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  • Menos sexo, más tecnología: jóvenes, pantallas y una intimidad en pausa

    La Plata » El dia La Plata

    Fecha: 15/03/2026 10:07

    Encuestas internacionales muestran que personas entre 18 y 28 años tienen menos relaciones sexuales que generaciones anteriores. Las redes, la pornografía, la pandemia y la transformación de los vínculos que están redefiniendo la vida íntima de la llamada Generación Z La imagen tradicional de la juventud asociada al descubrimiento sexual parece estar cambiando. Diversos estudios internacionales muestran que los jóvenes de la llamada Generación Z aquellos nacidos a partir de mediados de los años noventa tienen menos relaciones sexuales que las generaciones anteriores. El fenómeno, que algunos especialistas ya denominan Celiba-Z, no implica necesariamente una renuncia a la sexualidad, sino una transformación profunda en la manera de vivirla. Una encuesta internacional realizada en 2025 por Lovehoney Group entre ocho mil personas de distintos países europeos reveló que solo el 13% de los jóvenes de esta generación mantiene relaciones sexuales al menos una vez por semana, una cifra muy inferior al 37% registrado entre los millennials. La diferencia sugiere que el cambio no es anecdótico, sino estructural. El médico especialista en cirugía, urología y sexología clínica Hugo Moviglia, de La Plata, considera que el contexto en el que creció esta generación ayuda a explicar el fenómeno. Según explicó a EL DIA, los jóvenes actuales no tuvieron una experiencia sencilla con la sexualidad. Crecieron en un escenario atravesado por la hiperexposición de contenidos sexuales en internet y por una pandemia que instaló el miedo al contacto físico. La Generación Z parece vivir cierta apatía hacia la sexualidad o hacia las relaciones sexuales casuales, señaló Moviglia. Han sido marcados por la cautela. En un mundo donde la sexualidad está extremadamente expuesta y es de acceso inmediato, muchos terminaron socializando más a través de internet que cara a cara, agregó. El especialista subrayó que la pandemia de COVID-19 también dejó una huella significativa. Durante meses, el contacto corporal fue presentado como un riesgo sanitario. Fue una época en la que un intercambio intenso de fluidos corporales se consideraba peligroso y estaba fuera de la agenda de la mayoría de las personas, explicó. Para muchos jóvenes, ese periodo coincidió con etapas clave de su desarrollo afectivo y sexual. Otros especialistas coincidieron en que la mediación constante de la tecnología transformó profundamente las relaciones sociales. En la última década, el tiempo que los adolescentes dedican a encontrarse cara a cara con amigos se redujo de manera considerable. Las interacciones digitales redes sociales, chats o aplicaciones de citas se volvieron el principal espacio de socialización. Los jóvenes actuales no tuvieron una experiencia sencilla con la sexualidad Esto repercute directamente en la forma en que los jóvenes construyen intimidad. Los especialistas señalaron que muchos integrantes de la Generación Z perciben sus amistades como más superficiales y sus relaciones románticas como más frágiles. Gran parte de esos vínculos están mediados por el smartphone, lo que dificulta el desarrollo de habilidades sociales vinculadas al contacto directo. En lugar de conexiones profundas, abundan los intercambios breves y fragmentados. Otro factor decisivo es el acceso temprano a la pornografía online. Muchos especialistas describieron a esta generación como pornonativa, ya que creció con acceso ilimitado a contenidos sexuales en internet. Esto tiene efectos directos sobre el imaginario sexual. La exposición temprana a modelos de sexualidad hiperperformativos puede generar ansiedad, inseguridad y expectativas poco realistas sobre el desempeño en la intimidad. Moviglia explicó que, desde el punto de vista neurobiológico, existen dos formas principales de excitación sexual. Por un lado, la excitación dopaminérgica, vinculada a estímulos visuales intensos como los que predominan en el porno. Por otro, la excitación serotoninérgica, asociada a la intimidad emocional y al vínculo afectivo. La soledad digital puede lograr una menor motivación a la hora de establecer vínculos íntimos El problema es que muchos jóvenes no han tenido experiencias suficientes de intimidad real, advirtió el especialista. Esto genera dificultades cuando intentan trasladar esa sexualidad al mundo concreto, añadió. De acuerdo con Moviglia, cada vez es más frecuente encontrar jóvenes que experimentan disfunción eréctil en encuentros reales, a pesar de no tener problemas físicos. La situación se vuelve más compleja cuando se observan otros datos del comportamiento digital. Según estadísticas citadas por el especialista, el 86% de los jóvenes reconoce consumir pornografía antes de dormir, muchas veces acompañada de prácticas masturbatorias. El sexo en pareja proporciona una mejoría del estado de ánimo , incluso los beneficios duraban mucho más cuando había intimidad. lo importante no es solo el sexo en sí, sino también la conexión que sentimos con otra persona Hugo Moviglio, especialista en cirugía, urología y sexología clínica Paradójicamente, la hiperconectividad no se traduce en mayor cercanía emocional. Distintos estudios señalan que cerca del 80% de los jóvenes reporta sentimientos de soledad. Para Moviglia, se trata de una paradoja generacional. Es la generación más conectada de la historia, pero también la que más se siente sola, sentenció el profesional local. El especialista advirtió que esta soledad digital puede derivar en una menor motivación para establecer vínculos íntimos o sexuales. Las aplicaciones de citas tampoco parecen resolver el problema. En muchos casos, los encuentros organizados a través de estas plataformas priorizan la inmediatez sexual por encima de la construcción de una conexión emocional. Frente a esa dinámica, algunos jóvenes optan directamente por abstenerse. Dentro de este contexto surge un fenómeno cada vez más visible: el celibato voluntario entre jóvenes. En particular, algunas mujeres adoptan movimientos como el llamado boysober, que promueve tomarse un descanso de las relaciones con varones después de experiencias negativas en citas o vínculos. Los especialistas señalan que esta decisión suele estar vinculada a encuentros sexuales poco satisfactorios, a dinámicas de presión o a la percepción de ser utilizadas únicamente con fines sexuales. Por eso, el descenso en la frecuencia de relaciones sexuales también puede interpretarse como una forma de mayor autonomía. La responsable de investigación de usuario de Lovehoney Group sostuvo que la Generación Z podría estar redefiniendo qué significa tener una vida sexual saludable. Para muchos jóvenes, el sexo puede ser menos frecuente, pero no necesariamente menos importante. Freepik El contexto económico también juega su papel. Muchos integrantes de la Generación Z enfrentan dificultades para independizarse, sostener proyectos a largo plazo o imaginar un futuro estable. La precariedad laboral y la presión económica generan estrés y afectan el deseo sexual. A esto se suman problemas de sueño, ansiedad y presión por estándares estéticos poco realistas, especialmente entre mujeres. Todo ello impacta en la manera en que los jóvenes se vinculan con su propio cuerpo y con el de los demás. Más allá de las transformaciones culturales, los especialistas recuerdan que la actividad sexual regular tiene efectos positivos para la salud. Moviglia destacó que el sexo en pareja puede mejorar el estado de ánimo y fortalecer el vínculo emocional. El sexo tiene beneficios varios: desde aliviar el estrés a construir un mejor autoestima La intimidad física tiene efectos muy positivos sobre el bienestar, explicó. La actividad sexual regular funciona como un factor protector frente a la ansiedad y algunos trastornos del estado de ánimo, sumó. Además, el sexo puede ser una vía eficaz para aliviar el estrés, mejorar la autoestima y fortalecer el sentido de conexión con otra persona. Cuando el contacto íntimo desaparece por completo, se pierde una forma importante de fortalecer la salud mental. Sin embargo, el especialista también introduce una aclaración importante. No es necesario tener relaciones sexuales para ser feliz, afirmó. Pero si una persona decide no tenerlas, es fundamental encontrar otras formas de satisfacer la necesidad humana de contacto y conexión. Para muchos especialistas, lo que está ocurriendo no es el fin de la sexualidad juvenil, sino una redefinición de sus reglas. La Generación Z parece rechazar algunos mandatos heredados: la presión por tener sexo, los encuentros impulsados por el alcohol o las relaciones sostenidas únicamente por validación social. En su lugar, emergen vínculos más selectivos, límites más claros y una mayor conciencia sobre el consentimiento y el bienestar emocional. El desafío será encontrar un equilibrio entre el mundo digital y la experiencia corporal. Porque, como recuerdan los especialistas, la sexualidad humana sigue siendo en esencia una experiencia cara a cara, donde el deseo, la mirada y el contacto físico construyen un lenguaje que ninguna pantalla puede reemplazar. freepik ESTA NOTA ES EXCLUSIVA PARA SUSCRIPTORES HA ALCANZADO EL LIMITE DE NOTAS GRATUITAS por favor, suscríbase a uno de nuestros planes digitales ¿Ya tiene suscripción? 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