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  • Colapsó por una dieta extrema, vivió 15 años en estado vegetativo y su caso desató una guerra familiar y política

    Buenos Aires » Infobae

    Fecha: 18/03/2026 10:10

    Theresa Marie Schindler, conocida luego por su apellido de casada como Terri Schiavo, nació el 3 de diciembre de 1963. Fue la primera de los tres hijos de Robert y Mary Schindler. Durante su adolescencia, Terri desarrolló una profunda obsesión relacionada con su peso, llegando a registrar 90 kilos con 1,60 metros de estatura. Sus estrictos esfuerzos dietéticos le permitieron transformar su figura, y en ese contexto conoció a Michael Schiavo en 1983. Terri, católica, contrajo matrimonio con Michael, luterano, en 1984, cuando ella tenía 20 años y él, 21. Según se ha determinado, Terri habría desarrollado un desorden alimenticio. El matrimonio empezó a enfrentar dificultades para concebir hijos y, cuando Terri pesaba apenas 49 kilos y su menstruación se había detenido, decidió consultar a un médico especializado en fertilidad. La madrugada del 25 de febrero de 1990 marcaría el inicio de una extensa contienda. A los 26 años, Terri sufrió un colapso en su domicilio de Florida y fue ingresada de urgencia en el Northside Hospital de St. Petersburg. Los exámenes iniciales descartaron un ataque cardíaco o el uso de drogas. Los médicos determinaron que el cuadro se originó por un trastorno del metabolismo del potasio vinculado a su dieta para adelgazar, lo cual indujo el paro cardíaco. Esto derivó en un diagnóstico de encefalopatía hipóxica isquémica extensa, un severo daño cerebral provocado por la falta de oxigenación. Para mantenerla con vida, Terri fue conectada transitoriamente a un ventilador mecánico, se le practicó una traqueotomía y, más adelante, una gastrostomía percutánea. Esa última intervención permitió que recibiera nutrición e hidratación a través de una bomba de infusión. Durante las primeras semanas se mantuvo en coma, pero posteriormente logró salir de ese estado y comenzó a respirar por sus propios medios. No obstante, nunca recobró la conciencia, ingresando en lo que la medicina denomina un estado vegetativo. En junio de 1990, la justicia designó a Michael Schiavo como tutor legal absoluto de su esposa, tanto de su persona como de su propiedad, una medida que se dictó sin que la familia directa de Terri fuera notificada. Ese mismo año, sin la aprobación judicial previa que exigían los estatutos de Florida, Michael trasladó a Terri a California para someterla a una cirugía cerebral experimental en la que se le colocó un estimulador talámico. Luego fue derivada a un centro de rehabilitación en Florida. En 1991, los registros del centro de rehabilitación documentaron que Terri emitía palabras durante las sesiones de fisioterapia, tales como No, Stop y Mommy. En julio fue trasladada al Sable Palms Nursing Facility en Largo, Florida. La fisioterapia se interrumpió ese mismo año, siendo ese el último tratamiento documentado que se le proporcionó a Terri. Hacia 1992, Michael inició una demanda por negligencia médica contra dos médicos, argumentando que no habían detectado su desorden alimenticio ni el trastorno del potasio. Durante el proceso judicial se explicó que Terri tendría una expectativa de vida normal, pero que requeriría cuidados exhaustivos. El jurado otorgó a Michael 600.000 dólares por pérdida de consorcio conyugal y más de 1,5 millones de dólares para Terri, destinando 780.000 a un fideicomiso para su futura atención médica y terapéutica. El conflicto familiar estalló el 14 de febrero de 1993, cuando Michael y los Schindler discreparon sobre el curso de su atención y el uso del fideicomiso para proveerle terapias. Los padres instaban a reanudar los tratamientos, pero Michael se negó, interrumpiendo el contacto con su familia política y reduciendo el acceso de ellos a Terri. En agosto, los Schindler impugnaron judicialmente la tutela luego de que Michael le negara antibióticos a Terri por una infección urinaria. Michael admitió saber que dicha negativa causaría la muerte de su esposa, y declaró bajo juramento que no volvería a intentar una acción similar por una ley que dice que no puedo. Para 1994, Michael Schiavo se había comprometido con Jodi Centzone. Se rehusó a disolver su matrimonio con Terri y tuvo dos hijos con su nueva pareja. Ante eso, los padres exigieron que fuera removido de su rol de tutor legal, acusándolo de adulterio y de haber rehecho su vida. Al año siguiente, Michael contrató a George Felos, un abogado especializado en litigios sobre el derecho a morir. En mayo de 1998, Felos presentó formalmente una petición para retirar el soporte vital. Un investigador judicial concluyó que la petición debía denegarse por el conflicto de intereses de Michael, pero tras las objeciones de Felos, el juez lo desestimó sin nombrar un reemplazo. Michael argumentaba que su esposa le había instruido años atrás su deseo de no ser mantenida con vida artificial, aunque no dejó nada por escrito. Los padres, en cambio, sostenían que su hija jamás había expresado que la dejaran morir por inanición. El caso llegó al estrado del juez de Florida George W. Greer en enero de 2000. Michael y dos familiares de este testificaron que Terri había manifestado no desear el soporte vital tras ver una película sobre un paciente conectado a un ventilador. Greer consideró esas declaraciones como evidencia clara y convincente, ordenando el retiro de la sonda. Terri fue internada en el Hospice of the Florida Suncoast, institución donde el abogado Felos oficiaba como presidente de la junta directiva. Las apelaciones de la familia fueron denegadas y el 21 de abril de 2001, se le retiró la sonda por primera vez. Tras más de 60 horas de privación de nutrición e hidratación, el juez Frank Quesada ordenó reanudar la alimentación en base a nuevas declaraciones de una ex pareja de Michael, quien indicó que el hombre nunca había discutido el tema con Terri. En octubre de 2002, se realizó un juicio probatorio médico. Un neurólogo y un radiólogo elegidos por los padres afirmaron que terapias como oxígeno hiperbárico y vasodilatadores podrían propiciar una mejora. En contraposición, cuatro neurólogos, un radiólogo y el médico tratante concluyeron que la desconexión con el entorno era total e irreversible, respaldados por tomografías que mostraban una atrofia cerebral grave. El juez Greer reafirmó su fallo en base a la consistencia de las reacciones de Terri, dictaminó un estado vegetativo persistente y ordenó fijar fecha para retirar la sonda. La ejecución de la orden, prevista para octubre de 2003, movilizó a cientos de manifestantes y recolectó 180.000 firmas pidiendo la intervención del gobernador de Florida, Jeb Bush. El 20 de octubre, la Legislatura estatal aprobó una ley en sesión especial, conocida como la Ley de Terri, otorgando a Bush la autoridad ejecutiva para reinsertar la sonda. Sin embargo, tras las demandas de Felos, en 2004 los tribunales de Florida declararon inconstitucional dicha ley. Tras la negativa de la Corte Suprema de los Estados Unidos a revisar el caso en enero de 2005, el juez Greer estableció que el 18 de marzo de 2005 se le retirara el tubo de alimentación. Además, ordenó de forma directa que Terri no recibiera hidratación ni nutrición por boca. Efectivamente, el 18 de marzo de 2005, hace 21 años, aproximadamente a las 13:40, hora del este, se desconectó definitivamente la sonda gástrica. Entre el 20 y el 21 de marzo de 2005, el Congreso de Estados Unidos promulgó la Ley de Terri II, autorizando a los padres a buscar una revisión en cortes federales sobre la protección de los derechos de Terri. La intervención legislativa se fundamentó en que el Congreso tiene autoridad para conferir jurisdicción a los tribunales federales ante fallos estatales cuando existen derechos constitucionales en juego, citando como precedente la sección 1443 del Título 28 del Código de Estados Unidos. Los congresistas compararon el caso con el recurso de hábeas corpus, argumentando que si criminales condenados a muerte, luego de agotar todas las instancias estatales, tenían garantizada una revisión federal, una mujer inocente merecía la misma oportunidad. La ley sancionada no exigió explícitamente a la corte federal que emitiera una orden de suspensión para alimentar a Terri mientras se preparaba el juicio, dado que el senador Carl Levin advirtió que vetaría el consentimiento unánime que las reglas del Senado requerían para poder actuar a tiempo. El entonces presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, interrumpió sus vacaciones para promulgar la ley. Simultáneamente, el caso captó la intervención directa del Vaticano durante los últimos días del papado de Juan Pablo II. El portavoz de la Santa Sede Joaquín Navarro-Valls condenó la retirada del alimento y del agua, describiendo la situación en una declaración oficial como una aceleración arbitraria de la muerte. Por su parte, el cardenal William Keeler, presidente del comité de actividades pro vida del episcopado estadounidense, expresó: Para ser una sociedad verdaderamente humana, ¿cómo deberíamos proteger a aquellos pacientes más desamparados que no pueden hablar por sí mismos?. A esto, añadió textualmente en su pronunciamiento: Recemos para que esta tragedia humana conduzca a nuestra nación a un mayor compromiso para proteger a los pacientes desamparados y a todos los más débiles de entre nosotros. La postura destacaba que privar a los pacientes de agua y comida los lleva a morir antes de sed, lo cual no es una experiencia agradable, y se enfatizó que el agua y los alimentos no son considerados medios extraordinarios. Pese a la ley federal dictada por el Congreso, el 22 de marzo el juez James Whittemore denegó la solicitud de emergencia de los padres para reinsertar la sonda. El 24 de marzo, la Corte Suprema de los Estados Unidos declinó otorgar la revisión del caso, mientras Greer emitía una medida cautelar bloqueando cualquier intervención del Departamento de Niños y Familias de Florida. Finalmente, tras permanecer casi 14 días ininterrumpidos sin recibir ningún tipo de nutrición ni hidratación, Terri Schiavo falleció por deshidratación severa a los 41 años, a las 9:05 de la mañana del 31 de marzo de 2005. La autopsia demostró que su cerebro pesaba 615 gramos, un peso que corresponde estructuralmente a lo que se observa en pacientes que han permanecido en un estado vegetativo permanente.

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