16/03/2026 18:40
16/03/2026 18:40
16/03/2026 18:40
16/03/2026 18:39
16/03/2026 18:39
16/03/2026 18:38
16/03/2026 18:38
16/03/2026 18:38
16/03/2026 18:37
16/03/2026 18:37
Parana » AIM Digital
Fecha: 16/03/2026 17:02
Cuando más cerca vemos la muerte, mayor es la preocupación por descubrir qué hay del otro lado. Así es en general a nivel individual mientras a nivel social crecen las especulaciones sobre el fin del mundo y la vida eterna. "Perder la vida" es una expresión habitual en las crónicas policiales; con sentido obvio cuando se trata de los otros, pero incomprensible y temible cuando se trata de nosotros mismos. Quizá por eso reaparezcan doctrinas sobre los últimos tiempos cuando el clima civilizatorio entra en ebullición, como seguramente está ocurriendo ahora. Otra guerra de religión Seguramente por eso ululantes pastores de múltiples confesiones evangélicas y foros apocalípticos han vuelto a interpretar que la guerra entre Estados Unidos e Israel de un lado e Irán del otro es un síntoma del fin del mundo. En el libro del profeta Ezequiel, efectivamente, se narra la guerra de Gog y Magog, en que coalición integrada entre otros por Persia (Irán) atacará a Israel en los últimos días. Persia era una provincia del imperio Medo, que creció bajo Ciro el Grande, posiblemente el único monarca extranjero al que la Biblia llama "ungido", nombre reservado a los reyes de Israel. Fue Ciro el que venció a Babilonia y permitió a los judíos volver a Jerusalén, lo mismo que a los otros pueblos que Nabucodonosor había vencido y esclavizado. En estos tiempos los pastores evangélicos de los Estados Unidos -una fragmentación confesional posiblemente deliberada- han conseguido meter el texto de Ezequiel en la geopolítica contemporánea, como indica el historiador de las religiones Bart Ehrman. La agitación, la confusión, posiblemente el "sálvese quien pueda" actual es el caldo de cultivo de la idea que prosperó a nivel popular en los Estados Unidos de crear un estado nacional para los judíos en tierra santa y la existencia del estado sionista de Israel. Segunda venida y tercer templo La fe indica a esa multitud de creyentes que el Estado de Israel es uno de los requisitos para la segunda venida de Jesús. El otro requisito, más lejano y menos mencionado, es que los judíos se conviertan al cristianismo. Los judíos ortodoxos rechazan la conversión y en cambio proyectan construir el tercer templo en Jerusalén. Se trata de la interpretación literal de las escrituras preconizada por la reforma protestante, a diferencia del método alegórico que se venía usando desde los tiempos de Orígenes y Clemente de Alejandría, en los inicios del cristianismo. Según el dispensacionalismo protestante estamos a las puertas del cumplimiento final de las promesas que Yahvé hizo a Israel. Por eso la nación judía tiene un papel esencial en estos tiempos, que serían los últimos antes de la segunda venida de Cristo. Este es un esquema mesiánico de la geopolítica, en que el restablecimiento de Israel en su tierra es profético y anuncia el regreso del Cristo. Se puede inferir entonces que los actos políticos y militares del estado de Israel son orquestados por dios y deben ser apoyados por todos porque dios actúa a través de Israel. La fe de los sionistas cristianos, que determina su política y justifica las acciones militares de los Estados Unidos, implican que los judíos son el pueblo de Dios; que tienen derecho divino a vivir en Israel, que el templo destruido por Roma hace dos milenios será reconstruido, y que el final llegará en la batalla de Armagedón profetizada en el Apocalipsis de Juan. En este contexto, las victorias militares de Israel contra los árabes en 1948, y la guerra de los Seis Días de 1967 son anticipos del Armagedón para los sionistas cristianos. Los polvos que trajeron estos lodos "Pero de las ciudades de estos pueblos que Jehová tu Dios te da por heredad, ninguna persona dejarás con vida", manda la Biblia en el Deuteronomio. Y puntualiza: "destruirás completamente al heteo, al amorreo, al cananeo, al ferezeo, al heveo y al jebuseo" (para que no induzcan a adorar otros dioses). La heredad que Yahvé habría prometido a los hebreos es el Gran Israel, un territorio que según el Génesis abarcaría desde el "río de Egipto", el Nilo, hasta el Eufrates. Las órdenes de Yahvé de consagrar al exterminio a pueblos enteros, su propensión a la sangre y al humo de los sacrificios, llevó a Marción de Sinope en el siglo II a descartar el Antiguo Testamento como libro sagrado y a fijar el primer canon cristiano: el evangelio de Lucas y 10 cartas de Pablo. Marción, hombre de gran fortuna oriundo de Sínope en Anatolia, actual Turquía, estuvo a punto de copar la iglesia de Roma, pero la comunidad cristiana de la capital del imperio finalmente le devolvió su generoso donativo y lo expulsó en el año 144. Marción ponía sobre el dios del Antiguo Testamento un dios de amor y de bondad, el padre de Jesús. El mismo Deuteronomio recoge otras instrucciones de dios: "cuando Yahvé te dé descanso de todos tus enemigos, en la tierra que Jehová tu Dios te da por heredad para que la poseas, borrarás la memoria de Amalec de debajo del cielo; no lo olvides". Borrar la memoria de los amalecitas es exterminarlos. El primer ministro Benjamín Netanyahu lo puso de relieve en un mensaje a los soldados israelíes antes de iniciar la masacre de Gaza: "Recordad lo que os hizo Amalec", dijo Netanyahu, que sostuvo que iniciaba una guerra entre los hijos de la luz y los hijos de la oscuridad. "No cejaremos en nuestra misión hasta que la luz venza a la oscuridad", es decir, hasta que el ejército sionista derrote a sus adversarios, en principio los palestinos, pero ahora sobre todo los iraníes. La Biblia contiene un diálogo entre Samuel y Agag, rey de Amalec hecho prisionero, que termina: "Entonces Samuel cortó en pedazos a Agag delante de Yahvé en Gilgal". De la Redacción de AIM
Ver noticia original