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» La Nacion
Fecha: 17/03/2026 00:28
Milei y un fin que tarda en llegar El lema adornista se convirtió en una marca de la superioridad moral con la que el mileísmo se autopercibe; el Gobierno se topa con los primeros efectos colaterales de su legado económico e institucional - 8 minutos de lectura' Ni el fin de la inflación. Ni el fin del affair Adorni. Ni el fin del caso $Libra. Para un Gobierno que prometió el fin contundente de la inflación y del patrimonialismo de Estado la última semana presenta un frente delicado. En ninguno de sus horizontes estratégicos, el ordenamiento de la macro y la lucha anti casta, la gestión mileísta lograr encontrar el fin contundente que acuñó el jefe de Gabinete Manuel Adorni, ahora en el foco de la tormenta. El fin adornista se convirtió en una marca de la superioridad moral con la que el mileísmo autopercibe su gestión y su visión de la Argentina: el Gobierno libertario como el dueño de la palabra final y definitiva en cuestiones centrales. Entre ayer y el viernes pasado, hubo indicios de una toma de conciencia de ese cambio de escenario: el Gobierno se quedó sin la última palabra, y ahora debe reconstruir su autoridad para recrear certidumbre sobre su política económica, o para minimizar los tiros en los pies de algunos de sus principales dirigentes. Se dio en el discurso de Javier Milei ayer, en la Bolsa de Comercio de Córdoba, dio indicios del acuse de recibo. Milei fue directo al grano: reconoció abiertamente la caída de la actividad y el regreso de la inflación al alza. Hubo dos menciones puntuales. Primero: No sólo cayó la actividad sino que además saltó la tasa de inflación, concedió. Y más adelante: Alguien podría decir: No, pero la inflación venía cayendo y empezó a rebotar. Eso también tiene una explicación. Milei le quitó presión a la fecha fijada para el cumplimiento de la inflación cero en los próximos meses. Por un lado, el objetivo de inflación arrancando con cero para agosto se convirtió en un podría empezar con cero y apareció un plazo tentativo, más indefinido: Yo voy a seguir haciendo las cosas bien y -tarde o temprano - vamos a derrotar a la inflación. Sombra larga Para el Gobierno, inflación, Adorni y $Libra, con las nuevas revelaciones que traen otra vez los nombres de Hayden Davis y Mauricio Novelli y sus vínculos con los Milei al primer plano, se están convirtiendo en crisis de sombra larga o combustión lenta. Son las crisis que no logran resolverse rápidamente y no dejan de sumar capítulos tan imprevistos como desgastantes. En un año central para consolidar el modelo Milei, la gestión mileísta se topa con los primeros efectos colaterales de su propio legado económico e institucional. Ya no es un Gobierno en etapa de estreno e inauguración: al contrario, empieza a acumular facturas impagas surgidas de sus propias decisiones. La luna de miel se terminó. El affair Adorni resulta una buena síntesis de todos los riesgos que se ocultan en el funcionamiento interno del mileísmo. Una especie de Aleph de los problemas futuros que podrían condicionar la efectividad del modelo Milei en varios frentes, también en lo económico y en lo institucional. Primero, una lógica de decisión afectada por un personalismo carismático que nadie desafía. Segundo, la discrecionalidad de ese presidencialismo de dos, integrado por Milei y su hermana Karina: la explicación pública de Adorni de que su esposa fue invitada por presidencia y que por eso accedió deja ver la confusión entre lo público y lo privado del Presidente y la secretaria general. En ese punto, queda trazado un puente que alcanza al caso $LIBRA, que vuelve a arrinconar al Gobierno en los últimos días. La investigación judicial está en marcha pero se suman indicios sobre, por lo menos, un uso indebido de la posición pública en el entorno presidencial, si es que no termina comprobándose como un hecho de corrupción. Tercero, se ve también un disciplinamiento acrítico que no genera voces aplomadas que aporten matices a las voces más extremas, que impregnan la gestión: pasó una semana hasta que Adorní reconoció públicamente, en entrevista con Luis Majul, los alcances críticos de llevar a su esposa en el avión presidencial. En el medio, contó con el apoyo incondicional de una Karina Milei que no suele expresarse públicamente. A ese posteo en X, le siguieron los apoyos de casi todo el gabinete nacional en fila disciplinada. La falta de registro de las distintas caras del problema fue llamativa y generalizada. Cuarto, un desapego por la transparencia y los mecanismos de gestión para asegurarla: la falta de publicidad sobre la comitiva oficial subida al avión presidencial, de todo el staff de Nueva York y del detalle de la agenda presidencial y un resumen puntilloso de cada encuentro tiene efectos colaterales. Cuando desaparecen los mecanismos de rendición de cuentas ante los ojos de la opinión pública, nadie parece detenerse a analizar lo perjudicial de subir a una esposa al avión. La obligación de transparencia, en cambio, da mayor garantía de autocontrol y autolimitación. Cámara de eco Quinto, un estado de negación del problema y en consecuencia, una estrategia negadora de la realidad: la construcción de cámara de eco que aísla al Gobierno en una serie de certezas alejadas del sentido común de la opinión pública. El deslomarse de Adorni va en ese sentido. También, la insistencia casi festiva en el argumento del costo marginal como respuesta a todas las caras de una decisión que mostró desconexión y ensimismamiento por todos los costados. Una visión economicista del funcionamiento social en la que caen Milei, su ministro de Economía Luis Caputo y Federico Sturzenegger, entre tantos otros dirigentes clave del mileísmo. Una suerte de arrogancia economicista que reduce los problemas a categorías de ese universo. A Milei y sus libertarios se les escapó totalmente el costo reputacional del affair Adorni. Quedó pulverizado el intangible anti casta, el eje de la promesa mileísta tanto en lo institucional como en lo económico. Inclusive Adorni, que venía teniendo un rol central en la comunicación de la visión anti casta libertaria, perdió de vista esa lógica. Curiosa esa desorientación política en una de las espadas narrativas de Milei que basó su crecimiento político en esa cualidad: usar la lengua como el látigo anti casta. En esos tres focos de tormenta, Adorni, $Libra y la inflación, al Gobierno le cuesta registrar con claridad el impacto en la opinión pública, sobre todo, en sus votos prestados. Por eso, en relación al tema inflación, la presentación de Milei en Córdoba es relevante. Ayer, habló durante casi una hora y media. En la primera parte, insistió con sus argumentaciones más teóricas y el marco conceptual de su gestión. Retomó los argumentos del discurso de Davos. Pero en una segunda parte, se metió de lleno con la actualidad económica. Ahí llegó el reconocimiento de la subida de la inflación como problema. Para Milei, el legado kirchnerista y sobre todo, la estrategia electoral de la oposición en 2025 están detrás del fogonazo inflacionario de los últimos nueve meses. La economía había arrancado el año creciendo al 6 por ciento y estaba acelerando al 8 por ciento. Evidentemente el kirchnerismo sabía que si no hacía algo iban a perder las elecciones y entonces, tenían que salir a romper todo. Con lo cual salieron y el Congreso nos votó cuarenta leyes en contra del programa económico. En su argumentación, el jaqueo al equilibrio macroeconómico produjo caída de la demanda de activos argentinos en el exterior y de activos domésticos, es decir, de pesos. Lo primero generó aumento del riesgo país; lo segundo, inflación. Efecto mangrullo En la mirada mileísta, el rezago de veintiséis meses del trabajo macroeconómico hecho en 2024 da esperanza para una inflación que podría empezar con cero para agosto. Pero Milei también reconoce que en el medio, pasaron cosas, de ahí la extensión más indefinida de ese plazo: más tarde o más temprano. Además del kirchnerismo, Milei enumeró otras causas: los rezagos, el problema del sobrante monetario, perturbaciones de corto que pueden generar alteraciones en la dinámica de los precios (...) y que se manifiesten como inflación. También dio señales sobre lo que no está dispuesto a hacer: Ahora me encuentro con esta situación. ¿Voy a modificar la forma de hacer política económica porque nos saltó transitoriamente - la tasa de inflación? ¿Vamos a aplicar controles de precios? Es decir, ¿vamos a violentar el derecho de propiedad, vamos a violentar la libertad? No, no cuenten conmigo con eso. Yo voy a seguir haciendo las cosas bien y -tarde o temprano - la vamos a derrotar a la inflación. El viernes, fue Luis Caputo el que reconoció preocupación en torno a la inflación. Ahora, el discurso parece seguir más decididamente la línea de la narrativa modelo José Luis Daza, el viceministro de Economía. Desde su ingreso a la gestión en 2024, Daza fue quien más decididamente evitó ponerle fecha a la baja de la inflación a un dígito anual y a un inicio con cero. El efecto mangrullo que afectó al kirchnerismo le tocó ahora al mileísmo: mirar la realidad desde arriba, con una superioridad moral aislada en su autopercepción, que impide ver los problemas a tiempo para intentar encontrar soluciones estructurales. La gran pregunta es si el mileísmo puede gobernar con otros reflejos y otra caja de herramientas para atravesar las tormentas.
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