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  • Trump no leyó a Kaplan

    » Clarin

    Fecha: 21/03/2026 06:37

    La guerra de EE.UU. e Israel contra Irán se ajusta al viejo apotegma: comenzar una guerra es sencillo, debido al entusiasmo inicial, la búsqueda de objetivos políticos o el simbolismo épico, pero finalizarla es extremadamente complejo, ya que requiere lograr objetivos difíciles o gestionar las consecuencias del conflicto. Los líderes suelen embarcarse en guerras fácilmente, mientras que la solución se complica por la falta de incentivos para rendirse, la necesidad de justificar los sacrificios realizados o o por soslayar los factores desatendidos. Las guerras... se sabe como iniciarlas, no como terminarlas. La venganza de la geografía es un libro fundamental del analista político estadounidense Robert D. Kaplan, publicado originalmente en 2012. La obra sostiene que, a pesar de la globalización y la tecnología, los factores físicos como el clima, la topografía y la ubicación geográfica siguen siendo los determinantes principales del destino de las naciones y los conflictos internacionales. Allí Kaplan señalaba que Estados Unidos se enfrenta a tres dilemas geopolíticos primordiales: un caótico corazón continental eurasiático en Oriente Medio, una superpotencia china arrolladora y en alza, y un Estado mexicano con graves problemas. Y que la manera más eficiente de acometer el desafío que supondrá hacer frente a China y México es adoptando una gran cautela a la hora de implicarse militarmente en Oriente Medio. El único modo en que Estados Unidos, a su criterio, podría mantener su poder en las próximas décadas. El contraste entre la visión de Kaplan y el enfoque que precipita la Administración Trump en su ofensiva contra Irán, en busca de descabezar a su régimen gobernante y eliminar la amenaza que representa -si es que puede hablarse de un enfoque- se puede resumir en varios puntos críticos. Pero hay uno de ellos de especial sensibilidad: Ormuz. Trump presionó a aliados y rivales, incluyendo a China, para que asuman la seguridad del Estrecho de Ormuz, por donde circula el 20% del suministro total de petróleo del mundo, argumentando que EE.UU. no lo necesita tanto debido a su propia independencia energética. Kaplan ya había tomado el caso de Ormuz como ejemplo de chokepoint (punto de estrangulamiento) vital cuya estabilidad es esencial para la economía y el orden mundial, enfatizando en las instituciones y la diplomacia como herramientas para gestionar las limitaciones geográficas. Sin embargo, analistas -y el propio Kaplan en entrevistas recientes- vienen advirtiendo que Trump opera por impulso y táctica transaccional, lo que a menudo choca con las realidades territoriales de largo plazo. Trump no leyó a Kaplan -él no lo ha hecho seguramente, pero tampoco sus principales asesores lo han tenido demasiado en cuenta-. Creen que el poder político y económico puede imponerse sobre la geografía, mientras que Kaplan advertiría que, tarde o temprano, el mapa físico se rebela contra aquello que intenta constreñirlo. Es algo que ya le ocurrió a los EE.UU. en Irak y Afganistán en la primera década de este siglo y que despierta el lejano fantasma de Vietnam. O acaso ellos, allí en Washington, que habrán de saber más que nosotros, seguramente, estén viendo esta secuencia como parte de una película más prolongada, cuyas proyecciones todavía no alcanzamos a visualizar y dimensionar. Sobre la firma Newsletter Clarín

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