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  • El adiós a Marcos Roberto Conigliaro, el delantero implacable que se retiró joven y dejó su huella: "Estudiantes es mi vida, la casa de todos mis amigos"

    » Clarin

    Fecha: 21/03/2026 14:23

    Hace pocos meses, se marchó la Bruja Verón, uno de sus compinches en aquellas inolvidable aventuras de los 60. Ahora fue el turno de él Marcos Roberto Conigliaro- el otro hombre-gol de la mayor hazaña de Estudiantes, la conquista de la Copa Intercontinental del 68 ante el Manchester United del trío estelar (Bobby Charlton, George Best, Dennis Law). A los 83 años, ha muerto Conigliaro en San Jorge, Santa Fe, allí donde se había radicado hace tres décadas. Y aunque Estudiantes desde entonces se acostumbró a festejar, el nombre de Conigliaro queda asociado a su momento cumbre, que abarcó su primer título local (el Metropolitano del 67), las tres Libertadores consecutivas (entre 1968 y 1970), el hito ante los ingleses y una Copa Interamericana. Una reciente nota de Diego Borinsky en Clarín al arquero de esa formación, Poletti, revivió detalles de la gesta de Estudiantes. Una época donde tuvo que afrontar tantas polémicas una época de fútbol recio, sin contemplaciones- y de claras divisiones de estilos. Era el Estudiantes con Bilardo como armador, la fortaleza física de Aguirre Suárez o Malbernat en la defensa o Pachamé en el medio, pero también el despliegue y la calidad del Bocha Flores y la habilidad de Juan Ramón Verón. Marcos Roberto Conigliaro era el hombre de punta, generando espacios o definiendo, conociendo además que la movilidad endiablada- de Verón siempre abría caminos. Aquellos duelos con Racing, Independiente, Nacional o Santos permanecen en las páginas más calientes del historial copero. En general recordó Poletti- éramos cinco los que viajábamos desde Constitución hacia La Plata. El tren salía a las 8.02 y nos encontrábamos en el salón comedor, que era el primer vagón después de la máquina. Por lo general venían Bilardo, Manera, Barale, a veces Conigliaro y yo también. En mi caso, me tomaba el 39 en la esquina de casa hasta Pacífico, de ahí el subte D hasta 9 de Julio y combinaba con el C hasta Constitución. Eso lo habremos hecho un año o dos, hasta que empezamos a comprar coches y entonces siempre alguno lo llevaba a Osvaldo. Y cuando el club armó el country en City Bell, ya Osvaldo se quedaba a dormir ahí. Marcos Roberto Conigliaro había nacido el 9 de diciembre de 1942 en Bernal. Se formó como futbolista en Quilmes y el DT José Santiago fue su formador, hasta llevarlo a Primera. A los veinte años llegó a Independiente y allí se integró a jóvenes que recién surgían como Mura y Bernao. Recién en el 63 tuvo algo más de participación en la Primera (marcó contra Chacarita, Estudiantes y Platense) e integró el equipo campeón, que anticipaba la ruta copera del Rojo, esa que despegaría desde 1964. Pero ese año Conigliaro fue transferido a Chacarita antes de que Zubeldía lo convocara para su proyecto en Estudiantes. En su paso por Chaca que terminó 12° entre dieciséis equipos- Conigliaro fue figura y goleador, con once tantos, uno de los máximos del campeonato. Se cumplen 55 años de Estudiantes de La Plata bicampeón de la Copa Libertadores . En la definición venció 2-0 a Nacional , con goles de Flores y Conigliaro.pic.twitter.com/7JGlvgqcuj VSports Team (@VSportsTM) May 21, 2024 Conigliaro cuando lo entrevistamos para un libro sobre las visitas de Pelé- contaba sobre la conducción de Zubeldía: Era un técnico que siempre veía más allá, muiy calmo y convincente con sus palabras. En muchos sentidos, un adelantado, aunque en nuestro país no fue del todo reconocido. Le gustaba intercambiar opiniones con los jugadores, en especial con los de mayor experiencia. En una de sus últimas entrevistas, el año pasado con Infobae, Conigliaro amplió sobre su DT: De las cosas que él veía, por ejemplo, sacó algunas que muchos están utilizando hoy. A Osvaldo no le gustaba hablar mucho. Pero con nosotros era una máquina de hablar, no paraba. Era un fenómeno que nos explicaba todo y lo repetíamos mil veces hasta que al final salía. Fue un adelantado a la época y muy capaz de llegarle al jugador con un mensaje claro, que es lo más difícil. Para Osvaldo eso era fácil, pero al resto de los técnicos les cuesta un poco más poder llegar al jugador. El futbolista debe tener muchas perspicacias para entender lo que el técnico le está explicando. Hay gente que lo hace muy fácil, y otros que se complican la vida. En su libro No te vayas campeón, el Negro Fontanarrosa, además de describir la violencia del fútbol de la época, también definía a Estudiantes: Se movía (en aquel clima) como pez en el agua. Era un equipo tenso, atento, supermotivado y calculadoramente frío para explotar todo resquicio del juego en procura de lograr ventajas. Nunca podía uno imaginar un Estudiantes desconcentrado, relajado o ausente frente a un compromiso. Era un conjunto pensante, con muchos jugadores que podían (como se dice ahora) leer el partido y operar sobre la marcha. Y agregó: Posiblemente aquel Estudiantes siempre en guardia, de dedicación full-time al partido, de perfeccionar hasta el cansancio todas las jugadas de pelota parada, de no dejar detalle sin considerar, capaz de planificar hasta la forma de ir a presionar en forma conjunta al referí, dejó algo más que tres Copas Libertadores y una Intercontinental. El partido bisagra para aquella generación de Estudiantes fue la semifinal del Metropolitano del 67 ante Platense en la Bombonera, cuando revirtió un 1-3, y con un hombre menos, ante Platense, para ganarlo por 4-3. A los 5 minutos Conigliaro marcó para Estudiantes, pero Platense con Angelito Labruna como DT- lo dio vuelta y se colocó con un 3-1 que parecía definitorio. El Pincha tenía un hombre menos por la lesión de Barale (no se autorizaban cambios de jugadores de campo en esa época) y estaba a punto de ser goleado cuando Pachamé salvó otro tanto sobre la línea. Sin embargo, lo empató con una palomita de Verón y un gol de Bilardo. Y luego de un puntapié del arquero Hurst al propio Bilardo, el árbitro Coerezza sancionó penal, que Madero transformó en el gol de un casi increíble 4-3. Días más tarde, el 3-0 sobre Racing le dio a Estudiantes el primer título local de su historia. Y el pase a la Libertadores del 68, donde se llevó el título ante Palmeiras. Racing había conquistado la Intercontinental del 67 ante el Celtic escocés, fue el primer equipo argentino en lograrla. Estudiantes heredó el título un año más tarde con la serie final ante el Manchester. El partido de ida se jugó en la Bombonera, el 25 de septiembre de 1968 y Conigliaro marcó el gol del 1-0, que les permitió viajar con mayor tranquilidad a Manchester para el desquite. Zubeldía dispuso esta formación: Poletti; Malbernat, Aguirre Suárez, Madero y Medina; Bilardo, Pachamé y Togneri; Conigliaro, Echecopar y Verón. Y allí, un 16 de octubre en el mítico terreno de Old Trafford, el 1-1 selló la coronación pincha. Esta vez Verón marcó para Estudiantes, que repitió prácticamente la formación, con el único cambio delante de Ribaudo por Echecopar. De aquel viaje Conigliaro evocó especialmente una anécdota: En Manchester, por ejemplo, antes de entrar al estadio, cuando llegamos a los vestuarios, no nos cambiamos ni nada, sino que dejamos las cosas ahí, y salimos de los vestuarios y nos metimos dentro de la cancha. Estaba todo oscuro, y cuando nos vieron que ingresamos al campo, nos prendieron todas las luces del estadio. Pero no porque lo hayamos pedido, sino la prendieron a propósito. Entonces, aprovechamos para ver en dónde gritaba más la gente, si en un arco o en el otro. De esta manera, fuimos un rato a un arco, y escuchamos la presión que había. Nos aguantamos las cosas que nos tiraban. Y después, fuimos al otro arco, también, vimos lo mismo. Al final, elegimos en el sorteo el arco donde había más presión para jugar en el primer tiempo. Todo pensado. Todo bien calculado, digamos. Conigliaro también fue clave en la coronación en la Interamericana, un 3-0 sobre el Toluca en el Centenario de Montevideo (1969) donde marcó dos goles, completando Flores. Conigliaro, en la Selección Argentina El paso de Marcos por la Selección Argentina resultó breve apenas tres partidos a comienzos de 1970, pero también inolvidable. Repasemos: en medio de la desorganización e improvisación que estaban a la orden del día con nuestros seleccionados en la era post-desastre de Suecia, la Selección sufrió su caída en las Eliminatorias para México, en 1969 (la única vez en el historial que no pudo clasificar al Mundial). Brasil -que preparaba con sus estelares Pelé, Tostao, Gerson y siguen las firmas- lo que sería su espectacular exhibición para el tricampeonato mundial en tierras mexicanas armó un par de amistosos preparatorios con Argentina. Brasil tenía sus propios conflictos (el DT Saldanha, ¡no quería a Pelé como titular!, lo despidieron y lo reemplazó el Lobo Mario Zagallo). Pero claramente era superior a una Albiceleste en caída, donde Pizzuti armó como pudo un plantel para el viaje. Pero lo cierto es que los nuestros también tenían su calidad individual y su orgullo. Y en el Beira Rio de Porto Alegre, ante más de 60 mil espectadores, sorprendieron con un 2-0 gracias a los goles de Conigliaro y Pinino Más. Con Cejas en el arco, la defensa la formaban cuatro impasables: el Panadero Díaz (esta vez volcado al lateral derecho), Perfumo, Rogel y Malbernat. Brindisi, Pastoriza y Madurga estaban en la línea media, el Lobo Fischer, Conigliaro y Más en la delantera. Cuatro días más tarde, en el Maracaná, Brasil se tomó desquite (2-1) pero ni eso alcanzó para evitar el despido de Saldanha. Con aquella base, la Argentina recibió en abril a Uruguay en la Bombonera y le ganó 2-1, nuevamente Conigliaro y Más anotaron. Al igual que otras figuras de su generación, eligió jugar en el exterior durante sus tramos finales, una travesía que lo llevó por México (Gallos de Jalisco), Bélgica (KSV Ourdenarde) y Suiza (FC Lugano), antes de su retiro definitivo en 1975. A los 34 años me retiré. La verdad es que ya estaba cansado de los entrenamientos y demás. Yo, prácticamente, cuando vine desde Europa para acá, me llamaron de Chile para ir a jugar allá. Fui, hice toda la pretemporada, y antes de empezar el campeonato, ya no quería saber más nada, y pegué la vuelta a la Argentina. Así que ahí terminó mi carrera como jugador. Había estado jugando en la selección argentina, haciendo goles y todo, pero realmente me cansé de todo y dejé el fútbol. Además, me había puesto una casa de deportes y me dediqué a eso, contó. A su retorno, se dedicó a la dirección técnica estuvo algunos meses al frente de Unión y luego en otros equipos de la misma provincia- y a la formación de nuevos profesionales del fútbol. Desde hace tres décadas, se había radicado en San Jorge, Santa Fe. Allí funcionaba la escuela de técnicos con su nombre. Pero fue infaltable en todas las reuniones de los ex de Estudiantes y en una asamblea del club le tributó una emotiva ovación. Cuando se cumplió medio siglo de la gesta en Old Trafford, Conigliaro pudo retornar allí con varios de sus compañeros (Verón, el Bambi Flores, Malbernat y Flores) y recuperar las sensaciones, además de reencontrarse con algunos de sus viejos rivales como Patrick Creard. Vinimos, por nosotros por los que ya no están, expresaron. Por aquellos recuerdos, por medio siglo atrás y por días recientes, como los homenajes que los chicos de las inferiores le brindaron, Conigliaro siempre sostuvo: Estudiantes es mi vida, la casa de todos mis amigos. Sobre la firma Newsletter Clarín

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