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Chajari » Chajari al dia
Fecha: 16/03/2026 10:23
El 16 de marzo de 1998 la Iglesia Católica admitió que el antijudaísmo cristiano facilitó los crímenes del nazismo. El hecho sacudió el mundo de creyentes y no creyentes, y cierto es que no recibió pocas críticas. En esa jornada, la Iglesia Católica admitió en un documento oficial que el antijudaísmo cristiano facilitó los crímenes de Hitler y el holocausto de millones de hebreos. Indicó también la necesidad de arrepentimiento por los pecados cometidos por los hijos e hijas de la Iglesia con el pueblo judío, y reivindicó la figura del papa Pío XII, acusado de haber guardado silencio durante el genocidio. El mea culpa del Vaticano estaba contenido en un documento de unas diez páginas titulado Recordamos: una reflexión sobre la Shoah, elaborado durante once años. El texto fue saludado como un paso adelante por la comunidad judía italiana, pero en general los hebreos de todo el mundo se mostraron desilusionados, ya que esperaban bastante más después de las contundentes intervenciones y gestos históricos de reconciliación por parte de Juan Pablo II. El documento fue presentado en una conferencia de prensa por el cardenal australiano Edward Cassidy, que presidía la Comisión Pontificia para las Relaciones Religiosas con los judíos, que redactó el texto final. El Papa en ese momento, Juan Pablo II (Karol Wojtya), prologó la reflexión sobre el Holocausto con una carta en la que reclamaba un Nunca Más de la humanidad, al indicar que esperaba que el documento ayude a curar las heridas de la incomprensión y la injusticia del pasado en el proceso de construcción de un futuro en el cual la indecible iniquidad de la Shoah no sea más posible. El texto afirma que el holocausto judío a manos de los nazis fue uno de los principales dramas de la historia de este siglo, ante el que nadie puede permanecer indiferente. Menos aún puede ser indiferente la Iglesia en razón de sus vínculos muy estrechos de parentesco con el pueblo judío, agregó entonces el Papa. Es importante recordar que ese parentesco fue destacado por el Papa que, al visitar en abril de 1986 la gran sinagoga de Roma -un gesto que ningún otro pontífice había cumplido desde las épocas de los primitivos cristianos-, dijo que los judíos eran nuestros hermanos mayores. Se debe destacar, además, que en 1965, el Concilio Vaticano II, inspirado por los papas Juan XXIII y Pablo VI, liberó a los judíos de la acusación de ser culpables de la muerte de Cristo en la cruz, en la declaración Nuestra Época. En el documento dado a conocer en 1998, la Iglesia defendió oficialmente a Pío XII, el papa que reinó entre 1939 y 1958, que durante la Segunda Guerra Mundial guardó un estricto silencio mientras los nazis consumaban la tragedia del Holocausto y se negó también a condenar expresamente el nazismo. Este es el aspecto más polémico del texto, que considera positivo el accionar de Pío XII y niega toda complicidad de la Iglesia en el Holocausto, destacando que el nazismo estaba impregnado de paganismo anticristiano. Y se destaca que el papa Pacelli ordenó ayudar en lo posible a los judíos perseguidos por el nazifascismo. En realidad, el documento no abordó de manera directa o crítica el silencio público de Pío XII ante las deportaciones y el exterminio de judíos. El documento papal de 1998 fue también criticado por ser considerado insuficiente en su autocrítica, al diferenciar entre el antisemitismo antijudío (teológico) y el antijudaísmo nazi (racial), eximiendo a la Iglesia de responsabilidad directa. Aunque pidió perdón, se señaló que no abordó el silencio de Pío XII. Muchos críticos argumentaron que el documento intentó desvincular el antijudaísmo cristiano tradicional de siglos anteriores del antisemitismo racial nazi, minimizando la influencia del primero en el segundo. Se percibió que el documento situaba el Holocausto como obra de un régimen neopagano (el nazismo), sin reconocer profundamente la complicidad o la inacción de la jerarquía católica en ese momento. Es indudable que el documento fue un paso importante para el Vaticano, aunque las críticas señalaron una falta de confrontación total con la historia del antijudaísmo cristiano. Otro paso adelante La Iglesia Católica dio otro paso hacia adelante el 15 de febrero de 2003, cuando el Papa anunció que daría acceso a los documentos clasificados que la Santa Sede guardaba sobre las relaciones de la Iglesia con el nazismo. El anuncio, por supuesto, generó expectativas. Cuando a mediados del año del Jubileo 2000 una comisión judeo-católica le planteó al papa Juan Pablo II la necesidad de aclarar definitivamente el papel que había jugado El Vaticano durante la Segunda Guerra Mundial y, específicamente, sus posturas frente al genocidio cometido por los nazis y la solución final, el primer pontífice polaco de la historia decidió dar una respuesta. Karol Wojtyla llevaba ya 22 años en el trono de San Pedro, su salud flaqueaba y, de alguna manera estaba entre la espada y la pared, porque ese cuestionamiento ponía un obstáculo a uno de sus proyectos más caros: beatificar al Papa Píos XII, el hombre que condujo los destinos de la Iglesia entre 1939 y 1958, pero que antes fue nuncio apostólico en Alemania entre 1917 y 1929, y secretario de Estado del Vaticano, es decir, el encargado de manejar los asuntos políticos de la Iglesia, entre 1930 y el año en que fue elegido Papa. El Papa Pío XII no llegó a ser beatificado por Juan Pablo II, sin embargo, el 15 de febrero de 2003 hizo el esperado anuncio de la apertura de los archivos que estaban guardados celosamente. La noticia generó grandes expectativas, porque se esperaban grandes revelaciones. Es la primera vez que tenemos la posibilidad de estudiar las discusiones internas de la curia, dijo por entonces el experto en historia de la Iglesia, Hubert Wolf, de la Universidad de Münster en una entrevista con DW. El archivo contiene los reportes de 90 nunciaturas de todo el mundo, lo que arrojará luz sobre la relación del Vaticano con el fascismo en Italia, con el franquismo en España, pondrá en claro la postura de la Iglesia respecto al uso de violencia, así como la relación que tuvo con el antisemitismo y el nacionalsocialismo en Alemania, agregó. Pero los archivos del período 1922-1939 que fueron puestos entonces a disposición de los historiadores no contenían grandes revelaciones sobre la relación entre la Santa Sede y el régimen nazi. Tampoco aportaron pruebas a la hipótesis de la complicidad de Pacelli con Hitler mientras el futuro papa Pío XII estuvo asignado como nuncio apostólico en Berlín o después, como secretario de Estado del Vaticano, una suerte de primer ministro del Papa. Foto de portada: El Papa Pío XII
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