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  • Iran y Estados Unidos: una larga historia de antagonismo

    » La Nacion

    Fecha: 15/03/2026 20:32

    Iran y Estados Unidos: una larga historia de antagonismo Los gobiernos de ambos países se vienen demonizando mutuamente desde hace décadas, perpetuando un ciclo de violencia que tiene su punto culminante en esta guerra - 9 minutos de lectura' NUEVA YORK. Aunque el presidente Donald Trump eligió un abordaje aleatorio para explicar los objetivos de su guerra en Irán un día es el cambio de régimen, al día siguiente es frenar una inminente amenaza nuclear, en lo que ha sido relativamente consistente es en enmarcar este conflicto como punto culminante de un resentimiento histórico. Hace 47 años que el régimen iraní viene gritando ¡Muera Estados Unidos! y librando una interminable campaña de derramamiento de sangre y asesinatos en masa, y apuntando contra Estados Unidos, nuestras tropas y miles de inocentes de muchos, muchos países, dijo Trump el 28 de febrero en su primer discurso sobre la guerra, y recalcó varias veces que ya era hora de poner fin a esa amenaza. Hay que entender esos comentarios en el marco de un ping-pong de larga data. Ningún país ha hostigado tanto a Estados Unidos como Irán desde que la Revolución Islámica de 1979 derrocó al shah Reza Pahlavi, acérrimo aliado de Estados Unidos y brutalmente represivo con su pueblo. Desde entonces, la agenda política diametralmente opuesta de ambos países los ha llevado repetidamente al borde de la guerra. Irán calificaba a Estados Unidos de Gran Satán, y en casi todas las reuniones de oración o manifestaciones autorizadas por el gobierno se gritaban consignas contra Estados Unidos e Israel. Todo eso podría parecer un mero fogoneo político, pero el ritual ponía de manifiesto que un objetivo central de la teocracia musulmana chiita era socavar la influencia norteamericana en Medio Oriente y más allá. No creo que a los norteamericanos les importe demasiado Irán, pero a Irán sí le importaba muchísimo Estados Unidos y se tomaba muy en serio su compromiso de desbancar el orden mundial que para ellos lideraba Estados Unidos, apunta Afshon Ostovar, autor de Wars of Ambition: The United States, Iran and the Struggle for the Middle East (Guerras de ambición: Estados Unidos, Irán y la lucha por Medio Oriente). Israel era una pieza clave en todo esto, agrega Ostovar, porque Irán lo tenía rodeado de fuerzas delegadas hostiles, entre ellas Hezbollah en el Líbano, Hamas en Gaza y los hutíes en Yemen. Así fue como Irán fue cumpliendo su agenda, pero siempre con la mira puesta en Estados Unidos. El nacimiento de un Estado paria Para Washington, Irán se convirtió en una especie de enemigo permanente desde los primeros meses de la revolución, cuando las milicias tomaron la embajada de Estados Unidos en Teherán y tuvieron de rehenes a 52 empleados durante 444 días. En Estados Unidos, la negativa del gobierno iraní a seguir el protocolo diplomático consolidó la idea de que Irán se había convertido en un Estado paria. Irán, por su parte, sostiene que la mala relación comenzó mucho antes, en 1953, cuando la CIA orquestó un golpe de Estado para sentar al shah Pahlavi como monarca absoluto, derrocando a Mohammad Mosaddegh, el primer ministro que había estatizado la industria petrolera del país. Ambos países intentaron repetidamente reconfigurar por la fuerza la región. En 1980, tras una serie de errores que dejaron un saldo de ocho militares norteamericanos muertos, el coronel Charles A. Beckwith, fundador de la unidad de élite Delta Force del ejército norteamericano, se vio obligado a abortar una incursión comando para rescatar a los rehenes de la embajada. Más tarde, cuando le preguntaron por qué la fuerza militar se impuso sobre la diplomacia, el coronel Beckwith hizo una referencia indirecta a la creencia musulmana de que el martirio en batalla los lleva directo al paraíso. No me interesa congraciarme con los terroristas: lo que me interesa es despacharlos rapidito al encuentro con su creador. La crisis de los rehenes marcó la pauta de las décadas que siguieron, cada una marcada por su propios ciclos de confrontación. Violencia durante la década de 1980 En 1983, mientras Irán creaba fuerzas delegadas en toda la región, la incipiente milicia Hezbollah estrelló un camión bomba contra un cuartel de la Infantería de Marina de Estados Unidos en Beirut, capital del Líbano, donde murieron 241 militares norteamericanos. Durante la guerra Irán-Irak que duró ocho años, desde la invasión de Saddam Hussein en 1980, Estados Unidos le proporcionó inteligencia y todo tipo de apoyo al gobierno iraquí. Y cuando Irán empezó a sembrar minas en el Golfo Pérsico y a atacar buques, la Armada norteamericana escoltó a los petroleros por el estrecho pasaje del estrecho de Ormuz. En 1988, cuando la fragata lanzamisiles USS Samuel B. Roberts chocó con una mina iraní y casi se hundió, las fuerzas norteamericanas atacaron las plataformas petrolíferas iraníes y a su Armada. Ese mismo año, el USS Vincennes, otro buque de guerra norteamericano, derribó por error un avión civil iraní sobre el estrecho de Ormuz, causando la muerte de las 290 personas a bordo: Irán jamás olvidó este hecho. La década de 1990 y el nuevo siglo Durante la década de 1990, las fuerzas delegadas de Irán siguieron sembrando el caos en los intereses norteamericanos. En Israel hubo una seguidilla de atentados suicidas para socavar el tratado de paz israelí-palestino de 1993. Irán también atacó la creciente presencia militar de Estados Unidos en el Golfo tras la guerra de 1991 para liberar Kuwait. El peor de esos hechos ocurrió en 1996, cuando un grupo vinculado a Irán hizo estallar una residencia de la Fuerza Aérea norteamericana en Dhahran, Arabia Saudita, donde murieron 19 militares estadounidenses. En 2002, aproximadamente un año antes de la invasión a Irak, el presidente George W. Bush denunció que Irán, junto con Irak y Corea del Norte, conformaban un eje del mal. Tras el derrocamiento de Saddam Hussein por parte de Estados Unidos, milicias chiitas apoyadas por Irán asesinaron y mutilaron a cientos de soldados norteamericanos con bombas colocadas al costado de las rutas. También en 2002 salió a la luz el programa secreto de desarrollo nuclear de Irán, y aunque Teherán negó estar buscando construir un arma atómica, se desencadenó un nuevo ciclo de confrontación y coerción, incluyendo años de duras sanciones económicas de parte de Occidente. El enfrentamiento empezó entonces a desarrollarse en las sombras, incluso en el ciberespacio, con armas conjuntas de Estados Unidos e Israel, como el gusano informático Stuxnet, que fue utilizado para destruir las centrifugadoras enriquecedoras de uranio. El acuerdo nuclear de 2015 En 2015, Irán alcanzó un acuerdo internacional para limitar su programa nuclear de enriquecimiento de uranio, pero en 2018, durante su primer mandato, Trump retiró a Estados Unidos del acuerdo, y las tensiones de reavivaron. En 2020 Trump sacó el conflicto a la luz pública con un ataque con drones sobre Bagdad, que acabó con la vida del general Qassem Soleimani, el poderoso jefe de la Fuerza Quds, el brazo de operaciones en el extranjero del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán. Tras el ataque de octubre de 2023 de Hamas contra Israel, la consiguiente guerra en Gaza derivó en un enfrentamiento de 12 días en junio de 2025, durante los cuales Israel y Estados Unidos bombardearon Teherán y terminaron con la vida de al menos 20 altos mandos militares iraníes. También atacaron las instalaciones de desarrollo nuclear del país, mientras Irán atacaba a Israel con misiles. Más tarde, el gobierno de Trump inicialmente intento zanjar las diferencias mediante negociaciones, pero al final optó por la guerra. Todos tropiezan con la misma piedra A lo largo de las décadas, los presidentes norteamericanos que quedaron enredados con Irán sufrieron las consecuencias en sus carreras políticas. La interminable crisis de los rehenes contribuyó a que Jimmy Carter perdiera la reelección, y en 1984, su sucesor, Ronald Reagan, tuvo que retirar del Líbano a las fuerzas de paz norteamericanas tras una serie de sangrientos ataques perpetrados por milicias delegadas de Irán. Posteriormente, estalló el escándalo Irán-Contra y se supo que el equipo de seguridad nacional de Reagan le vendía armas a Irán a cambio de la liberación de rehenes norteamericanos retenidos por grupos respaldados por Irán en el Líbano, y que usaba los ingresos de esas ventas para financiar a la insurgencia nicaragüense. El escándalo desembocó en audiencias públicas en el Congreso, renuncias de alto nivel y una drástica caída en el índice de aprobación del entonces presidente Reagan. A continuación, si bien Bush presentó la guerra de Irak como el trampolín hacia la democratización de Medio Oriente, el derrocamiento de Saddam Hussein desencadenó una cruenta guerra civil que redobló la influencia de Irán en toda la región. A lo largo de las décadas, Washington conservó alguna esperanza de que accediera al poder una facción más moderada que buscara distender la relación. Pero los dos pilares del régimen, el ayatollah Ali Khamenei el líder supremo que gobernó con puño de hierro durante casi 37 años y murió en un ataque aéreo israelí el 28 de febrero, y el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, mantuvieron hacia Estados Unidos una hostilidad inquebrantable. Quienes desean reconciliarse con Estados Unidos no pueden hacerlo, y que quienes podrían hacerlo no quieren, escribió Karim Sadjadpour, analista de política iraní del Fondo Carnegie para la Paz Internacional, en un artículo publicado en The Atlantic. La crisis actual, la primera guerra abierta en todos estos años, también es la confrontación más violenta y prolongada hasta la fecha. En líneas generales, señala el politólogo Ostovar, si Teherán no hubiera redoblado sistemáticamente la apuesta, los presidentes norteamericanos probablemente habrían preferido ignorar a Irán desde hace décadas. Irán viene buscando roña desde hace 47 años, y finalmente lo logró, concluye Ostovar. Traducción de Jaime Arrambide

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