16/03/2026 14:36
16/03/2026 14:33
16/03/2026 14:33
16/03/2026 14:33
16/03/2026 14:33
16/03/2026 14:29
16/03/2026 14:29
16/03/2026 14:29
16/03/2026 14:29
16/03/2026 14:29
Parana » 2 Florines
Fecha: 16/03/2026 12:53
La guerra en Medio Oriente empuja los granos, dispara la volatilidad y genera dudas a productores 16/03/2026 Los mercados globales reaccionan con fuertes subas en energía, fertilizantes y granos, mientras crece la volatilidad financiera. Dante Romano, profesor e investigador del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral, advierte que la geopolítica vuelve a imponerse sobre los fundamentos del mercado agrícola y abre interrogantes. La escalada del conflicto en Medio Oriente vuelve a dominar la dinámica de los mercados internacionales y desplaza a los fundamentos propios del agro. En la última semana, la guerra que involucra a Irán, Estados Unidos e Israel impulsa subas generalizadas: la energía avanza 11%, el gas natural 9%, la urea 7% y los granos alrededor de 3%. Al mismo tiempo, los fletes comienzan a encarecerse por el aumento del combustible y la creciente inestabilidad logística. En paralelo, el clima financiero refleja una búsqueda de refugio: el dólar se revalúa 2%, el oro sube 3%, las acciones caen cerca de 3% y el índice de volatilidad se dispara. El mercado está reaccionando con una clara huida hacia activos más líquidos y conservadores. En granos, los fondos financieros llevan su posición neta comprada a 90 millones de toneladas, el nivel más alto desde 2014, explica Dante Romano. Uno de los efectos más inmediatos del conflicto se observa en el mercado de fertilizantes. El aumento del gas principal insumo para su producción, las dificultades logísticas en regiones exportadoras clave y el encarecimiento de los fletes impulsan los precios al alza. Este fenómeno impacta directamente en las decisiones productivas, especialmente en Estados Unidos. Más que la siembra inicial, el problema podría aparecer en la re-fertilización de los cultivos. Esto lleva a pensar en una menor área de maíz y trigo y un mayor espacio para la soja, señala Romano. Esta tendencia ya aparece en el Outlook Forum del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), aunque el informe oficial de intención de siembra que se publicará el 31 de marzo podría no reflejar todavía el impacto completo de este nuevo factor. Mientras tanto, en Sudamérica surgen factores inesperados que podrían modificar el comercio internacional. Brasil avanza con lentitud en la cosecha de soja y enfrenta un problema sanitario: China exige un protocolo fitosanitario que en la práctica dificulta los embarques. Algunos grandes exportadores suspenden cargas mientras se ajusta el protocolo, y varios barcos que estaban en camino podrían terminar redirigiéndose a Argentina. Eso abre una oportunidad inesperada para nuestras exportaciones, indica Romano. En el plano geopolítico, también se prepara una reunión clave entre Estados Unidos y China. Aunque el conflicto en Medio Oriente domina la agenda, también se discuten temas comerciales vinculados a la tregua en la guerra arancelaria. Washington señala que China podría comprar hasta 8 millones de toneladas adicionales de soja estadounidense, aunque por ahora no se registran operaciones concretas. En Argentina, el clima ofrece una señal más favorable. Las lluvias se vuelven más regulares en la mayor parte de las regiones productivas y permiten estabilizar las perspectivas de producción, con excepción del sudeste de Buenos Aires. Los pronósticos, sin embargo, se mantienen optimistas. En el frente de política económica, vuelven a circular rumores sobre una posible baja de los derechos de exportación. No obstante, desde el Gobierno reiteran que cualquier reducción depende del resultado fiscal y de la evolución del programa económico. La recaudación viene cayendo en términos reales desde fines del año pasado y hoy el agro, junto con la minería y la energía, son los sectores con mayor dinamismo. La industria y el comercio atraviesan una situación mucho más compleja, explica Romano. En este contexto, los productores muestran una estrategia clara: vender maíz y retener soja. Esta conducta genera tensiones logísticas en la cadena comercial. Muchos productores optan por no vender, lo que complica a acopios y cooperativas porque queda poco espacio de almacenamiento y todavía tenemos remanentes de un trigo muy grande, además de la nueva cosecha de maíz y soja, señala. En el caso del maíz, el escenario internacional muestra señales alcistas para los precios. Las exportaciones semanales de Estados Unidos se mantienen firmes pese a la suba de precios, Brasil avanza con demoras en la siembra de safrinha y en Argentina las lluvias ralentizan la cosecha, lo que limita la presión de oferta. El trigo, en cambio, empieza a mirar la próxima campaña global. Las estimaciones de producción en Ucrania bajan por el exceso de frío, Estados Unidos mantiene condiciones secas y Francia logra estabilizar sus cultivos, aunque todavía sin una mejora clara en la calidad. Además, el aumento de los fertilizantes afecta las decisiones productivas. Brasil ya anticipa una menor producción y una mayor dependencia del mercado internacional. En contextos bélicos, los países importadores suelen asegurarse stock de trigo para evitar riesgos de abastecimiento. Eso puede activar la demanda global en los próximos meses, afirma Romano. En el plano local, sin embargo, persiste un problema: queda mucho trigo sin vender, lo que presiona los precios disponibles frente a las posiciones de julio y genera complicaciones de almacenamiento para la cadena comercial. Más allá de la coyuntura, los precios de la nueva cosecha alcanzan niveles que hasta hace poco parecían difíciles de imaginar: alrededor de 190 dólares para el maíz, 340 para la soja y 220 para el trigo. Son valores muy influenciados por la situación en Medio Oriente y el encarecimiento de los costos. En un escenario internacional más normalizado, estos precios serían muy altos, por lo que puede ser interesante ir asegurando parte de esos valores, concluye Romano. La gran incógnita es cuánto tiempo persiste este escenario de tensión global. Si el panorama geopolítico se estabiliza hacia la segunda mitad de 2026 y durante 2027, los mercados podrían volver a regirse por los fundamentos tradicionales del agro. Mientras tanto, la volatilidad sigue siendo un factor central para productores, exportadores y operadores financieros.
Ver noticia original