Contacto

×
  • +54 343 4178845

  • bcuadra@examedia.com.ar

  • Entre Ríos, Argentina

  • Memoria Frágil: los Lencina, una familia pensada para el crimen | Análisis

    Parana » AnalisisDigital

    Fecha: 15/03/2026 18:06

    El programa Memoria Frágil reconstruyó la historia criminal del clan Lencina, una familia cuyo apellido está ligado a algunos de los episodios más estremecedores de la crónica policial entrerriana. En la memoria policial de Paraná hay nombres que aparecen una y otra vez en los expedientes como si fueran la firma oscura de una misma historia. Entre ellos, el apellido Lencina se repite con una persistencia inquietante, ligado a escenas de violencia extrema, investigaciones interminables y crímenes que aún hoy resuenan en la conciencia colectiva. El documental que presentó el programa Memoria Frágil (Canal 9, Litoral) se adentró en ese territorio áspero de la crónica policial para reconstruir, a través de testimonios judiciales, policiales y periodísticos, el historial criminal de un clan familiar que durante décadas dejó su rastro en los archivos judiciales de Entre Ríos. La historia de los Lencina no se escribe con tinta sino con huellas: huellas en el barro de los descampados donde aparecieron cuerpos, en los aljibes abandonados convertidos en tumbas improvisadas, en las páginas amarillentas de los sumarios judiciales. A su alrededor se teje una trama donde la violencia doméstica, la marginalidad social y la repetición del delito formaron un paisaje cotidiano. Según coinciden abogados, jueces, comisarios y periodistas que siguieron de cerca esos casos, la familia se movía dentro de un círculo oscuro donde el delito no era una excepción sino una forma de vida. En el centro de ese universo aparece la figura de Esther Torres, la madre del clan, descrita por varios testigos como una presencia dominante dentro del grupo familiar. En torno a ella crecieron nueve hijos en un contexto de extrema precariedad en la zona este de Paraná, entre ladrillerías, ranchos y zanjones. Allí se forjó una genealogía marcada por la violencia, donde algunos de sus hijos -en particular Miguel Ángel y Claudio Lencina- terminarían protagonizando algunos de los episodios más estremecedores de la crónica policial entrerriana. Miguel Ángel Lencina fue señalado en múltiples causas por delitos que revelaban un patrón de brutalidad creciente. Su nombre quedó asociado a homicidios y agresiones sexuales cometidos en la década del ´90, hechos que conmocionaron a la sociedad paranaense y entrerriana por la ferocidad de los ataques y por la frialdad con la que, según los investigadores, actuaba. Las investigaciones judiciales lo describieron como un individuo imprevisible, capaz de alternar silencios herméticos con confesiones cargadas de cinismo. En la jerga policial, su expediente se convirtió en uno de esos legajos que parecen crecer con los años como una sombra que nunca termina de disiparse. Su hermano Claudio, conocido en el ambiente policial como El Jorobado, representaba otra dimensión del mismo drama familiar. Más reservado, más calculador según quienes lo trataron en tribunales, también quedó vinculado a homicidios resonantes ocurridos en el entorno territorial que el clan dominaba en las inmediaciones de San Benito y avenida Almafuerte. En ese radio urbano -calles de tierra, baldíos, casas precarias- se desarrolló gran parte de la saga criminal que los investigadores reconstruyeron durante años. Pero el episodio que terminó por convertir el apellido Lencina en una marca imborrable de la memoria colectiva fue la desaparición de Fernanda Aguirre en julio de 2004. La adolescente de 13 años salió de su casa en San Benito y nunca volvió. La investigación señaló a Miguel Ángel Lencina como principal sospechoso, aunque el misterio sobre el destino final de la joven nunca pudo resolverse. Su suicidio en una Comisaría de Paraná cerró abruptamente la posibilidad de conocer la verdad completa, dejando tras de sí una pregunta que aún hoy persiste: dónde está Fernanda. El documental que propuso Memoria Frágil no buscó reconstruir el horror como espectáculo, sino entender cómo una sucesión de crímenes pudo incubarse durante años en un mismo núcleo familiar sin que las instituciones lograran desarticularlo a tiempo. En ese sentido, el relato funcionó también como una reflexión sobre las fallas del sistema penal, los vacíos del control estatal y la fragilidad de los mecanismos de prevención. Porque detrás de cada expediente, de cada pericia y de cada sentencia, permanece una certeza inquietante: las historias policiales no terminan cuando se cierra un caso. Algunas quedan abiertas para siempre, como una herida en la memoria de una ciudad que todavía intenta comprender cómo pudo crecer, durante tanto tiempo, la sombra de un mismo apellido. Los Lencina, una familia pensada para el crimen Alrededor de la familia Lencina hay historias de violencia y muerte. Hermanos imputados o condenados por diversos delitos y crímenes horrendos son parte de un historial que los marcó a fuego en los expedientes judiciales de Paraná y alrededores. No fue solo Fernanda Aguirre, fueron más. Muchos más. Marcos Rodríguez Allende, abogado La familia o el clan Lencina los comienzo a conocer profesionalmente por mi actividad, a mediados del año ´90. No solo con los hechos ya por todo conocidos por parte de Miguel Lencina, estos dos homicidios en el marco de violencia de género, más la desaparición de Fernanda. En escena aparece Claudio Lencina, alias ´El Jorobado´, que tenía una gran diferencia con Miguel: era sanguinario como Miguel, pero más inteligente. Claudio Lencina, que siempre tenía como apodo ´Jorobado, por más que a él lo disgustaba este tema´. Pero, aparte tenía otros hermanos que recuerdo, varones, y otras hermanas que también estaban dedicados a hechos delictivos de la naturaleza violenta, como en el caso de Miguel o en el caso de Claudio. Carlos Catena, comisario retirado Allá por si no mal recuerdo, 2004, creo que fue el secuestro del 25 de julio de Fernanda Aguirre. Me convoca a trabajar 24 horas después del secuestro para determinar la circunstancia del paradero de Fernanda Aguirre. Bueno, ahí se produce el desenlace. La investigación y ahí surge de varios testigos con algunos identikits, hechos por testigos presenciales de los llamados telefónicos que hacía Lencina con Chávez para el eventual rescate. A raíz de eso se logra detener a Miguel Ángel Lencina, que estaba, recordemos, preso en la cárcel de Concepción del Uruguay, cumpliendo una condena por doble homicidio de Trepan y González, creo que eran las dos mujeres que habían matado, que tenía 12 años de prisión ya cumplida; le habían dado creo que 20-22, y había salido con una autorización por acercamiento familiar o socio laboral, no recuerdo bien. En ese aspecto comenzamos a trabajar sobre la causa Lencina, porque el barrio estaba asignado por esa familia, había cometido varios delitos, como el caso (Alberto) Koltunofff, habían quemado el auto en la puerta de la casa de Koltunofff eran muy aberrante los delitos que cometían y aparte muy con un desacierto terrible, nada organizado, nada preparado. Recordemos también que había muerto el hijo de (Víctor Hugo) Re, que fue un suboficial de la Policía en la casa de los Lencina. También fue muerto Re, que fue tirado en un aljibe en Villa Urquiza bueno un sinnúmero la chica que murió, que tiraron en el aljibe también, una menor de edad que fue ultrajada estaba asignado por el crimen, por el delito más aberrante que la provincia pudo haber sufrido. Héctor Toloy, exjuez de Instrucción Tenía una gran preponderancia Esther Torres, la madre de Miguel Ángel y de Claudio Lencina. A punto tal que, según comentarios, no soy quién para decir que esto fue o no fue así, ella tenía una vivienda de material y su pareja vivía en un rancho al costado y quien le dio el apellido Lencina en otro rancho, al otro costado. Pero, ella vivía sola en su casa, solo se ocupaba, digamos, cuando pedían por ella o cosas así. Pero, la cuestión era ella era la que manejaba matriarcalmente a todos. Pero en esa historia, había una persona clave: Esther Torres, la madre y jefa natural de los Lencina. Llegó al mundo desde Bovril o alguna localidad del norte entrerriano y se instaló en Paraná con una historia que ya traía marcas. Tuvo nueve hijos. El hombre que les dio el apellido, Juan Ramón Lencina, trabajaba de ladrillero y changas; vivía en un rancho al costado. La familia sobrevivía de lo que producían las ladrillerías cercanas a la avenida Almafuerte, de algunos robos menores y de la prostitución de las hijas que, según testimonios concordantes, Esther organizaba o al menos consentía. De ese suelo brotaron varios hijos marcados por la violencia, pero dos se convirtieron en protagonistas de los casos más resonantes que registró la crónica policial entrerriana en las últimas décadas: Miguel Ángel y Claudio, conocido como ´El Jorobado´. Eran radicalmente distintos en temperamento y método, pero compartían el mismo origen y la misma tutela materna. Carlos Schmunk, comisario En diciembre del año ´77 egreso de la Escuela de Oficiales. Y el 2 de enero del año ´78 soy destinado a prestar servicios en la Comisaría Tercera de Paraná. La Comisaría Tercera tenía una jurisdicción -como casi todas las comisarías en esa época-, muy extensa. La jurisdicción abarcaba desde Av. Ramírez hasta el arroyo Las Tunas, y desde Av. Almafuerte hasta lo que es el triangular antes de llegar a Oro Verde. En la zona Este, digamos, de la jurisdicción; en un zanjón prácticamente, que se formaba por el terraplén de las vías del ferrocarril, atrás de lo que es hoy Johnson Acero y un monte que llegaba prácticamente hasta calle Miguel David en ese lugar vivía la familia Torres, en casas o ranchos, mejor dicho, muy precarios, sin ningún tipo de servicios, me refiero a agua potable, luz, nada. Vivían y solían tener, principalmente los fines de semana, muchos conflictos debido a la ingesta de bebidas alcohólicas de los varones del grupo, que provocaba incidentes entre ellos. Y, obviamente, la intervención policial. Como dije, vivían de una forma muy precaria. Eran muy violentos. Recuerdo, entre tantos nombres de los que vivían ahí, A Apolinario Torres, un hermano que se llamaba Idalino, y entre las mujeres estaba Esther Torres. Esther Torres posteriormente, o ya en ese momento, vivía en pareja con Lencina. Lencina y Apolinario trabajan casi todos en las ladrillerías de la zona. Y también algún hecho delictivo que por ahí se cometía. Esther Torres tiene varios hijos, entre ellos Miguel Lencina, Claudio Lencina, conocido como ´El Jorobado´. Otro varón, el más chico, que muere trágicamente también en un accidente, creo, ahí en la zona de Almafuerte, que lo pisa un camión. Y dos mujeres. Una de esas dos mujeres, posteriormente, ya estoy hablando cerca del año ´90 más o menos, se junta o comienza en concubinato con un suboficial de la Policía, Víctor Hugo Re. Mauricio Antematten, periodista Se dice que Miguel Lencina ensayó sus primeras faenas junto a su tío Apolinario Torres, con una chiquita de apellido García, que Torres junto con otro cómplice de apellido Banega estoy hablando del año ´88-´89 Tendría que darte más precisiones, pero, aproximadamente, en esa época había sido bastante resonante el caso de esta chiquita que fue secuestrada, abusada. La mantuvieron cautiva durante tres días, en una zona de chacra muy cercana a lo que es el nuevo acceso a la Ruta 12, donde hay muchos pozos, muchos brocales de aljibes viejos y donde, recordarán algunos, fue encontrada esta joven, Fátima Acevedo, asesinada en ese mismo pozo se estima había sido arrojada en el año ´88 esta chiquita de 12 años que fue brutalmente violada. Fue sodomizada. Iván Vernengo, abogado Si, era una persona de temer. Pese a que según lo que decían la autoridad penitenciaria tenía un excelente comportamiento, pues accedió a esas salidas transitorias. Evidentemente, era alguien que manejaba entro de las Unidades Penales que estuvo, manejaba, ejercía un poder. No alcancé a conocerlo personalmente porque recordarán que ni bien empezó la causa de Fernanda, se suicida en la Comisaría Quinta. Así que personalmente nunca lo vi. Pero, sí por fotos. Era un rostro medio achinesado, muy parecido a Bruce Lee. Pero, los que los conocían y en el ambiente judicial y policial se decía que era una persona que era bastante fría. Uno lo miraba y no veía nada en la mirada que devolvía. Y respecto de esa violación que fue condenado Apolinario Torres, yo creo que ahí con el caso de Fernanda, él repitió una historia de chico Se comentaba que, en esa violación de Apolinario con otras personas, más de una chica, una nena, tenía 9-10 años, que la tiraron en un pozo también luego de violarla y matarla, que la tiene en un pozo, habría hecho participar a Lencina para que debutara sexualmente. Esos son los comentarios que había en los pasillos judiciales y policiales. Y creo que él hace lo mismo, repite esa historia con su sobrino. Miguel Ángel Lencina nació el 28 de octubre de 1972 en Alcaraz. Pasó su infancia en la calle, vagabundeando y pidiendo limosna. A su alrededor no había espejo que no reflejara degradación: padres golpeadores, hermanas sometidas, relaciones promiscuas entre los propios miembros de la familia. Ya en la adolescencia violaba a hermanas, primas y a los varones más pequeños de la casa. Cuando aparecía con heridas en el cuerpo, explicaba con total indiferencia que se las había hecho él mismo, para saber cómo era. Su bautismo criminal llegó de la mano de su tío Apolinario Torres. Tenía 15 años cuando juntos secuestraron a María de los Ángeles García, una niña de 9 años. La sofocaron con su buzo verde, la arrastraron hasta una tapera próxima a la avenida Jorge Newbery y la retuvieron cuatro días y tres noches. Ambos la violaron en repetidas ocasiones, provocándole lesiones gravísimas. Luego la arrojaron viva a un aljibe de 70 metros de profundidad. El cadáver fue encontrado ahogado en el fondo. Torres fue condenado a prisión perpetua. Lencina, menor de edad, cumplió un tiempo en la Unidad Penal N° 1 de Paraná, donde cerca de diez presos lo violaron con la complicidad de un guardiacárcel. El grupo era encabezado por el Potro Domínguez. Esa humillación se convirtió en el motor de una venganza que Miguel Ángel alimentó durante años. Carlos Schmunk Miguel Lencina, hijo de Esther Torres y Apolinario Torres, protagonizan uno de los hechos más aberrantes que se ha conocido acá en Paraná. Ellos secuestran a una niña de 9 años, la violan reiteradamente durante 3 o 4 días, la dejan atada a un árbol, ya agonizando, pensando que se iba a morir. Al día siguiente regresan, la niña todavía vivía y ellos la violan nuevamente y la asesinan. Por ese hecho en donde intervino el doctor (Raúl Alberto) Herzovich, que era juez de Instrucción, que se constituyó despacho en la Comisaría Tercera, fueron detenidos Apolinario Torres y Miguel Lancina, tío y sobrino, digamos. En el juicio oral que se celebró, le hablo así muy resumido todo en el juicio oral Apolinario Torres es condenado a prisión perpetua y Miguel Lencina fue sobreseído. Las pruebas no fueron suficientes, se culparon entre ellos en fin todo lo que provoca un juicio oral. Recuperó la libertad y en el año ´94 es protagonista principal de dos hechos: uno, el homicidio de una señora Trepán, que fue en un camino ahí en la zona también de (Salvador) Caputo, por esa zona que en esa época no es lo que ahora, no existían prácticamente viviendas, las calles eran todas de tierra. Mauricio Antematten Pamela Trepán estaba esperando el colectivo, estaba en calle Salvador Caputo, en una zona donde había un descampado por detrás, en esa época Es sometida sexualmente. La retiene atándola con un cordón yo no sé si era de la zapatilla o de la misma mochila. Tuve la oportunidad de estar ahí, de presenciar el momento en que fue hallado el cadáver y fue oportunamente porque el juez Raúl Herzovich -ya fallecido-, no contaba en ese momento y quería guardar un material fílmico, un video y el único que estaba con una cámara en ese momento era yo. Así que tuve la oportunidad, pero con el juramento de que iba a preservar las imágenes más crueles, más cruentas. Estaba prácticamente disecado el cuerpo, boca abajo. Habían avanzado ya insectos sobre el mismo y se notaba la ´cuerdita´ atada en el cuello y atada a una chilca, atada a una enramada, lo que hace presumir que la tenía sujeta del cuello. Y cada vez que se quería incorporar esta chica se ahorcaba con la misma fuerza, la misma desesperación de querer liberarse. Tenía sus prendas íntimas salidas en una pierna, lo que pone en evidencia que hubo un abuso sexual. Estaba muy avanzado ya en descomposición el cuerpo y pocos días después es el caso de esta chica Domínguez, que fue encontrada en un motel, en el conocido ´Motel Charles´ en esa época Mariela Domínguez Mariela Domínguez fue asesinada, ahorcada, eso arrojó la autopsia y su cuerpo abandonado debajo de la cama de la habitación número 8. Hubo elementos suficientes para inculpar a Miguel Lencina. Se dijo que en los dos casos hubo motivos de venganza, motivos de vendetta. Y Claudio Lencina, aunque te parezca mentira, Claudio Lencina era en ese momento, en los inicios de la década del ´90, era un joven estudiante secundario y distaba mucho la imagen que podías tener de Miguel Lencina de Claudio Lencina, quien aparentaba una persona que pese a su problemática física que le hizo tener el mote de ´Jorobado´, cosa que bueno, hoy sabemos que es distinto, que antaño ya de los cuerpos no se habla y no es gracioso tampoco incorporar algún apodo pero, fue el que lo llevó a conocerlo de esa manera cuando cometió sus crímenes. Fue en enero de 1994 que Miguel Lencina mató a Pamela Treppán, de 18 años, sobrina del ex guardiacárcel Alberto Temporetti. La interceptó en calle Caputo, la golpeó, la violó entre los yuyales y la estranguló con la correa de su mochila. Veinte días después llevó al motel Charles a María Dolores Domínguez, hermana del ´Potro´, la mujer que ejercía la prostitución en la Terminal de Ómnibus. La ahorcó con los cordones de sus zapatillas. Escondió el cuerpo debajo del colchón de la habitación número 8 y esa misma noche fue a bailar al Club San Agustín. En ambos casos se llevó la ropa de las víctimas para regalarla entre amigos y familiares. Era su trofeo. Fue condenado a 20 años de prisión. Marcos Rodríguez Allende Todos en la familia Era una familia que se dedicaba a cometer distintos ilícitos. Pero, los ilícitos, si bien eran de todo el grupo familiar -vuelvo a recalcar- la madre era la cabeza de todos esos ilícitos. La madre manejaba a Claudio Lencina, manejaba a Miguel Lencina. Los manejaba manejaba a sus otros dos hermanos. Recuerdo a uno de nombre Aldo, todos detenidos, presos por distintos robos calificados en las mediaciones, en estaciones de servicio por avenida Almafuerte. Es decir, estas personas cometían ilícito en la misma zona, todo en la misma zona. Fijémonos que Miguel Lencina también cometió sus homicidios violentos a mujeres en las inmediaciones de San Benito, Paraná, o en avenida Almafuerte, todo se producía ahí. Asimismo, el de Claudio Lencina. Si bien el cuerpo de Re aparece en Villa Urquiza, el homicidio fue en la casa de Claudio Lencina. El homicidio de Koltunofff fue en la casa de Claudio Lencina. Es decir, se manejaban con total impunidad en dicha vivienda, en dicho inmueble, que lo manejaban los Lencina durante décadas. Mauricio Antematten Yo hablé muchas veces con Esther Torres, no podría calificar como una mujer que inducía a sus hijos a delinquir, aunque sí los consentía. A clara vista está que muchos integrantes de la familia Lencina Claudio, que me extrañó después de aquella vez que lo denunciaba su propio hermano, que se incorporara también a esa vida con ese tinte de sangre y violencia. Pero, hubo otro hermano también de Claudio y de Miguel, que estuvo incurso en hechos delictivos y qué tuvo el enfrentamiento con un muchacho que era comerciante en avenida Almafuerte y junto a un cómplice fueron baleados. Él pudo sobrevivir este muchacho sobrevivió a ese enfrentamiento con este joven que tenía un almacén en avenida Almafuerte, muy cerca del mercado concentrador El Charrúa. Y recuerdo que Esther Torres, quizá para tener una imagen social, seguramente calificaba de demonio a su hijo Miguel Ángel. Y Claudio era el consentido. Claudio era por el que más se inclinaba Esther Torres a protegerlo, a cuidarlo. En la cárcel Miguel Lencina pasó a ser temido. Nadie volvió a tocarlo. A quienes le preguntaban por sus víctimas siempre respondía con la misma frase, que quedó grabada en la memoria penitenciaria entrerriana: Al enemigo no hay que tocarlo; hay que dañarle lo que más quiere. Durmió con tierra de cementerio porque los terrores nocturnos no lo abandonaron nunca. Cumplió doce de los veinte años y en 2004, con salidas transitorias controladas teóricamente por el Patronato de Liberados, volvió a Paraná. Nadie firmó un Libro de Guardia. Nadie controló dónde estaba Lencina. Héctor Toloy Yo fui esa noche, estaba (Ángel Ernesto) Geuna, creo que era jefe de Policía en ese momento, bueno, escuché la versión, hablé con ella le pedí una remera o una ropa que haya usado la hija y que no estuviera lavada. Me acuerdo que trajo una remera. Llamamos a los canes, intentamos, te digo, no sé, 3-4 de la mañana intentamos buscar el rastro, buscar el rastro y no hubo forma. De los perros, yo no recuerdo bien, pero creo que lloviznaba. Era una noche muy fea esa en que sucede esto. Sí, recuerdo cuando dimos por desistida la búsqueda con los perros. Me fui a mi domicilio. Me di un baño, me cambié y me fui al Juzgado a firmar las órdenes de allanamiento contra Lencina, porque sabía que esa tarde, a las 4 de la tarde, Lencina había estado con su sobrino en la esquina que va de San Benito al lugar donde la madre tenía el puesto de flores. Y bueno, Lencina era la primera salida que tenía, salida socio familiar. Y fui con el allanamiento y no encontramos nada, ni tampoco a Lencina, porque esa misma noche el cenó en la Terminal de Ómnibus y se tomó el colectivo al lugar en Santa Fe donde vivía su mujer. Fuimos a buscar lo que pudiéramos encontrar que nos sirviera de prueba en lo que estábamos investigando, porque generalmente Lencina, quien ya había tenido dos homicidios, siempre se llevaba algo de la víctima, generalmente el par de zapatillas, y en este caso también la llevó. Tal es así que se lograron secuestrar en Santa Fe, la mujer de Lencina se la había regalado a una amiga. Humberto Franchi, abogado Tenemos que remontarnos a julio del año 2004, es más, hace unos años se cumplieron 20 años de la desaparición de Fernanda Aguirre y la conmoción que implicó este caso, que en un principio estuvo en la Justicia Federal, después pasó a la Justicia ordinaria y por esas cuestiones, por cuestiones políticas, mi socia, la doctora Nora Lanfranqui estaba contactada por funcionarios políticos y le solicitan que aportemos, que ayudemos y que asistamos en todo el caso para verificar el paradero de Fernanda Aguirre. Así es que intervenimos junto con la doctora Lanfranqui y es más, recuerdo que fuimos a la Comisaría Quinta, hablamos con Miguel Lencina que estaba detenido, bueno, obviamente nos dio una versión de que él estuvo como 10 años, 11 años detenido por otra causa, otros homicidios y tenía una de esas salidas de la Unidad Penal. Si mal no recuerdo, estaba detenido en Concepción del Uruguay y bueno, él nos explicó un camino que había ido supuestamente con Mirtha Chávez, que era su pareja, a San Martín de las Escobas, cercano a Rosario, donde vivía Mirta Chávez. Bueno, después obviamente todo ese camino que supuestamente nos comentó Miguel Lencina era falso, y con el transcurrir de los años y de las pruebas que se recolectaron en la causa, se demostró todo lo contrario, más allá de que nunca se pudo determinar dónde fue el paradero de Fernanda Aguirre, sino cómo fue tomada, fue secuestrada e incluso la intervención de un sobrino que era menor de edad, Jonathan o Nazareno, no estoy seguro del nombre. Nazareno tampoco nunca brindó la versión, nunca explicó, nunca determinó qué fue del paradero de Fernanda Aguirre. Carlos Catena Cuando él la conoce a Mirta Chávez, la conoce en el penal de Concepción del Uruguay, porque él tenía un amigo que la iba a visitar una chica, y le ¿no querés que te presente a una amiga? Y ahí la conoce Mirta Chávez. El padre de esa chica fallece en San Martín de la Escobas y en una oportunidad Miguel Ángel Lencina está con ella en el cementerio y ella medio que lagrimea y le dice extraño mucho mi papá. Y Miguel Ángel le dice si querés yo te llevo con tu papá, insinuando que la iba a matar. Y ahí Mirta le doce no Miguel, con mi amiga no te metas. Entonces, estamos hablando de un círculo muy íntimo, totalmente aferrado al delito al delito y al homicidio y al crimen más terrible que puede ocurrir. Marcos Rodríguez Allende Está claro que la familia, más allá de ser manejada por la madre, Claudio Lencina, había una gran diferencia con Miguel. Tenía una inteligencia diferente, tenía una cabeza distinta a Miguel. Es más, estaban enemistado Miguel con Claudio Lencina. Con Claudio Lencina he podido charlar siempre. Claudio Lencina me responsabilizaba a mí de todas sus situaciones, de por qué me la había agarrado con él. Yo le quería hacer entender que lo único que hacía era cumplir mi función, justamente determinar la responsabilidad que él cometía. No era mi intención tener algo personal con Claudio Lencina. Por el contrario, era justamente el rol que a mí me tocaba era demostrar los actos violentos de Claudio Lencina. Y las hermanas tenían un claro papel también de engaño, de distintos tipos de engaño. A hombres así los llevaron engañados a Koltunofff, en donde había un aparente vínculo. Y estas cuestiones cercanas a la prostitución que cometían las hermanas y aprovechaban los hermanos para esta situación y cometerlos ilícito. Claudio Lencina era otro hombre clave del clan Lencina. Tenía una inteligencia diferente a la de su hermano, otra forma de expresarse, otro discurso. Quienes lo conocieron en el ámbito judicial lo describen como alguien con quien se podía conversar, frío y calculador, capaz de sostener una versión defensiva sin perder la compostura. Sus crímenes tuvieron como escenario el mismo territorio familiar: las inmediaciones de calle Hernandarias, el radio de control del clan. El primero fue el de Víctor Hugo Re, suboficial de la Policía de Entre Ríos, hombre del Cuerpo de Operaciones Especiales, que había cometido el error fatal de enamorarse de una de las hermanas Lencina. Según el testigo clave que encontraron los investigadores un remisero que declaró como arrepentido Claudio y su madre trasladaron el cuerpo en una bolsa negra hasta un pozo en desuso en las inmediaciones de Villa Urquiza. El segundo fue el ingeniero mecánico Jorge Koltunofff, a quien las hermanas atrajeron con el señuelo de un vínculo afectivo. Lo retuvieron dos días atado de pies y manos en la propia casa del clan. Las escuchas telefónicas que existían sobre un tercero investigado por tráfico de estupefacientes capturaron accidentalmente el llamado de Claudio pidiendo un arma de fuego. El arma nunca llegó. Koltunofff fue asesinado a golpes y enterrado en el fondo del patio. Carlos Schmunk Ella era igual que todos los demás, o sea, siempre justificaba la conducta de sus hijos, los defendía mucho, no hablaba de la conducta. Para ella eran siempre inocentes, a pesar de que ella tenía conocimiento de todo lo que hacían ellos. Yendo al tema de Claudio, no sé si Claudio Lencina, alias ´El Jorobado´, también asesinó a su propio cuñado, a Víctor Hugo Re, el suboficial de Policía, que era concubino de una de sus hermanas. El cuerpo lo tiran en un pozo en desuso en la zona de Colonia Celina, en el campo del doctor Humberto Re, un abogado de Diamante, que fue senador bueno, tenía campo ahí, y en ese lugar lo tiran al cuerpo de Víctor Hugo. En el rescate del cuerpo yo participé en esa época ya era jefe de Operaciones de la Departamental Paraná, y tiempo después participa o es protagonista de la muerte de Koltunofff. Se recuerdan las imágenes que estaba la policía haciendo el procedimiento, prácticamente sacando del lugar donde habían enterrado el cuerpo, y Claudio Lencina, ´El Jorobado´ y la madre y toda la parte de la familia estaban sentados en la puerta de la casa no me acuerdo si tomando mate o qué, presenciando cómo se hacía el procedimiento. Marcos Rodríguez Allende Bueno, ahí lo detienen a Claudio Lencina y yo defendía en ese momento al coimputado (Juan Bautista) Sigura, un gran ciclista, un joven que llegan a juicio tanto Claudio Lencina como Sigura. En ese juicio lo absuelven a Sigura, mi defendido, y lo condenan a Lencina. Las dos hipótesis que se mantenía era que Claudio Lencina lo responsabilizaba a Sigura del homicidio y nosotros responsabilizamos a la familia Lencina, porque -por supuesto- que el tribunal consideró que los Lencina mentían y que fueron ellos los homicidas. Pero, no solamente fue Claudio Lencina, sino también participaron las hermanas y la madre... la madre era gran parte de esta asociación ilícita, de este grupo de personas violentas, en donde lo único que hacían era cometer ilícitos violentos y donde vivían allá por Hernandarias, al final, cercanos o lindantes a San Benito. Llegamos a una condena en Claudio Lencina y después tanto la condena por la muerte de Koltunofff, como la muerte de Re, se acumularon y fueron una pena creo que, de 20 años de prisión, que sigue cumpliendo y ya estaría por salir Claudio Lencina. Mauricio Antematten Recuerdo que la misma Esther Torres me dijo que le tenía miedo a Miguel. No respeto, miedo porque había querido ser agresivo, violento con integrantes de su propia familia, con ella misma. Más que miedo, terror. Esther Torres le tenía terror a Miguel Ángel. No obstante, creo que Esther Torres manejaba sus códigos con su familia y entre esos códigos está el del silencio, el de acallar quizá cosas que pudo saber. Creo que tenía mucha capacidad para tener poder por sobre la mente de algunos integrantes de la familia. La última vez que fui, porque la visité varias veces en su casa, estaba rodeada de aquellos chicos que eran gurises en la época en que ocurrieron los hechos que competen a la historia criminal de Claudio Lencina y de Miguel Lencina. Y ya eran muchachos grandes y no le simpatizaba mi presencia. Y me di cuenta que Esther Torres ya no podía dominar esa situación, que en un momento ella indicaba quién entraba, quién salía, quién podía entrar. Y siempre me decía: Mauricio, vos vení tranquilo que mientras estés conmigo acá nadie te va a tocar, nadie te va a hacer nada. La última vez que fui fue distinto, ya había miradas distintas y Esther Torres bajaba la vista. Héctor Toloy Recuerdo sí que cuando estábamos desenterrando a Koltunoff, que había ido dos o tres veces a ese domicilio, por las versiones que circulaban que él había estado allí, recuerdo que felizmente por un perro que nos ayudó un poco a remover la tierra, sentimos el olor a cadáver, que tiene un olor muy particular, es diferente a un perro muerto, a un animal, nada que ver, el olor del cadáver es otra cosa de cadáver humano. Recuerdo que ese día estábamos desenterrando a Koltunoff y Claudio Lencina estaba tomando mate con su mujer, con su pareja o mujer, no sé la relación de él, si es casado o no, y me acuerdo que se acercó a mí, me dijo tenemos que hablar de este tema, doctor. Le digo, sí, vamos a hablar de este tema, pero va a ser en el Juzgado y con un abogado defensor, y le pedí a uno de los policías que me acompañaba que lo llevara detenido. El 25 de julio de 2004, Fernanda Aguirre salió de su casa en San Benito a buscar unos claveles que le había pedido una conocida. Tenía 13 años. Miguel Ángel Lencina la esperaba en la esquina junto a su sobrino Nazareno, un adolescente de la misma edad de la joven. Esa noche, Fernanda le rogó que no la matara. Le dijo que su padre había vendido un carrito y tenía 2000 pesos para darle. Pero, Lencina no se apiadó. No dudó en matarla y hacerla desaparecer. Miguel Lencina volvió a su casa, le dijo a Mirtha Chávez lo que hacía sucedido y también a su madre. Pero, los datos siempre se ocultaron, en ese pacto de silencio e impunidad. Carlos Catena Yo con Miguel no hablé mucho porque ya cuando lo trajimos detenido, fue que lo notifiqué de los artículos que corresponden por la ley. Tuve una charla muy corta, estaba incomunicado pero, nada, no tenía ningún tipo de respuesta, una mirada fría, incalculable, una persona apática. Esther rodeaba de mentira a la familia. Mentían, mentían continuamente, inventaban historias. Hoy te decían que Esther había ido a la Comisaría Quinta a visitarlo y Miguel le dijo que la policía anda cerca, Fernanda está tirada, la até con un cinto y la buscamos, nunca la encontramos. Encontrar una persona con un rastrillaje de 100-200 policías que tuvimos meses y años buscándola. Con ´El Jorobado´ no hablé nunca, no hablé. En ese momento habló el director de Investigación o le subdirector, creo, que le hizo un mapa donde supuestamente estaba Fernanda enterrada en San Benito. Cobró una pseudo recompensa, no recuerdo cómo fue el trámite que hicieron ahí. Por supuesto que fue muy gran mentira. Nazareno mintió en su momento, después dijo la verdad, le creo. Dijo la verdad porque lo corroboré. Porque la madre de Fernanda, María, había dicho que Fernanda se había ido con unas zapatillas de un color y Nazareno me dijo a mí que no, que las zapatillas que tenía Fernanda eran rojas y blancas, si mal no recuerdo. Y cuando yo hablo con María María se va al ropero y corrobora que efectivamente las zapatillas que Fernanda tenía al momento de secuestro eran rojas y blancas. Entonces, me daba la pauta de que Nazareno no solamente había estado en el lugar del hecho, sino que estaba diciendo, era veraz su testimonio. Lo veo como un hecho atroz, un hecho que no puedo entender cómo pudo haber ocurrido una cosa de esas, no puedo entender cómo Lencina pudo haber estado suelto, no puedo entender eso. Una persona que tenía un aislamiento en la Unidad Penal, donde profesionales le dan la posibilidad de que salga, porque decía que estaba en condiciones, yo leí los informes psíquicos, estaba en condiciones de resociabilización. Una persona que ya ha matado a dos, que se sintió triunfador, que le sacó los souvenirs, que la enterró una abajo de una cama de un motel, otra la dejó tirada atada en una rama en una esquina ¿vos me vas a decir a mí que esa persona puede estar sociabilizada?. Héctor Toloy Sí logré hacer una prueba de odorología forense, que a lo mejor recordás, traje a Corbata, que era un perro de Neuquén, que lo tenía un policía que era veterinario a su vez, que era de apellido (Mario) Rosillo, y con él hicimos una prueba de odorología. ¿En qué consistía esto? En una gasa embebida en agua, muy poquita, muy húmeda digamos, le pasamos a todos los asientos del Dodge, Yo tenía todavía la remera de Fernanda, se la puso en un cubo de vidrio. A la remera de Fernanda, no, mejor dicho, a la remera se la hacíamos oler a Corbata y poníamos remera que yo le pedía a las compañeras que tenía en el Juzgado, a quienes trabajaban conmigo, que me llevara ropa de sus hijas y te digo, eran seis, digamos, como para poner flores, como floreros de vidrio, y en uno de esos estaba lo que habíamos sacado del vehículo, o sea esas gasas humedecidas. Y el perro le hacíamos oler la remera y pasaba a su vez caminando y se sentaba justo donde estaba las gasas. Lo volvimos a repetir dos o tres veces la operación, cambiando las gasas del lugar y el perro. Esto me indicó que a lo mejor Fernanda estuvo en ese vehículo. Iván Vernengo Nosotros en la causa de Fernanda Aguirre defendimos a Raúl Monzón, que era un primo bastante lejano allá hace muchos años, en aquella época que ocurrió esto, si no me equivoco fue en 2004 de Fernanda ya hace bastante tiempo, que no tenía relación con el resto de los Lencina, Raúl Monzón. Y que en aquella noche se lo encontró con Lencina ya cuando volvía, después de haber hecho lo que hizo, en la estación de ómnibus de Paraná, regresando a Concepción del Uruguay, recordarás que él estaba cumpliendo condena y tenía salidas transitorias. En una de esas salidas transitorias fue que ocurrió lo que ocurrió con Fernanda Aguirre. Humberto Franchi Tenía una personalidad muy fuerte, muy dura, muy temperamental. Incluso nos explicó con lujos de detalles cómo fue su itinerario. Lo que él nos explicó es que en esos días había ido a San Martín de las Escobas, había estado con Mirta Chávez y después volvió. Era verosímil. Incluso como abogado, más allá de que yo recién estaba iniciando mis primeros pasos en el Derecho Penal, con la intervención de Nora, que también tiene otro temperamento y otra forma de actuar, incluso hablado con temperamento como para decirle, mirá, estás diciendo una cosa, lo que dice el expediente, lo que se está investigando, lo que refieren las causas es otra. Es decir, él no se movió un pelo de cómo hizo su trayectoria, cómo salió un día de la unidad carcelaria de Concepción del Uruguay, cómo fue, se comunicó con Mirta Chávez y su trayectoria hacia San Martín de las Escobas. Iván Vernengo Yo recuerdo que eran instalaciones humildes, digamos, no eran casas de clase media, sino más bien de clase baja. Pero, sí eran distintas edificaciones que estaban alrededor de la edificación donde vivía la mamá de los Lencina, de Esther Torres. Ella incluso declaró en el juicio, declaró el sobrino de Miguel en el juicio. Creo que también en un momento cuando creo que Apolinario lo condenan por esa violación creo que cuenta en una crónica periodística Apolinario cuenta que va y le dice yo sé que vos no fuiste, que fue Miguel, pero se ve que, si yo digo esto, tengo miedo que me maten, según cuenta este hombre que le dijo su hermana. Es decir, que evidentemente infundía cierto temor. Yo creo que tal vez una cierta deducción después, muchos años después, tal vez Lencina era el único de todos sus hijos, hijas y nietos a quien no podía dominar o controlar Esther Torres. A mí me dio esa impresión después de analizar toda la historia familiar. Miguel Ángel Lencina se ahorcó en la Comisaría Quinta de Paraná antes de que pudiera ser juzgado por la desaparición de Fernanda. Se llevó consigo el único secreto que importaba: dónde está el cuerpo. Y aún permanece desaparecida. Carlos Catena Miguel ese día -que jugaba Argentina, recuerdo, con Brasil-, debía estar en San Martín de las Escobas, no en Paraná. Porque la familia estaba en San Martín de la Escobas, que era la de Mirta Chávez. Y estaba en Paraná. Y se paseó por todo San Benito dos días y nadie supo que Lencina estaba en libertad. No firmó un Libro de Guardia. No hizo nada. ¿Quién controlaba eso? No era la función de la Policía, era función del Patronato de Liberados, creo, y de las unidades penales, de tener una coordinación para esta persona que era peligrosa que saliera. Y se peleó tanto para tener patrones genéticos de violadores y todo, que creo que se logró. Ahora, pero a ver, un violador está aprobado científica, clínicamente, va a seguir violando. Podemos poner una castración química, una castración clínica, lo que ustedes quieran. Va a seguir violando porque la personalidad no la va a cambiar Entonces, ¿para qué quiero un patrón yo, genético de esa persona si tiene que estar encerrada, no suelta? ¡Ya cometió el delito! Pero, bueno, esa posibilidad de que la ley hoy se está queriendo acomodar, creo que es donde está la falencia del Estado Estado general, no un gobierno. Un Estado ausente. Ausente para que Lencina esté caminando por las calles en Paraná, es un Estado ausente. ¡Qué te puedo decir! La madre es la madre; lo va a defender, le va a llevar yerba, lo iba a cuidar. Pero, era una mentirosa. Igual, según Miguel, según la madre, Miguel cuando era chico lo amenazó con un cuchillo, lo quiso matar cuando Miguel tenía 12 años. Pero, volvemos a lo que te dije recién, era una familia signada por la violencia, no conocían otra cosa que la violencia. Mauricio Antematten No cuento con pruebas para decir que ella capitaneaba, que hacía una agenda de actividades delictivas, que incitaba a que violen, a que maten, a que reduzcan a alguien Claudio Lencina o Miguel Lencina. Miguel Lencina daba miedo. A Claudio Lencina, un consentimiento, como un cariño diferente por ese hijo. Fíjate vos que como dijo Esther Torres, Miguel es el diablo. Es el diablo en persona. Lo encuentro una vez, cuando Claudio cae detenido por la causa Koltunoff, que Claudio Lencina dijo siempre siempre le apuntan al morochito y el que se iba a salvar iba a ser el rubio de ojos celestes y algún día quizás se sabrá la verdad de quién verdaderamente ajustó la cadena para que muriera Koltunoff. Pero, la encuentro a Esther Torres en la puerta de la Unidad Penal, en la puerta de la cárcel, esperando la visita para Claudio Lencina. Y le digo: - ¿Cómo ves este caso? - Mirá, que se joda, porque al final de cuentas yo le dije una vez: hubieras hecho un pozo, lo hubieras enterrado parado al pie de un árbol, no lo encuentra nadie. Quisiera recordar que el día que buscaban a Fernanda, el primer día que buscaron a Fernanda en el patio del clan Lencina, hubo alguien que se apoyó contra el árbol que estaba en el frente, que no tenía hojas. En ese momento era director de Criminalística Roberto Massuh. Y les causó gracia porque se apoyó en ese árbol, empezó a tumbarse, no tenía raíces, estaba clavado en la tierra. Y recuerdo esta frase de Esther Torres: ´Si lo hubieran enterrado parado, no lo encontraban más´. No sé si con eso te pinto algo. Marcos Rodríguez Allende Fundamentalmente, en las muchas horas que yo tuve con Claudio Lencina en los distintos juicios, era una persona muy jodida. Se observaba en la mirada, se observaban los hechos, se observaba al hablar, una persona muy peligrosa, una persona amén de ser muy violenta, muy astuta para declarar. Esa era la diferencia con Miguel. Miguel se suicida de alguna manera en la Comisaría, producto de la presión de la desaparición de Fernanda. Pero, Claudio se manejó sin remordimiento en ningún momento. Esta persona sigilosa, fría, es una persona -vuelvo a repetir- altamente peligrosa. Y no lo digo yo, porque yo lo viví, porque yo he estado y lo he acusado, sino justamente lo dicen los informes psicológicos, psiquiátricos, que daban cuenta de esta situación de esta situación familiar permanente en la cual la madre -vuelvo a repetir, como siempre-, era el sostén de la violencia. Y esto funcionó así durante muchísimos años, a la cual me costaba creer cómo esta familia podía haber pasado tantos años cometiendo tantos ilícitos y no podíamos romper con este mandato familiar de violencia, hasta que, bueno, esto se fue desintegrando y creo que esta casa, esa famosa casa de calle Hernandarias, esa maldita casa donde se produjeron tantos delitos, tantos homicidios, creo que ya no existe más. Memoria Frágil: los Lencina, una familia pensada para el crimen

    Ver noticia original

    También te puede interesar

  • Examedia © 2024

    Desarrollado por