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» Clarin
Fecha: 22/03/2026 07:29
El lunes pasado, bien temprano, antes de irse a trabajar, uno de los funcionarios más importantes del Gobierno de Javier Milei desayunaba a las apuradas con su esposa, cuando ella, extrañamente, le pidió que revisara el chat de padres del colegio. Aunque la presencia del funcionario inhibe a los integrantes del grupo de hacer comentarios políticos, ese día uno de ellos había hecho un chiste después de leer un comentario banal: Es que me estuve deslomando todo el fin de semana, escribió. Nadie se plegó a la ironía, pero el funcionario entendió enseguida que el verbo deslomar, y todo lo que se desprende del escándalo que involucra a Manuel Adorni, se había instalado en el peor de los lugares en los que se podía instalar: en los grupos de WhatsApp que se mantienen conectados por asuntos alejados de la política. Esa es la principal inquietud que mortifica a los defensores del jefe de Gabinete, que son mayoría en el universo libertario. No es como en otros casos que complican al Gobierno y que pasan inadvertidos en la conversación pública, aunque sean, incluso, más graves. ¿Podrá sostenerse Adorni en el cargo frente a una sociedad que lo mira con desconfianza? ¿Y si aparecieran más cosas comprometedoras? Los costos son altos y el efecto negativo podría salpicar al Presidente. Hay quienes recuerdan, pese a que no son situaciones comparables, el caso Espert. Aquella vez también Milei se puso al frente de la defensa y se desacreditaron las versiones periodísticas. El propio protagonista escribió un tuit para desmentir que no se bajaba de la candidatura a diputado por las denuncias de haber recibido plata del narcotráfico y asistió a la Residencia de Olivos como muestra de fe. Lo mismo hizo ahora Adorni. El ímpetu de Espert duró menos que un fin de semana. Milei y su hermana Karina se ocuparon de contener a Adorni desde lo político, pero también desde lo emocional. Lo vieron golpeado, abatido familiarmente y con pocas ganas de volver a poner la cara frente a los micrófonos. Los hermanos gobernantes lucen cada vez más furiosos con los periodistas. Son ellos, en especial los que escriben en los diarios, los culpables. Todo es siempre una mentira, una operación, una fábula, no hay nada verdadero en los textos, salvo confabulaciones contra la Casa Rosada. Los hechos, básicamente, no existen. Milei no quiere ni que le pregunten sobre el tema. Cuando se refiere a ello lo hace con improperios: Miren si nos vamos a dejar correr por los que se robaron un PBI. Esa es la vara, la nueva vara. Un giro copernicano. La casta vive. La última semana fue todavía más complicada para Adorni que la anterior, cuando se reveló el viaje a Nueva York con su esposa, Bettina Angeletti, en el Tango 01, y la estadía en el lujoso hotel The Langham de la Fifth Ave. La Justicia investiga ahora una denuncia de la diputada Marcela Pagano por enriquecimiento ilícito y buscará determinar con qué fondos compró una casa en el Indio Cua Country Club. Su sueldo es de algo más de 4.000.000 de pesos, pero hasta diciembre era inferior a los tres millones. Su declaración jurada, presentada ante la Oficina Anticorrupción, no incluye la propiedad ni un patrimonio considerable previo a la función pública. La Justicia también rastrea los viajes que hizo en vuelo privado a Punta del Este con su familia en el feriado de Carnaval. Hubo demasiadas inconsistencias en sus explicaciones y en las del amigo, el empresario Marcelo Grandio, quien financió ambos vuelos, pese a que -en una de las entrevistas- aseguró, con furcio incluido, que Adorni había pagado una parte con plata del Estado. Ante preguntas muy simples no pudieron dar precisiones y decidieron no volver a dar entrevistas. En el caso de Adorni, quizás, ameritaría una conferencia de prensa. La catarata de malas noticias para él continúa: el viernes se supo que una de las facturas que analiza la Justicia fue emitida por un broker de vuelos, Agustín Ismel Issin, a nombre del periodista Grandio, el mismo que había abonado el vuelo de día a Punta del Este a través de una de sus empresas. Con una gravedad: esta última fue emitida el 9 de marzo, cuando el viaje se hizo en febrero. Resulta natural suponer que la factura fue hecha cuando trascendió el viaje y que hubo alguna charla de coordinación entre Adorni y el financista de la escapada a la costa uruguaya. Grandio tiene contratos con el Estado y hasta hace poco conducía un programa en la TV Pública, que depende de Adorni. Al jefe de Gabinete podría caberle el delito de dádivas. Las conjeturas sobre un posible cambio en el Gabinete desnudan el aislamiento cada vez más notorio en el que gobiernan los Milei. La mesa política es una caricatura. A Santiago Caputo le dijeron poco y nada sobre qué podría pasar si el escándalo Adorni termina con su salida. A Diego Santilli, lo mismo. Sandra Pettovello es respetada, pero no la consultan sobre estas cuestiones. Karina se recuesta sobre Lule y Martin Menem: ambos comparten la idea de que Adorni no puede irse. Pero es difícil encontrar funcionarios que den la cara. La mayoría calla, teme equivocarse o, peor, teme que un error haga que su cabeza termine bajo la guillotina de la hermanísima. Estamos trabados, algo hay que hacer. No podemos andar a los saltos todos los días", asumen algunas voces del Gabinete. El caso $Libra terminó de desatar la fiebre conspirativa de los Milei. De nuevo: rechazan los hechos y no dan explicaciones, creyendo que con eso basta. El vínculo con el lobista Mauricio Novelli, puente entre el Presidente y Hayden Davis, es foco de tensión. Desde que trascendió un documento que revela un presunto pacto por cinco millones de dólares que involucraría a Milei en el oficialismo solo hubo silencio. Milei y su hermana hablaron con Novelli antes y después de la publicación del tuit que originó la suba de la criptomoneda a niveles inauditos. Milei había negado los contactos. El lobista se jactaba de la relación con el primer mandatario. Fuentes judiciales contaron a Clarín que en la causa existen audios realmente llamativos, en los que la autoridad presidencial queda menoscabada. Milei niega todo y a menudo busca distracciones. En los largos tiempos de vuelo, en las charlas pasajeras en la Casa Rosada y en la Residencia de Olivos y en conversaciones a solas con funcionarios que esta semana le pidieron audiencia para hablar sobre algún tema específico, el jefe de Estado se dedicó a profetizar, por ejemplo, sobre el legado de Adam Smith. Llegó a mantener conversaciones de hasta una hora sobre el tema. Se dice conversaciones, pero acaso sea más apropiado hablar de monólogos. Son pocos los que lo interrumpen. El Presidente suele pasar de la euforia a la bronca, y viceversa, en cuestión de minutos. El jueves celebró el dato de crecimiento del 4,4% del Producto Bruto Interno en 2025. Pero se descoloca demasiado cuando algo se escapa de sus cálculos. Lo mismo le pasa cuando observa que en las redes se discurre sobre una idea contraria a la suya. Si es relacionada con la economía, peor. Solo admite que se recite el credo oficial. Tuitea y retuitea compulsivamente. El 1 de marzo dijo frente a los diputados y senadores que la desocupación no había aumentado durante su administración. Era falso. El Indec acaba de difundir que el cuarto trimestre de 2025 cerró en 7,5%, es decir, 1,1 puntos porcentuales más respecto de 2024. Lo mismo le ocurre con la inflación. Dijo durante buena parte del año pasado que los precios se iban a desplomar, pero los datos -hasta hoy- reflejan una cosa distinta. Este mes, según las estimaciones del propio Ministerio de Economía, la suba daría por encima del 3%, o sea, más del el doble que un año atrás. La suba de precios corre de contramano en la carretera que transita el Gobierno por la supervivencia de la expectativa y de un futuro mejor. Los registros que llegan a Balcarce 50, hasta los más amigables, advierten que el humor social se resintió de modo significativo desde inicios de 2026. Coincide con los meses más altos de inflación (enero y febrero marcaron 2,9%) y con los traspiés inesperados del propio Gobierno que, lejos de corregirse, parecerían reivindicarse. El 1 de marzo, por cadena nacional, Milei recomendó no tener alergia a los datos. Tiene razón. Atentar contra los datos y los hechos deberían ser considerados un sacrilegio. Sobre la firma Newsletter Clarín
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