no tiene los capitales para un desarrollo acorde con la demanda potencial recién mencionada. Para obtenerlos, tendremos que convencer al mundo que no volveremos al pasado. Sobre la firma Newsletter Clarín

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