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  • De Caseros a Sudamérica en bicicleta

    Concepcion del Uruguay » La Calle

    Fecha: 15/03/2026 07:09

    Franco Gabriel Devolder dejó su trabajo, cerró su metalúrgica y salió a recorrer el continente pedaleando. Por: Matías Dalmazzo La redacción de La Calle entrevistó en los últimos días a Franco Gabriel Devolder, un joven de 23 años oriundo de Caseros, en el departamento Uruguay, que desde el 3 de octubre recorre Sudamérica en bicicleta. El contacto se concretó a través de redes sociales y, tras aceptar la propuesta, el viajero entrerriano brindó una entrevista telefónica en la que relató detalles de la travesía que actualmente lo encuentra en Brasil, luego de más de 2.500 kilómetros recorridos. Con audacia, valentía y una energía que transmite en cada palabra, Devolder compartió su historia, el origen del viaje y cómo es la vida cotidiana pedaleando por las rutas del continente. Para quienes no te conocen, contanos: ¿cuántos años tenés, de dónde sos y qué estás haciendo recorriendo Sudamérica? ¿Desde dónde saliste, cuándo comenzaste el viaje, dónde estás ahora y hasta dónde querés llegar? Soy de Caseros, provincia de Entre Ríos. Antes de empezar tenía una metalúrgica en mi pueblo. Por distintas cuestiones se me cruzó la idea de que era nuevo, joven y estaba creando una vida más similar a la de una persona de 30 que la de uno de 23 (risas). Como la mayoría de las personas, siempre tuve ganas de viajar, conocer otros países y otras culturas. Así que gracias a las redes empecé a conocer esto de viajar en bicicleta, de mochilero y demás hasta que un día decidí cumplir con los compromisos que tenía en el trabajo y cerrar. Obviamente estaba lleno de miedo, pero sabiendo que estaba por tener la mejor experiencia de mi vida. Salí el 3 de octubre desde Caseros con la meta de llegar a Colombia, y en el mismo día ya llegué a Uruguay. Conocí todo el litoral uruguayo y pasé por Chuy a Brasil, donde me encuentro ahora. Ya llevo más de 2.500 km y 7 meses de viaje hasta donde estoy hoy, casi por pasar al estado de Paraná. ¿Cómo es tu día a día durante el viaje y de qué manera te financiás para poder seguir avanzando? ¿Con qué presupuesto arrancaste y cómo fuiste sosteniendo el recorrido? El día a día normal es avanzar en kilómetros. Arranco el día desayunando y hago un promedio entre 40 y 100 km por día, dependiendo del clima y demás. Al mediodía paro a comer y alrededor de las 4 o 5 de la tarde intento tener una idea de dónde voy a pasar la noche o dónde acampar. Salí con $300.000 pesos, que no me duraron ni un mes. Así que siempre fui trabajando de cualquier cosa que salga por día: pinté casas, vendí artesanías, hice trabajos de soldadura, trabajé en restaurantes ¡cualquier trabajo estaba bien! Hoy en día, gracias a las redes sociales, la gente aporta y acompaña muchísimo. Implementé las rifas, así las personas también tienen la posibilidad de recibir algo de lo mucho que me ayudaron a mí a lo largo del viaje, y gracias a eso me permite cubrir gastos básicos (cosas de higiene, repuestos para la bici o alguna cosa que esté precisando de urgencia). Con la comida, viendo a otros viajeros, aprendí a manguear, que es esperar a que los restaurantes estén por cerrar y contar que estás viajando, y si pueden fortalecer con alguna cosa, y siempre sale. Hay gente increíble en el mundo que le fascina la travesía y te ofrecen hasta de más cuando conocen tu historia y te ven con la bici. Cuando saliste a la ruta seguramente lo hiciste con muchas expectativas e ilusiones. A medida que fueron pasando las primeras experiencias del viaje, ¿te ocurrió alguna situación en la ruta o algún encuentro con personas que te haya marcado especialmente? Gracias a Dios no puedo decir que pasó algo malo. Solo una vez me intentaron robar la bolsa de dormir y otra me estaban revisando la bici, pero bastó con mostrar el machete para que solo sea anécdota (risas). ¿Cómo reaccionó tu familia cuando les contaste que querías emprender este viaje? Con el paso de los meses, ¿fueron entendiendo y apoyando más tu proyecto? Me acompañaron desde el principio. Siempre intenté ser muy responsable con todo lo que hacía, entonces cuando les dije que iba a empezar a viajar, obviamente estaban preocupados porque uno se lanza al mundo, a la calle sin tener mucha idea, pero en ningún momento dieron algún comentario negativo, todo lo contrario. A medida que me lo fui tomando más en serio y fui aprendiendo y mejorando, se pusieron más felices y me acompañaron mucho más. Realmente tengo una familia increíble. ¿Qué cosas extrañás de una vida cómoda, bajo techo y con las comodidades básicas de una casa? Y, por otro lado, ¿qué cosas valorás o agradecés de esta nueva vida que estás llevando adelante? Obviamente extraño mucho a mi familia, mis amigos y cosas básicas que antes no las tenía tan presentes: tomar un baño caliente todos los días, poder cocinarte tranquilo en tu casa, lavar la ropa fácilmente en el lavarropas. Pero al mismo tiempo son las cosas que se agradecen en esta nueva vida, porque antes eran cosas que pasaban desapercibidas y ahora son prioridades en el día a día. De alguna forma puedo decir que mis problemas son simples, que tengo los mejores problemas (risas). ¿Cómo surgió la idea de emprender este viaje y si antes habías realizado alguna experiencia en bicicleta para prepararte para una travesía así? Solo hice un viaje de 300 km desde La Plata, Buenos Aires, hasta Caseros, Entre Ríos, que fue como de prueba. Ahí pude ver qué era lo que necesitaba, qué cosas precisaba para la bici y demás, y también cómo era la sensación. Fue algo nuevo que duró tres días. En tus publicaciones se ve que muchas personas te ayudan de manera desinteresada. En ese contexto, ¿qué tipo de ayudas recibiste que fueron importantes para poder continuar la travesía? Sin dudas, más allá de los lugares, el viaje son las personas. Todo el día uno está intercambiando favores o ayudas desinteresadamente. No terminaría nunca de nombrar a las personas que me acompañan y ayudan durante el viaje, de todas las formas: a veces con dinero, a veces con datos, invitándome a sus casas, compartiendo un almuerzo y muchas veces simplemente mandando un mensaje tirando buena onda, cosas simples que se aprecian muchísimo. En relación con las redes sociales y el contenido que compartís del viaje: ¿Con qué grabás? ¿Cómo editás y organizas el tiempo entre pedalear y preparar el material que subís? ¿Se necesitan muchas herramientas para hacerlo? Realmente creo que construí la rutina de mis sueños. Me dedico a hacer kilómetros, ir grabando las cosas que pasan naturalmente durante el camino y, siempre que paro a almorzar, desayunar o descansar, edito videos. Con el tiempo se me hizo fácil editar y compartir contenido. Sigo aprendiendo constantemente y fue muy gratificante entender que no necesitaba mucho, solo un celular y tener dónde cargarlo. Obviamente apunto a tener mejor equipamiento para poder subir contenido largo a YouTube, ya que solo me estoy dedicando al contenido rápido en plataformas como Instagram, TikTok y Facebook. Pero no se necesita mucho para empezar, creo que es más voluntad e ingenio que otra cosa.

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