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Fecha: 22/03/2026 05:32
Con una inversión inicial de solo US$250, en 2008 Pablo y Juan Manuel Martelli desarrollaron Hidrolit, un sistema de purificación de agua que este año proyecta facturar entre US$15 y US$25 millones. Desde entonces, los primos, nacidos en Carhué, provincia de Buenos Aires, combinaron conocimiento técnico y visión comercial para resolver un problema estructural del agua en la Argentina y escalarlo a nivel regional. Leé también: Son amigos, viajaron a España, vieron una tortilla envasada y crearon un negocio millonario en la Argentina En apenas 18 años, el emprendimiento evolucionó hasta convertirse en un grupo con presencia industrial, casi 50 empleados y una valuación que supera los US$100 millones. Primos y emprendedores Pablo Martelli tiene 42 años y su primo Juan Manuel, 35. Se criaron en Carhué, un pueblo de unos 10.000 habitantes en el distrito de Adolfo Alsina, en la provincia de Buenos Aires. Esa cercanía inicial, que luego se transformó en sociedad, terminó siendo uno de los pilares de un negocio que creció de forma sostenida durante casi dos décadas. El punto de partida no fue un plan de negocios estructurado, sino una sucesión de intentos. Antes de Hidrolit, probaron con sitios web y tiendas online en momentos en que el comercio electrónico todavía no tenía adopción masiva. Estábamos muy adelantados para la época, dijo Pablo, que además se formó como abogado y llegó a dar clases, aunque nunca terminó de identificarse con esa profesión. La idea que cambió el rumbo surgió de una experiencia personal. Pablo compró dos purificadores de agua costosos que prometían eliminar arsénico, pero no cumplían con esa función. Quedé mal con mi papá y mi tío por hacerles comprar algo que no funcionaba, contó. Su padre, médico, veía casos de enfermedades vinculadas al consumo de agua contaminada, lo que terminó de darle verdadera dimensión al problema. La búsqueda de una solución ante la presencia de arsénico en el agua En la Argentina, la presencia de arsénico en el agua responde a un fenómeno geológico. En muchas regiones, los niveles superan ampliamente lo permitido por el Código Alimentario. Estamos en promedios de ocho a diez veces por encima, y hemos visto casos de hasta 250 veces más, explicó Pablo. Con ese diagnóstico, decidieron desarrollar una solución propia. Dijimos: Vamos a hacer un filtro que saque el arsénico, recordó. Contra el escepticismo inicial incluso dentro de su propia familia encontraron una tecnología utilizada en la industria pesada por una empresa alemana y la adaptaron al uso doméstico. Leé también: Dos hermanos empezaron vendiendo maní, invirtieron US$60.000 y ahora tienen 6 locales en Buenos Aires El primer prototipo se armó en un departamento en Buenos Aires con insumos locales y una inversión cercana a los US$250. Las pruebas de laboratorio confirmaron que eliminaba el 99,99% del arsénico, además de otros metales pesados como plomo y mercurio. Ese desarrollo se convirtió en la base de Hidrolit, la línea de consumo masivo de una estructura más amplia que hoy opera bajo el paraguas de General Water Company Argentina. Crecer reinvirtiendo y sin financiamiento externo Durante los primeros años, el crecimiento fue gradual. No hubo rondas de inversión ni financiamiento externo: todo se construyó a partir de la reinversión constante. Recuperábamos la plata y la reinvertíamos toda, explicó Pablo. Esa dinámica fue posible porque no dependían del negocio para vivir. Pablo tenía otros ingresos y Juan Manuel, más joven, no tenía aún necesidades económicas fuertes. Esa decisión, poco habitual en etapas tempranas, les permitió acelerar el desarrollo sin comprometer la caja. El despegue llegó varios años después. Nos llevó ocho o nueve años transformarnos en una empresa próspera; la consolidación fuerte se dio a partir de 2018, señaló. Hoy, la compañía combina tres unidades de negocio: una industrial orientada a minería y petróleo, una semiindustrial para alimentos y procesos productivos, y la línea doméstica Hidrolit, que concentra el mayor volumen. Escala productiva y salto en facturación El último año marcó un punto de inflexión. Pegamos un salto importante que rompió cualquier pronóstico, dijo Juan Manuel. La empresa está ampliando su capacidad logística y proyecta fabricar unos 250.000 filtros anuales. En paralelo, avanza la construcción de una planta de 3600 m² en Cañuelas, con una inversión de US$3,5 millones. Allí concentrarán la producción, con el objetivo de alcanzar un nivel de integración local del 80% al 90%. Las proyecciones para este año ubican la facturación entre US$15 millones en el escenario más pesimista y US$25 millones en el más optimista. La valorización reciente, que supera los US$100 millones, abrió una nueva etapa: la búsqueda de socios estratégicos para expandir el modelo en América Latina. No buscamos solo capital, sino equipos técnicos que nos ayuden a implementar ideas rápidamente, explicó Juan Manuel. Un negocio con impacto ambiental y cambio de hábito El crecimiento de la empresa no se explica solo por la tecnología, sino también por un cambio en los hábitos de consumo. Los Martelli apuntan a reemplazar el uso de agua embotellada, tanto por costos como por impacto ambiental. Comprar agua envasada es ineficiente y contaminante, afirmó Pablo. En esa línea, lanzaron una segunda marca, Chill, con termos y botellas reutilizables de acero inoxidable, para complementar el uso de purificadores. La estrategia busca cerrar el circuito: acceso a agua segura en el hogar y reducción del consumo de plásticos de un solo uso. Hidrolit es la única empresa de la industria de tratamiento de agua en la Argentina certificada como Sistema B, un reconocimiento que distingue a las compañías que cumplen altos estándares de impacto social, ambiental y de transparencia. Emprender en familia, una excepción a la regla A diferencia de lo que suele ocurrir en muchos emprendimientos familiares, los Martelli destacan la estabilidad de su vínculo. Nunca hemos tenido una discusión, aseguró Pablo. Ambos coinciden en que la clave está en la complementariedad y en compartir objetivos de largo plazo. No somos los nuevos ricos que piensan en mansiones o autos de lujo; preferimos reinvertir, agregó. Leé también: Le surgió una idea frente a una góndola, invirtió US$10.000 y proyecta facturar US$1,5 millones en un año Para Juan Manuel, la lógica es similar a la de una sociedad de vida. Es como elegir una pareja. Hoy nos conocemos con los ojos cerrados, dijo. Esa dinámica, sumada a una oportunidad detectada en un problema estructural, explica cómo un prototipo armado en un departamento terminó convirtiéndose en una empresa con proyección regional y una valuación de nueve cifras.
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