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  • Crece la morosidad entre empresas y se profundiza aún más en pymes

    Parana » Uno

    Fecha: 16/03/2026 12:47

    La morosidad en empresas comenzó a encender señales de alerta en el sistema financiero y en distintos sectores de la economía. Mientras los hogares muestran atrasos en préstamos personales o tarjetas de crédito, las compañías también empiezan a evidenciar dificultades para cumplir con sus compromisos financieros. En particular, los problemas se hacen más visibles en actividades sensibles al nivel de consumo y a la dinámica de la actividad económica, como la construcción, el comercio o la industria manufacturera. Crece la morosidad entre empresas y se profundiza aún más en pymes Datos del BCRA muestran más irregularidad en préstamos corporativos. Construcción, comercio e industria registran mayores atrasos. De acuerdo con los últimos datos del Banco Central de la República Argentina (BCRA), la irregularidad en los créditos otorgados a empresas se triplicó en apenas un año. El indicador alcanzó el 2,5% en diciembre y, según estimaciones privadas, habría trepado hasta el 2,7% en enero. Aunque el nivel continúa por debajo del registrado en los préstamos a hogares, especialistas advierten que la cifra agregada puede ocultar realidades muy diferentes dentro del entramado productivo. Analistas del sector señalan que los promedios generales tienden a suavizar las tensiones que enfrentan muchas compañías, especialmente las de menor tamaño. Esto ocurre porque una parte significativa del financiamiento bancario está concentrado en grandes empresas, cuya situación financiera suele ser más sólida y, por lo tanto, presenta menores niveles de incumplimiento. Tamaño de empresa Desde la consultora Analytica advirtieron que observar únicamente los datos globales puede llevar a interpretaciones incompletas. Según explicaron, el análisis detallado por tamaño de empresa revela que las condiciones financieras se vuelven mucho más exigentes a medida que disminuye la escala de las compañías. Más del 40% del crédito bancario está concentrado en grandes empresas, un segmento en el que el índice de morosidad fue de apenas 0,9% en enero. En cambio, entre las pequeñas y medianas empresas el nivel de irregularidad asciende al 4%, reflejando mayores dificultades para afrontar compromisos financieros en un contexto económico todavía inestable. Los especialistas sostienen que esta diferencia responde a varios factores. Las grandes compañías suelen contar con mayor acceso a financiamiento, más respaldo patrimonial y una estructura que les permite atravesar períodos de menor actividad. En contraste, las pymes dependen con mayor intensidad del flujo diario de ingresos y de la evolución del mercado interno, por lo que cualquier caída en las ventas impacta de manera directa en su capacidad de pago. Además, muchas pequeñas y medianas empresas enfrentan tasas de interés más elevadas y condiciones crediticias más restrictivas, lo que incrementa el peso de los compromisos financieros en su estructura de costos. Mayor nivel de atrasos Las diferencias también se profundizan cuando se analiza la situación por sectores productivos. Algunas actividades muestran niveles de morosidad significativamente más altos que el promedio general, en gran medida por el impacto de la desaceleración económica y la retracción del consumo. Entre los rubros con mayores saldos impagos aparece la construcción, con un índice de irregularidad del 6,1%. Se trata de una actividad fuertemente vinculada al crédito y a la inversión, por lo que suele ser una de las primeras en resentirse cuando se desacelera la economía. Le siguen los servicios profesionales, científicos y técnicos con un 4,5%, mientras que hoteles y restaurantes registran un 4% de irregularidad. También presentan niveles elevados la industria manufacturera, con 3,6%, y el sector de comercio y reparaciones, con 3,4%. Otros rubros con atrasos relevantes son las actividades vinculadas a recreación y cultura, con un 3,3%, que dependen en gran medida del gasto de los consumidores y de la dinámica del mercado interno. En contraste, existen sectores que mantienen niveles de mora considerablemente más bajos. Entre ellos se destacan la intermediación financiera, la minería y los hidrocarburos, las comunicaciones y el suministro de electricidad y gas, todos con indicadores inferiores al 1%. Actividad económica y presión financiera Los especialistas coinciden en que el comportamiento de la morosidad está estrechamente vinculado con el nivel de actividad económica. Los sectores que enfrentan una mayor caída en ventas o una desaceleración del consumo son, en general, los que presentan mayores dificultades para cumplir con sus obligaciones financieras. Al observar el desempeño dentro de la industria manufacturera se encuentran diferencias aún más marcadas. Mientras el refinamiento de petróleo muestra una irregularidad relativamente baja, del 1,4%, otros rubros presentan cifras considerablemente más elevadas. La confección de prendas de vestir, por ejemplo, registra un índice de mora del 7,7%, mientras que entre los fabricantes de muebles y colchones el indicador alcanza el 7,9%. Ambos sectores están fuertemente asociados al consumo interno, lo que los vuelve especialmente sensibles a las variaciones del poder adquisitivo. Este panorama también fue advertido por la Unión Industrial Argentina (UIA). En su último relevamiento de expectativas, realizado entre 644 empresas industriales, el 45,6% de las firmas reconoció haber tenido dificultades para afrontar al menos uno de sus compromisos de pago. Entre las obligaciones mencionadas aparecen salarios, pagos a proveedores, compromisos financieros, servicios públicos e impuestos. El informe indica además que la cantidad de empresas con problemas de cumplimiento creció durante el último año. El porcentaje de compañías que registraron atrasos en todos sus pagos llegó al 5,4%. Las mayores dificultades se concentran en el pago de impuestos y proveedores, seguidos por los compromisos financieros. Entre las empresas que no lograron cumplir completamente con al menos una de sus obligaciones, el 39,8% señaló haber enfrentado un aumento en los intereses y en los costos financieros. Otro 38,1% reportó un incremento del endeudamiento o la necesidad de recurrir a financiamiento.

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