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Concordia » CN365
Fecha: 17/03/2026 11:53
Lo que deberÃa ser una polÃtica básica de seguridad y desarrollo hoy se ha convertido en el reflejo de una desidia inadmisible que deja a miles de entrerrianos librados a su suerte cada vez que salen a la ruta. Por Mariano Giampaolo: Con más de 30 años de ejercicio profesional en el ámbito del derecho aplicado a la accidentologÃa, observamos con creciente preocupación el sostenido aumento de siniestros viales en las rutas entrerrianas, muchos de ellos con consecuencias gravÃsimas en términos de lesiones y pérdidas humanas. Dentro de ese universo, resulta cada vez más evidente la incidencia directa de factores estructurales como el deterioro de la calzada, la deficiente o nula iluminación y la ausencia de señalización adecuada. Fin de semana fatal Este fin de semana seis personas murieron en distintos siniestros viales ocurridos en la provincia. Las tragedias se registraron en un camino rural del departamento Nogoyá, en la Ruta 127 y en la AutovÃa 14. Hubo choques entre vehÃculos, el impacto contra un camión y un despiste con vuelco que terminó con vÃctimas fatales. Tres tragedias distintas, en puntos diferentes del territorio entrerriano, pero con un mismo denominador común: rutas deterioradas, abandonadas y sin el mantenimiento que cualquier red vial mÃnimamente responsable deberÃa tener. En este contexto, corresponde analizar la responsabilidad concurrente del Estado, tanto en su órbita nacional como provincial, frente a la omisión en el cumplimiento de sus deberes de mantenimiento, prevención y educación vial. La siniestralidad no responde a una causa única, sino a una concausalidad compleja, donde intervienen múltiples factores; por ello, resulta jurÃdicamente improcedente y socialmente injusto atribuir de manera automática la culpa a las vÃctimas EstadÃsticas que duelen Las estadÃsticas son contundentes. En lo que va de 2026, la PolicÃa de Entre RÃos intervino en 109 siniestros viales con personas lesionadas. Enero fue el mes con mayor número de vÃctimas fatales y también se registraron accidentes con múltiples heridos y fallecidos. De acuerdo con los datos oficiales, durante enero se registraron 28 vÃctimas fatales, mientras que en febrero se contabilizaron siete fallecidos. En lo que va de marzo, en tanto, ya se suman diez vÃctimas fatales. Al dÃa de hoy tenemos que hablar de 45 vÃctimas fatales en toda la provincia de Entre RÃos. Detrás de cada número hay historias truncas, familias destruidas y comunidades enteras que deben convivir con tragedias que muchas veces podrÃan haberse evitado. Es cierto que la responsabilidad al volante existe y que conducir con prudencia es una obligación de cada ciudadano. Pero pretender reducir el problema únicamente a la conducta de quienes manejan es, en el mejor de los casos, una simplificación irresponsable; y en el peor, una forma deliberada de esquivar las responsabilidades del Estado. La infraestructura vial salva vidas. Cuando esa infraestructura se abandona, el riesgo deja de ser una posibilidad y se transforma en una certeza. La Argentina parece haber naturalizado una lógica perversa donde la vÃctima termina siendo el principal chivo expiatorio del discurso oficial. Siempre se busca señalar al conductor, al peatón o a quien sufre la tragedia, mientras se evita discutir el rol de quienes tienen la obligación de garantizar rutas seguras. Cada una de esas maniobras forzadas multiplica el riesgo de un accidente Si a este escenario le sumamos corredores con una altÃsima densidad de tránsito, como la AutovÃa de la Ruta Nacional 14, la situación se vuelve todavÃa más preocupante. En varios de sus tramos, su estado actual recuerda peligrosamente a la vieja Ruta 14, tristemente conocida durante años como la ruta de la muerte. La realidad es que la obra pública ha sido relegada a un segundo plano en la agenda polÃtica. Y cuando la infraestructura vial se abandona, las consecuencias no tardan en aparecer. Sin mantenimiento, sin controles y sin planificación, muchas rutas nacionales y provinciales se han transformado lentamente en verdaderas trampas mortales. Cada tragedia vuelve a encender el debate durante algunos dÃas, pero luego todo parece volver a la normalidad. Sin embargo, para las familias que pierden a un ser querido, no hay normalidad posible. Las rutas no son solo caminos. Son arterias productivas, corredores estratégicos y espacios por donde circulan miles de trabajadores, estudiantes y familias todos los dÃas. Permitir que se deterioren hasta niveles crÃticos no es solo una negligencia administrativa: es una irresponsabilidad que pone vidas en peligro. Las muertes de este fin de semana deberÃan ser una advertencia imposible de ignorar. Porque cuando el Estado abandona la obra pública, las rutas se rompen. Y cuando las rutas se rompen, las tragedias dejan de ser accidentes para convertirse en consecuencias. El abandono de polÃticas públicas sostenidas incluyendo la falta de campañas de concientización y acciones concretas más allá de intervenciones aisladas agrava este cuadro. En virtud de ello, avanzaremos en el análisis y eventual promoción de acciones y denuncias ante los organismos competentes, a fin de determinar y exigir las responsabilidades correspondientes por estas muertes y lesiones evitables. Mariano Giampaolo Abogado
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