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Buenos Aires » Infobae
Fecha: 17/03/2026 16:59
Los indicadores de morosidad continuarán deteriorándose en durante el primer semestre para comenzar a estabilizarse gradualmente a partir de la segunda mitad del año, según el último informe de Moodys que analiza el panorama del sistema financiero argentino. De acuerdo con la calificadora internacional, el proceso de deterioro ya impacta en los niveles de mora y en los cargos por incobrabilidad, los cuales presionan la rentabilidad del sistema en un contexto de competencia creciente por los resultados. La morosidad total del sector privado alcanzó el 5,5% en diciembre de 2025 (nivel más alto desde julio de 2021), impulsada principalmente por el segmento de familias, cuya mora ascendió al 9,3%, mientras que los incumplimientos de las empresas se ubicaron en 2,5 por ciento. Bajo la perspectiva de la entidad, este aumento del porcentaje de préstamos cuyo pago se encuentra atrasado respecto a la fecha acordada se produjo dentro de un entorno macro-financiero volátil, caracterizado por tasas de interés elevadas, tanto nominales como reales, que elevaron el costo financiero de los deudores. La relación deuda-salarios jugó un papel central en este escenario. Moodys subrayó que la suba de esa relación, junto con un deterioro de los salarios reales, presionó la capacidad de pago de los hogares. Además, el proceso de desinflación redujo el alivio que la dinámica inflacionaria había ejercido previamente sobre el valor real de las cuotas, incrementando la carga de los servicios de deuda. La calificadora indicó que una recuperación heterogénea de la actividad económica, con sectores como industria, comercio y construcción rezagados respecto a sectores primarios y de servicios, contribuyó a dificultar la situación. El reporte agregó que el crecimiento del crédito al sector privado amplió el universo de clientes, incluyendo segmentos de menor calidad crediticia. Durante gran parte de 2025, el sistema bancario operó en un contexto de spreads elevados entre tasas activas y pasivas, lo que incentivó la originación de crédito pese al deterioro de los indicadores de mora. Sin embargo, el segundo semestre trajo consigo un endurecimiento en las condiciones de oferta de crédito. Esto se reflejó en criterios de originación más estrictos y en mayores dificultades para acceder a refinanciaciones, lo que amplificó el deterioro de las carteras. La presión sobre la rentabilidad del sistema financiero se mantuvo firme. Moodys explicó que el deterioro de la cartera continuará presionando la rentabilidad del sistema financiero, principalmente a través de mayores cargos por incobrabilidad. Esos cargos crecieron y alcanzaron el 3,4% del activo neto en diciembre de 2025. Según la calificadora, la rentabilidad agregada del sistema se encuentra más comprimida en comparación con ejercicios previos, reflejando un entorno de generación de resultados más desafiante. Desde 2024, el proceso de migración del crédito del sector público al privado redujo el peso del resultado por títulos valores, trasladando la generación de ingresos hacia la intermediación financiera. Este movimiento implicó un aumento en la exposición al riesgo de crédito y una competencia más intensa. Moodys remarcó que en un escenario de mayor estabilidad macroeconómica, los márgenes de la intermediación financiera tenderán a moderarse, aunque una mejora en la calidad de los activos, eficiencias de costos y el crecimiento del volumen de negocios contribuirían a mitigar el impacto sobre la rentabilidad. El informe también abordó la cuestión de los préstamos en moneda extranjera. La firma advirtió que una eventual flexibilización regulatoria que habilite el uso de depósitos en moneda extranjera para otorgar crédito a sectores no generadores de divisas implicaría un aumento relevante del riesgo crediticio. Este riesgo se vincula con la posibilidad de mayores descalces de moneda y una mayor sensibilidad ante shocks cambiarios. La agencia puntualizó que el cambio normativo de 2025, que flexibilizó los préstamos en dólares, tuvo un impacto limitado. Para octubre de ese año, esas financiaciones representaban apenas el 1,6% del crédito en moneda extranjera. En cuanto al fondeo, Moodys proyectó que los desafíos estructurales de fondeo persistirán en el corto y mediano plazo, aunque mitigados por los elevados niveles de liquidez del sistema financiero. A diciembre de 2025, los depósitos continuaron siendo la principal fuente de fondeo, representando el 64,8% del total. Sin embargo, el ritmo de crecimiento de los depósitos se moderó tras episodios de mayor volatilidad. La calificadora destacó que la elevada participación de depósitos de personas físicas, asociados a una mayor granularidad, estabilidad y bajo costo, constituye un factor positivo para el perfil de fondeo del sistema. El análisis también señaló que la creciente participación de la industria de Fondos Comunes de Inversión (FCI), especialmente los fondos money market, introduce desafíos nuevos. Moodys advirtió que este segmento presenta mayores niveles de concentración, volatilidad y costo financiero. La concentración del fondeo en depósitos de corto plazo persistió, con depósitos de vencimiento menor a 30 días que representaron en promedio el 85,1% del total durante 2025. Si bien se observó una incipiente extensión de plazos, el acceso a fondeo de mayor duración siguió siendo un desafío. La agencia remarcó la importancia de la participación de inversores institucionales, como compañías de seguros de vida y fondos de pensión, para extender el horizonte temporal, aunque su crecimiento dependerá de reformas estructurales. El documento incorporó el papel de las fuentes alternativas de financiamiento. Una mayor estabilidad macroeconómica favorecerá el desarrollo gradual de las fuentes alternativas de financiamiento, aunque su contribución al fondeo total continuará siendo limitada en el corto plazo, sostuvieron los analistas. Las emisiones de obligaciones negociables (ONs) y las líneas de préstamos del exterior aumentaron durante 2025, pero desde niveles bajos y con una participación acotada. A diciembre de 2025, las ONs representaban el 1,8% del pasivo total (3,2% para bancos privados nacionales) y las líneas de préstamos del exterior el 1,7% (4,6% para los bancos privados extranjeros). Las entidades financieras realizaron emisiones de ONs por un monto equivalente a USD 3.968 millones, con un crecimiento del 119,2% respecto de 2024, en su mayoría denominadas en moneda extranjera y emitidas en el mercado local. En materia de capitalización, el informe de Moodys señaló que los indicadores de capitalización continuarán ajustándose gradualmente, en línea con el crecimiento esperado del crédito al sector privado y el consecuente aumento de los activos ponderados por riesgo. La expansión de la intermediación financiera en los últimos años redujo el ratio de capital desde niveles históricamente elevados. Según la agencia crediticia, el sistema financiero mantiene niveles de capital adecuados para absorber escenarios de estrés moderado, que continúan ubicándose por encima de los observados en otros países de la región y muestran un cumplimiento holgado tanto de la normativa local del BCRA como de los estándares internacionales de Basilea. Además, Moodys estimó que los niveles actuales de capital no constituyen un factor limitante para la expansión del crédito en el corto plazo y proyectó que los elevados niveles de previsionamiento continúan actuando como un mitigante clave frente al deterioro reciente de la calidad de activos, aun cuando los indicadores de cobertura se normalicen. A diciembre de 2025, las previsiones cubrían el 93,7% de la cartera en situación irregular, reflejando una elevada capacidad de absorción frente al aumento de la morosidad. El reporte remarcó que la reducción de la cobertura respondió principalmente a la materialización de riesgos previamente anticipados, más que a un relajamiento en las políticas de constitución de previsiones. En términos absolutos, las previsiones aumentaron de manera significativa, alcanzando el 5,1% de los préstamos, desde el 2,6% en diciembre de 2024. La calificadora destacó también la aplicación de modelos de pérdida esperada, que contribuyen a anticipar el reconocimiento de pérdidas crediticias y a fortalecer la capacidad del sistema para absorber escenarios adversos. En cuanto a la liquidez del sistema, Moodys proyectó que se mantendrá en niveles adecuados, aun en un contexto de menor holgura relativa asociado a la expansión del crédito y a los cambios en la composición de los activos líquidos. El esquema financiero mantiene niveles de liquidez elevados y suficientes para afrontar compromisos incluso bajo escenarios de estrés, con indicadores que continúan ubicándose por encima de los requerimientos regulatorios locales y de los estándares internacionales. Los indicadores más amplios de liquidez mostraron una tendencia decreciente en los últimos años, reflejando principalmente el desarme de posiciones en instrumentos del BCRA (LELIQs, pases y LEFIs), que fueron reemplazadas por tenencias de títulos públicos del Tesoro de mayor duración y por la expansión del crédito al sector privado. Moodys advirtió que el crecimiento de los activos ponderados por riesgo y la materialización de la mora esperada presionan gradualmente los indicadores de capitalización, previsiones y liquidez, aunque estos elementos no constituyen un factor limitante para la expansión del crédito en el corto plazo.
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