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    Fecha: 20/03/2026 01:44

    El rostro oculto de la crisis financiera de los hogares Con tasas récord y pérdida de ingresos, la morosidad familiar alcanza niveles no vistos en 15 años El cierre de 2025 y el inicio de 2026 han dejado al descubierto una realidad que la narrativa oficial intenta matizar con optimismo: el sistema financiero argentino atraviesa un deterioro marcado en su cartera crediticia, con un impacto que golpea con saña quirúrgica a las familias. Mientras los discursos gubernamentales celebran una supuesta normalización macroeconómica, los datos del Banco Central (BCRA) y de consultoras privadas revelan una verdad mucho más sombría: la salud financiera de los hogares atraviesa un momento crítico. Cifras que sentencian: el récord de la irregularidad No estamos ante un tropiezo coyuntural, sino ante un máximo histórico de morosidad en los créditos a familias que no se veía en 15 años. El ratio de irregularidad en el segmento de familias escaló al 9,3% en diciembre de 2025, marcando el decimocuarto incremento consecutivo. Lo más alarmante es la velocidad del deterioro: la morosidad familiar se ha casi cuadruplicado en comparación con el año anterior. El escenario es aún más dramático en el mundo del crédito no bancario. Las fintech y billeteras virtuales, que durante 2025 crecieron exponencialmente bajo la promesa de "mínimos requisitos", se han convertido en una trampa de liquidez inmediata. En este segmento, la morosidad alcanzó un 22,8%, una cifra que triplica lo registrado un año atrás y que pone de manifiesto que el financiamiento se utiliza para la mera supervivencia: el denominado "rollover del changuito" para cubrir consumos básicos. La pinza: tasas exorbitantes e ingresos en retroceso ¿Cómo llegamos a este punto? La respuesta se encuentra en una pinza económica letal. Por un lado, las tasas de interés activas se mantienen en niveles punitivos, muy por encima de la inflación. Para quien financia el saldo de una tarjeta de crédito, la tasa efectiva anual puede llegar al 152,4%, lo que equivale a casi siete veces la inflación esperada. Por otro lado, la capacidad de pago se ha pulverizado. Los salarios registrados no solo han perdido un 2,1% de su poder adquisitivo real en el último año, sino que su evolución nominal (28,8%) queda muy por debajo del costo del crédito, que resulta entre cuatro y cinco veces superior. Las fintech y billeteras virtuales, que durante 2025 crecieron exponencialmente bajo la promesa de "mínimos requisitos", se han convertido en una trampa de liquidez inmediata. En este segmento, la morosidad alcanzó un 22,8%, una cifra que triplica lo registrado un año atrás. A esto se suma la pérdida de empleo asalariado formal, que termina por asfixiar cualquier posibilidad de cumplimiento. Esta brecha creciente entre ingresos y costos financieros hace que las cuotas se tornen virtualmente impagables para gran parte de la población. El sector bancario: entre la cautela y el deterioro El impacto de este "default hormiga" de las familias ya erosiona los cimientos del sistema. La rentabilidad de los bancos (ROE) se desplomó del 15,6% al 4,4% en un solo año. Ante el salto en la mora, las entidades han comenzado a operar con extrema cautela, endureciendo los estándares de otorgamiento y aplicando una "poda" en los límites de tarjetas y créditos personales. Es particularmente preocupante el deterioro de la cobertura de la irregularidad. El nivel de previsiones que los bancos mantienen para cubrir créditos incobrables bajó del 166% al 93%. Esto significa que la morosidad está creciendo a una velocidad mayor que la capacidad de los bancos para fortalecer sus reservas, generando un déficit de cobertura que enciende señales de alerta sistémica. El espejismo del "relato" y el freno al consumo A pesar de la narrativa oficial y de ciertas consultoras que buscan instalar una visión optimista, los datos duros plantean serias dudas sobre la recuperación del sector. El crédito, que en 2024 sirvió para paliar la caída del consumo y en la primera mitad de 2025 funcionó como estímulo, se ha convertido ahora en un lastre para la economía. De cara a 2026, el elevado endeudamiento familiar actuará como un freno estructural al consumo. Cualquier eventual recomposición del salario no se destinará a la compra de bienes, sino a intentar saldar deudas pasadas tomadas a tasas muy elevadas. Dado que el consumo privado representa dos terceras partes del PBI, esta fragilidad de los hogares pone en jaque cualquier estrategia de crecimiento basada en el mercado interno. En conclusión, la salud financiera de los hogares argentinos no solo está en crisis; atraviesa un estado de vulnerabilidad y estrés que ya no distingue clases sociales. Mientras el costo de financiarse siga superando ampliamente la inflación y los salarios continúen rezagados, las perspectivas de morosidad difícilmente se reviertan, consolidando al crédito como una trampa para la economía argentina. Info: Osvaldo Révora

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