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  • Amar sin asfixiar: cuando cuidar demasiado también puede dañar

    La Plata » El dia La Plata

    Fecha: 22/03/2026 11:24

    La atención excesiva crece como respuesta al miedo y la incertidumbre. Especialistas advierten que limitar la autonomía de los hijos puede afectar su desarrollo emocional, su confianza y su capacidad para enfrentar la vida. La voz de un psicólogo de la Ciudad La escena es cotidiana: padres atentos, presentes, disponibles para resolver cualquier dificultad. Sin embargo, en ese gesto que parece puro cuidado puede esconderse un exceso que, lejos de proteger, limita. La sobreprotección en la crianza se ha convertido en uno de los dilemas centrales de las familias actuales, donde el equilibrio entre acompañar y soltar se vuelve cada vez más difícil. Para el licenciado en psicología de La Plata, Matías Fittipaldi, la clave está en una diferencia que no siempre resulta evidente: no es lo mismo proteger que sobreproteger. La protección implica acompañar dejando margen para que el hijo se equivoque y encuentre sus propias respuestas. La sobreprotección, en cambio, aparece cuando los padres, para evitar su propia angustia, postergan ese momento de autonomía, explicó en diálogo con EL DIA. En otras palabras, el problema no es cuidar, sino no poder tolerar el riesgo que implica crecer. La sobreprotección no surge del desinterés, sino exactamente de lo contrario. Es, en la mayoría de los casos, una respuesta amorosa pero desbordada frente al miedo. Miedo a que algo salga mal, a que el hijo sufra, a que fracase o se equivoque. Según Fittipaldi, la crianza siempre conlleva una cuota inevitable de angustia. Y eso no solo es normal, sino necesario. Es preocupante tanto que los padres no se angustien como que esa angustia los paralice, analizó el profesional. El equilibrio entre acompañar y soltar se vuelve cada vez más difícil en el entorno familiar Ahí aparece el punto crítico: cuando el temor adulto se vuelve más importante que la necesidad del niño, la crianza empieza a girar en torno a evitar el malestar en lugar de preparar para enfrentarlo. Asimismo, otros especialistas coincidieron en que este tipo de vínculo no responde tanto a las necesidades reales del hijo, sino a las proyecciones de los adultos. Así, entonces, muchas decisiones se toman no en función de lo que el niño puede hacer, sino de lo que el adulto teme que ocurra. Uno de los aspectos más llamativos es que, en sus extremos, la sobreprotección y la desprotección pueden producir efectos similares. En ambos casos, los chicos quedan privados de desarrollar herramientas propias. Cuando hay exceso o falta de acompañamiento, los niños y adolescentes no logran diferenciar entre el riesgo necesario y la exposición innecesaria, señaló Fittipaldi. Es decir, tanto el control absoluto como la ausencia total de guía generan dificultades para construir criterios propios. La autonomía no aparece ni por imposición ni por abandono: necesita un espacio intermedio, muchas veces incómodo, donde se pueda experimentar, fallar y aprender. Los efectos de la sobreprotección no siempre son inmediatos, pero suelen manifestarse con el tiempo. Entre los más frecuentes aparecen la inseguridad, la dependencia, la dificultad para tomar decisiones y una baja tolerancia a la frustración. La sobreprotección implica un exceso de tutela que agobia a los hijos y los aleja de los padres. Esta puede generar desde pérdida de confianza hasta pérdida de espontaneidad en los niños, ya que temen la desautorización de sus padres Matías Fittipaldi, Licenciado en Psicología También puede surgir una pérdida de espontaneidad. Cuando los hijos perciben que sus decisiones serán constantemente evaluadas o corregidas, comienzan a inhibirse o, en el extremo opuesto, a rebelarse. Se genera un alejamiento y una falta de confianza. Los hijos pueden empezar a tomar decisiones más riesgosas, pero sin ningún tipo de acompañamiento, porque el diálogo con los padres se rompe, advirtió el psicólogo. A nivel emocional, distintos estudios señalan que estos niños tienden a percibir el mundo como un lugar peligroso. Al no haber desarrollado recursos propios, cualquier desafío puede vivirse como una amenaza. El fenómeno no puede entenderse sin mirar el contexto actual. Las formas de crianza cambiaron, las estructuras familiares se diversificaron y ya no existe un modelo único al cual aferrarse. Hoy hay una pluralidad de formas de ser padres y madres. Eso exige más invención, más creatividad, pero también genera más incertidumbre, explicó Fittipaldi. A esto se suma una transformación profunda en la relación entre lo público y lo privado. El espacio público, históricamente asociado al encuentro con otros y a la experiencia de la diferencia, se ha reducido. En su lugar, crece el repliegue hacia lo doméstico, percibido como más seguro. Las tecnologías también juegan un papel central. Por un lado, ofrecen contención y entretenimiento; por otro, refuerzan el aislamiento. Muchos padres, además, sienten que no comprenden del todo estos nuevos entornos digitales, lo que aumenta la sensación de descontrol. El resultado es una paradoja: mientras los adultos buscan proteger más, los chicos encuentran menos oportunidades para construir autonomía real. La tensión entre control y libertad aparece con frecuencia en los espacios de consulta. Según Fittipaldi, es uno de los motivos más habituales. Los padres suelen llegar preocupados por conductas específicas: bajo rendimiento escolar, dificultades sociales, vínculos afectivos conflictivos o exposición a riesgos. Sin embargo, muchas veces esos síntomas funcionan como señales de algo más profundo. Esas conductas traen un mensaje: hay algo en la relación que necesita revisarse, puntualizó. Y agregó que, más allá de la preocupación adulta, es fundamental escuchar al hijo o hija para orientar cualquier intervención. No hay recetas universales ni fórmulas exactas. La crianza, coinciden los especialistas, es una construcción en proceso, atravesada por errores, dudas y aprendizajes. Lo que sí parece claro es que el desarrollo saludable requiere una combinación de cuidado y libertad. Proteger no significa eliminar todos los obstáculos, sino acompañar mientras se los atraviesa. Entre las recomendaciones más repetidas aparecen: permitir que los hijos enfrenten desafíos acordes a su edad, fomentar la toma de decisiones, no anticiparse constantemente a sus necesidades y valorar el esfuerzo más allá del resultado. También resulta clave habilitar el error. Equivocarse no es un fracaso, sino una parte central del aprendizaje. Los padres tienen que habilitarse a encontrar su propio estilo, sentenció Fittipaldi. Esto implica asumir que no existe la crianza perfecta y que, en algún punto, siempre habrá un margen de falla. Lejos de ser un problema, esa imperfección forma parte del proceso. Criar implica moverse en una zona de incertidumbre permanente, donde cada decisión tiene algo de apuesta. Quizás el desafío más grande sea aceptar que cuidar no es evitar todo dolor, sino acompañar en el camino de aprender a enfrentarlo. Porque crecer, al fin y al cabo, también implica animarse a perder el control. Resolver problemas que los hijos pueden enfrentar solos Evitar cualquier tipo de frustración o dificultad Controlar constantemente actividades y vínculos Anticiparse a todas sus necesidades Limitar decisiones propias según la edad Supervisar en exceso o invadir la privacidad Transmitir miedo frente al mundo exterior Permitir que enfrenten desafíos acordes a su edad Acompañar sin intervenir de inmediato Fomentar la toma de decisiones propias Valorar el esfuerzo más que el resultado No anticiparse a todos los problemas Habilitar el error como parte del aprendizaje Escuchar activamente a hijos e hijas Cambios en los modelos familiares Mayor incertidumbre en la crianza Reducción del espacio público como lugar de aprendizaje Repliegue hacia lo privado y lo seguro Impacto de las tecnologías y nuevas formas de aislamiento Falta de tiempo de calidad por sobrecarga laboral ESTA NOTA ES EXCLUSIVA PARA SUSCRIPTORES HA ALCANZADO EL LIMITE DE NOTAS GRATUITAS por favor, suscríbase a uno de nuestros planes digitales ¿Ya tiene suscripción? 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