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» La Nacion
Fecha: 17/03/2026 11:49
Cuadernos de las coimas: Cristina Kirchner inauguró el ataque como defensa y retomó sus desafíos a la justicia Cristina Kirchner no decepciona. Ante los jueces que la juzgan por el caso de los cuadernos de las coimas, se mostró altanera y ofreció una nueva línea de defensa: el ataque al responsabilizar de todos sus males al fiscal Carlos Stornelli. Volvió a desafiar a la Justicia como hace seis años en ese mismo banquillo de los acusados. Es el argumento que arrancó con el Operativo Puff, esta maniobra armada para acusar al fiscal Stornelli de delitos y hacer caer el caso cuadernos. Pero lo que se cayó fue el Operativo Puff. Escuchas del penal de Ezeiza registraron conversaciones de kirchneristas con sus allegados y revelaron que se estaba armando una causa para perjudicar a Stornelli. En uno de los audios, el diputado kirchnerista Eduardo Valdés le adelanta a Juan Pablo Schiavi, que estaba preso: Va a haber novedades, quedate tranquilo. Es más, le asegura: Bonadio, Stornelli, Puf, Puf. Esa frase fue la que generó el nombre con el que se conoció esta causa. Y ahí arrancó la puesta en marcha del caso DAlessio con las acusaciones contra Stornelli, de las que fue sobreseído. No obstante, ahora Cristina Kirchner volvió a acusar a Stornelli de extorsionar en el caso del falso abogado Marcelo DAlessio. Lo acusó de cobrar dinero a cambio de liberar imputados y de montar una cámara oculta a su exabogado y de armarle una causa a la pareja de su exesposa. Todo esto fue investigado y Stornelli tiene un fallo firme de la Corte Suprema de Justicia que lo libra de responsabilidad en este caso. Stornelli no fue uno de los acusados en el juicio contra DAlessio, que sí fue condenado. Para las constancias judiciales, el asunto está archivado, pero para la defensa en el caso Cuadernos y el relato de la militancia kirchnerista, el Operativo Puff sigue vivo. Sin militancia en los alrededores de Comodoro Py 2002, la presencia de Cristina Kirchner pasó casi inadvertida fuera de los tribunales. No había nadie en la calle, que ni siquiera estaba cortada. Algunos militantes sueltos la saludaron al salir escoltada por camionetas policiales. En la planta baja de la sala, en el público, solo estuvieron sus leales, quienes fueron sus ministros, sus funcionarios apegados a los temas judiciales, y organizaciones de derechos humanos. Estaban Horacio Pietragalla, Agustín Rossi, Mariano Recalde, Oscar Parrilli, Felipe Solá, Adolfo Pérez Esquivel y Mayra Mendoza, con un minishort. Estaban Jerónimo Ustarroz, Juan Martín Mena, Eduardo Wado de Pedro, Anabela Fernández Sagasti, Germán Martínez, José Glinsky, entre otros. La barra kirchnerista aplaudió, gritó y hasta insultó a los jueces del tribunal cuando le aseguraron a Cristina Kirchner que ellos iban a brindarle un juicio justo. Los jueces no los echaron ni hicieron desalojar la sala. En los alrededores de los accesos a Comodoro Py se mezclaban los acusados del caso Sueños Compartidos y sus abogados, un caso en el que mañana declara Mauricio Macri como testigo, con los acusados del caso Cuadernos. Sobre la calle Letonia, mientras los chicos entraban al colegio público, indiferentes a todo, los acusados esquivaban a los perros detectores de bombas, llevados por los policías que corrían, vestidos de negro con boina, y a las tropas de elite del Grupo Especial de Intervención (GEI) del Servicio Penitenciario Federal, artillados como para la guerra de Medio Oriente. Cristina Kirchner entró por un costado sin ser vista y se sentó en primera fila. Estaba nerviosa, con los dedos con anillos, entrelazados. A su lado, en el escritorio apoyó una gran cartera negra. Vestida de pantalón negro, chaleco al tono y una blusa blanca con una escarapela, la expresidenta se sentó a metros de Julio de Vido. No se saludaron. Sí lo hizo con Roberto Baratta, que se acercó a darle la mano. Una vez en el estrado, fue aplaudida a rabiar por la barra kirchnerista de la planta baja. Cristina Kirchner les sonrió, los saludó con la mano y arrancó como para dar un discurso: Buenos días a todos y a todas, dijo, y el presidente del tribunal, Enrique Méndez Signori, la frenó. Y le hizo las preguntas de rigor, como su nombre, edad, medios de vida, nombre de los padres y antecedentes penales. A Kirchner no le gustó, lo desafió. Voy a contestar preguntas, le voy a decir al final, si voy a contestar preguntas, le respondió Cristina. Cuando le preguntó por sus medios de vida, le dijo es de público y notorio, lo mismo cuando le preguntó por sus antecedentes penales. Si me deja hablar le cuento de la causa Vialidad que es lo que quiero hacer, le dijo. Y ahí arrancó diciendo que en Vialidad hubo invención de pruebas y que en este caso directamente hubo una actuación mafiosa. Allí mencionó a Stornelli y al fallecido juez Claudio Bonadio. Cristina Kirchner estaba sentada mirando de costado a los jueces, con una botella de agua y pañuelitos de papel que le alcanzó el secretario de la Cámara de Casación, Juan Manuel Montesano Rebón. Cristina Kirchner tomó la palabra envalentonada como lo hizo en 2019 cuando le tocó declarar en esta misma sala en indagatoria en la causa Vialidad. Pero las diferencias son notorias. Allí, el 2 de diciembre de 2019, estaba a los gritos, golpeando el estrado y mirando a la cara a los jueces. Este es un tribunal del lawfare que seguramente tiene la condena escrita. A mí me absolvió la historia y me va a absolver la historia. Y a ustedes seguramente los va a condenar la historia. ¿Preguntas? Preguntas tienen que contestar ustedes, no yo, les dijo en aquel momento al Tribunal Oral Federal 2. Era una semana antes de asumir como vicepresidenta de la Nación y lleva encima el impulso de haber triunfado en primera vuelta con su estrategia de unir el peronismo en el Frente de Todos y promover a Alberto Fernández como presidente. Ahora no es lo mismo. Cristina Kirchner llegó condenada, detenida, con una tobillera electrónica, desaparecida de la escena política, con visitas restringidas y pugnando por seguir incidiendo en el futuro del justicialismo. Sus discípulos, a los que encaramó en el poder, ahora se independizaron y la desafían. Axel Kicillof que no estaba en la sala quiere ahora controlar el partido y se erige como candidato, prescindiendo de ella. Su hijo Máximo es quien lleva su bandera. Y los intendentes ya se corrieron. La Cámpora la reivindica, pero hace equilibrio con Kicillof. Kirchner se volvió a mostrar desafiante ante los jueces. Méndez Signori le reiteró si iba a contestar preguntas. A lo que ella le dijo: ¿Usted es el presidente del tribunal? y le replicó, casi como en 2019: Voy a contestar preguntas el día que ustedes llamen a declarar a Stornelli por las barbaridades que hizo en este expediente, cuando declare Mauricio Macri por los parques eólicos, que duerme en estos tribunales, el día que llamen a Toto Caputo a declarar por la deuda con el Fondo Monetario Internacional. La militancia cerró su alocución con aplausos cerrados. Méndez Signori se vio obligado a explicarle que ellos eran un tribunal de la República y que le daba garantías de que le iban a proporcionar un juicio justo. Su colega Germán Castelli hizo lo propio. La militancia les gritó caraduras y nadie los paró.
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